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TRIBUNA

¡Es el sexismo, estúpido!

La portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid reflexiona sobre la desigualdad de género y cómo esta coarta las opciones vitales de más de la mitad de la población

Día Internacional de la Mujer 2017 Ampliar foto
Manifestación por el 8 de marzo a su paso por la Gran Vía de Madrid.

Este verano los medios de comunicación están recogiendo algunos debates que afectan a la vida de las mujeres. Me refiero a cuestiones que forman parte de nuestro estatuto en la sociedad, a la desigualdad que impone el género y el patriarcado. Pero este verano no es una excepción. Las fiestas que se celebran en barrios y pueblos a menudo acaban convirtiéndose en un riesgo para nosotras. Lo fueron siempre porque la diversión —en el patriarcado— siempre fue un derecho de los hombres. Aquel “sábado sabadete” tenía un final que no formaba parte ni del consentimiento ni de la libertad de las mujeres.

Hace tiempo que las mujeres reivindicamos nuestro derecho a disfrutar y a conquistar la calle y la ciudad como espacios propios. Lo hicimos y lo seguimos haciendo porque algunos ni han aceptado nuestra libertad ni están dispuestos a asumirla. Para el patriarcado, nuestro cuerpo es un espacio disponible —que se hace patente en el debate sobre la prostitución o los vientres de alquiler— más todavía en los días de fiesta en los que algunos salen “dispuestos a todo”.

También hemos asistido a nuevos asesinatos de mujeres, esa violencia que nunca toma vacaciones, y a un debate protagonizado por una mujer maltratada que lucha por el derecho a una vida sin violencia para ella y sus hijos. Juana Rivas ha decidido convertirse en prófuga ante una realidad injusta y cruel. Muchas personas pensamos que su decisión podría llevarla a la cárcel y a sus hijos a vivir con su padre, ya condenado por maltrato. Hay quienes dicen que no debería haber huido y que ha cometido serios errores. Sinceramente, no creo que tengamos derecho a cuestionar las decisiones que toma una mujer asustada y desesperada, como tantas otras temerosas y desconfiadas de un sistema judicial que a veces les ha dado la espalda. No dudo de que Juana debería acatar las decisiones judiciales, pero también creo que los jueces y juezas deben reflexionar sobre cómo están tratando la violencia de género y asumir que cometen errores, a veces con consecuencias terribles. En vez de juzgarla, valoremos la valentía de Juana y busquemos una salida.

Mientras estas noticias ocupan los medios y las redes sociales, los datos del paro de julio han confirmado que la evolución del empleo es desastrosa para las mujeres en Madrid y en toda España. La brecha de género en salarios y en calidad del empleo se refleja en los datos de desempleo, en los que las mujeres registran en Madrid una diferencia de 12 puntos con respecto a los hombres. El empleo femenino no se recupera pero ni la Comunidad ni el Ayuntamiento están reaccionando convenientemente a otra injusticia que hipoteca la vida de las mujeres y que lastra las posibilidades de recuperación económica y social, imposible sin igualdad.

La realidad nos trae una nueva versión de una frase muchas veces utilizada: “¡Es el sexismo, estúpido!”, porque es la desigualdad de género la que impide a las jóvenes disfrutar con libertad, la que condena a mujeres y menores a convivir con la violencia, la que destruye vidas y familias enteras, la que elimina las opciones vitales de más de la mitad de la población. Sí, es la desigualdad la que obstaculiza el desarrollo económico y social de nuestro país y de los países de nuestro entorno.