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¿Está vacío el osario republicano?

El espacio del cementerio de La Almudena está dejado, rodeado de maleza y basura y con un enorme socavón

Puerta de entrada al osario republicano en La Almudena.
Puerta de entrada al osario republicano en La Almudena.

De Nemesio Álvarez Saborido, un gallego que en 1936 dejó su pueblo de Ourense para irse a Madrid, su familia no supo más hasta 2013. Las huellas de este joven desaparecieron después de que falleciera con 17 años combatiendo en el batallón republicano Uníos Hermanos Proletarios durante la Guerra Civil. Aunque murió el mismo año en el que dejó Ramirás, su pequeño municipio ourensano, pasaron casi siete décadas hasta que Marcelo Álvarez, su sobrino, escuchó a su padre, enfermo de alzhéimer, hablar de su hermano en una de las crisis que precedieron a su muerte en 2004.

Marcelo Álvarez, veterinario de Ourense de 52 años, comenzó entonces a investigar qué le había sucedido a Nemesio. A partir de 2004 envió correos, hizo llamadas y preguntó en decenas de organismos oficiales por la suerte de su tío, pero hasta que en 2013 hizo un viaje a Salamanca y pisó el Archivo General de la Guerra Civil no supo que este había fallecido defendiendo Madrid de las tropas fascistas sublevadas. "Por teléfono me decían que no tenían ningún tipo de información, pero estaba allí. Después, con la ayuda de combatientes.es encontré la fecha de su muerte en un diario de la época", explica Álvarez, que gracias a la colaboración de la Asociación Cementerios se enteró más tarde de que su tío había sido enterrado en el cementerio civil de La Almudena de Madrid.

Nemesio Álvarez descansó 10 años en una fosa común con otros ocho cuerpos hasta que trasladaron su cadáver al osario republicano del camposanto civil de La Almudena. A esta tumba colectiva, en la que descansan personajes como el anarquista Mateo Morral, autor del atentado en 1906 contra el rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia el día de su boda, o Juana Posse, madre del socialista Pablo Iglesias, se acercó Marcelo Álvarez a despedir a su tío. Pero el osario, que es el último paso de los cadáveres hasta su incineración y que está ubicado en al calle de Nicolás Salmerón, está en un estado nefasto: con el muro caído, lleno de maleza y basura, con neumáticos, latas y un enorme socavón.

"Pregunté por qué el osario estaba así y el Ayuntamiento me contestó primero que los cadáveres habían sido exhumados y llevados a la incineradora de Carabanchel en 2001 tras la rotura de una tubería", explica Marcelo. Esta versión de lo sucedido, que salió publicada en Interviú el pasado enero en boca del director de Cementerios de Madrid, Manuel Torres Iribarne, la ha negado Luis Cueto, coordinador general de la Alcaldía de Madrid, en una carta a la que ha tenido acceso este diario destinada a Marcelo Álvarez. En la misiva se indica que el osario del cementerio civil de La Almudena "fue vaciado totalmente entre los 80 y 90", y que en los años 2000 y 2001, coincidiendo con la rotura de las tuberías, se exhumó otro osario, el de la zona católica de La Almudena.

EL PAÍS ha intentado encontrar algún archivo oficial en el que quedara registrada la exhumación de los cuerpos, pero varias fuentes municipales han negado la existencia de este documento. Tampoco los enterradores de la empresa encargada de la gestión de los cementerios recuerdan el traslado de toneladas de huesos -aunque no hay una cifra oficial de cuántos cuerpos fueron a parar al osario, las estimaciones de organizaciones como Asociación Cementerios hablan de millares- a la planta incineradora de Carabanchel. "Un cuerpo humano tarda dos horas en incinerarse, y con los miles de cuerpos que tuvieron que sacar del osario es muy raro que nadie recuerde nada. Serían camiones y camiones llevando millones de huesos", reflexiona Marcelo.

El estado del osario, como el de los 12 cementerios madrileños, empeoró a partir de 1992, cuando el entonces alcalde, José María Álvarez del Manzano (PP), vendió el 49% de las acciones de la funeraria municipal por solo 100 pesetas a Funespaña. Cuando el pasado septiembre terminó la concesión a esta empresa mixta, el Ayuntamiento recuperó a titularidad pública de la compañía, pero el Consistorio ha tenido que elaborar un plan de inversiones por valor de 34 millones de euros en base a varios informes independientes que alertaban de la falta de mantenimiento en los camposantos durante los 24 años de privatización.

Durante esa época se realizaron las supuestas exhumaciones del osario republicano, pero Marcelo Álvarez no se fía: " Solo quiero saber si sacaron los huesos del osario o no, si están ahí los restos de mi tío. No quiero exhumaciones ni nada, pero que me digan de manera fehaciente qué ocurrió en La Almudena". De momento, ha escrito a todos los grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de la capital y a la abogada Francisca Sauquillo, que lidera el Comisionado de la Memoria Histórica, pero el misterio del osario republicano de La Almudena sigue sin resolverse.

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