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La historia de la humanidad en acrobacias

Cirque du Soleil estrena ‘Totem’, que aborda desde los orígenes anfibios hasta la concepción de las comunidades

Los patinadores Massimiliano Medini y Denise García-Sorta.
Los patinadores Massimiliano Medini y Denise García-Sorta.

La velocidad que alcanzan juntos sobre los patines es tal que sus figuras se desdibujan en el movimiento rotatorio. Sobre un bombo de 1,80 metros de diámetro y dos palmos de alto, Massimiliano Medini y Denise García-Sorta ensayan un número acrobático en el que no hay cabida para el vértigo ni tampoco para el error. “Él nunca falla”, asevera fanfarrona García-Sorta ya sobre suelo firme. Medini confirma satisfecho. Ella, de origen español, y él, italiano, forman el combo latino de Totem, el último espectáculo que el Cirque du Soleil presenta esta noche en Madrid (hasta el 14 de enero en Espacio Puerta del Ángel; entradas desde 28 euros).

Medini y García-Sorta son pareja también fuera del escenario. Ambos han asumido la responsabilidad de escenificar un momento culmen en el relato: la celebración de un matrimonio que simboliza también la unión entre las diferentes culturas del mundo. Porque Totem propone un viaje por la historia de la humanidad, desde los orígenes anfibios hasta la concepción de las comunidades. Todo basado en una idea del reconocido director, escenógrafo, dramaturgo y actor Robert Lepage.

El circo canadiense ha creado una fantasía en torno al hombre, a su evolución y a su relación con sus semejantes, así como con otras especies. Para ello ha realizado un recorrido por algunas tribus indagando en el sentido que estas le proporcionan a la vida. Para desarrollar el espectáculo ha tomado instrumentos originales de pueblos con los cuales los artistas han convivido, como los wendake, en Canadá. “¡Ellos nos adoptaron!”, cuenta García-Sorta, que añade que uno de sus compañeros pertenece a esta estirpe norteamericana. Medini lo explica: “El gran jefe nos dio su bendición para poder usar sus instrumentos; por ejemplo, el tambor sobre el que nos movemos en el espectáculo, de otra manera no podríamos usarlos”. El patinador añade sentir una “enorme responsabilidad” al transmitir, cada noche, ante más de 2.500 personas, el patrimonio de estas comunidades. “Lo que mostramos no es un invento del circo. Desde las máscaras hasta la palabra que se emplea, todo es real”, incide.

García-Sorta y Medini representan a dos indígenas que llegados de diferentes partes del mundo se encuentran. Entre ellos surge el amor y un hermanamiento entre sus respectivas comunidades. La historia que la pareja representa en escena se nutre de su dinámica personal: ambos forman parte de familias circenses y, en un cruce artístico, se conocieron siendo todavía unos niños. Desde entonces han pasado más de 20 años y ha nacido una hija de 11: “Va para contorsionista”, apuntan orgullosos los padres.

Hace ocho años, tras presenciar la maestría con la que se desenvuelven sobre los patines y el calor que emanan en cada pase, el equipo de Cirque du Soleil les requirió para su espectáculo. “El director bromea diciendo que qué mejor que dos latinos para simbolizar la pasión, el ritual de amor”, comenta García-Sorta. El número que efectúan es una “herencia familiar” de Medini: “Mi madre lo hacía con mis tíos; yo empecé con 12 años a hacer patinaje y también este número; era pequeño así que hacía la parte de vuelo, la que hace ahora Denise”.

Tras casi dos décadas perfeccionando el pase, han logrado una armonía de movimientos que pasma por la aparente sencillez con la que la ejecutan. La española considera que ser pareja sentimental les ayuda a transmitir mejor su mensaje y a confiar más en el otro. “Es un acto de amor, llevamos 23 años juntos, somos amigos desde pequeños, y a veces regañamos, pero apenas nos dura un rato. No podemos estar de mal humor cuando actuamos”. Medini cuenta que antes de salir a escena llevan a cabo un pequeño rito para conectar sus afectos y centrarse en lo que a continuación va a suceder. No desvela su ritual.

A pesar de la complejidad que entraña su número, ambos restan alcance a la gesta acrobática: “Lo importante no es si hacemos un triple o si damos más o menos vueltas; lo que importa es lo que dejamos en el corazón de las personas, un sentimiento que perdura más allá del espectáculo”.

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