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“En verano la gente se desfasa y eso afecta a la salud”

El doctor Jorge Luís Sánchez es médico del equipo de atención primaria de Roses, un municipio que quintuplica su población en verano

El doctor Sánchez en una consulta del CAP de Roses
El doctor Sánchez en una consulta del CAP de Roses

La sala de espera del centro de atención primaria (CAP) de Roses (Alt Empordà) huele a crema solar. Al cobijo del aire acondicionado del lugar se aglutinan una veintena de pacientes con pintas de playa. Una familia francesa sale de la consulta: el padre, collarín al cuello, se agarra al brazo de su mujer, que lidia por componer el bolso de playa en el otro hombro; sobre la camiseta de su hija, asoma el bañador. Es mediodía y el sol aprieta en este municipio de 20.000 habitantes que en verano llega a quintuplicar la población.

Cuando la cola en el mostrador parece que amaina, las puertas correderas de la entrada del CAP abren paso a un joven que corre en dirección a las celadoras. “Necesitamos que venga alguien a la esquina. Un señor se ha caído encima de una botella y tiene la cara llena de sangre”, avisa. Apenas 40 segundos después, el director del CAP, Manel Espinet, coge al vuelo su maletín y sale corriendo con una enfermera. La enfermedad no da tregua, tampoco en vacaciones, y en un municipio turístico como este, donde la población se multiplica en julio y agosto, los servicios sanitarios necesitan refuerzos para atender el incremento de demanda. Este año, el Departamento de Salud ya ha desplegado un contingente de 464 profesionales adicionales para reforzar las zonas costeras.

Pasada la una de la tarde, el doctor Jorge Luís Sánchez llega de su consulta en Empuriabrava, otro de los consultorios que gestiona el equpo de atención primaria de Roses. Hace años que Jorge, de origen argentino, no se va de vacaciones en verano. “Nosotros descansamos cuando los demás vuelven de vacaciones. Ahora no podemos. Hay que trabajar”, asume con sonriente resignación.

Jorge empezó la carrera de medicina tarde, a los 25 años, porque antes de ser médico fue piloto de aviones militares. Precisamente, un problema de salud que le afectaba al equilibrio lo bajó a tierra y lo llevó a dedicarse a su otra pasión: la medicina. Estudió en Argentina y trabajó un tiempo en Brasil hasta que, hace ocho años, una oferta del Instituto Catalán de la Salud (ICS), la empresa pública que gestiona el 80% de la atención primaria catalana, lo invitó a cruzar el Atlántico. Aterrizó en Roses como uno de esos médicos de refuerzo que se contratan durante los tres meses de verano para descongestionar las consultas de turistas. “De ocho a ocho hay atención para todos los pacientes desplazados, que son atendidos por el médico de refuerzo. Aquí hay tres consultas aparte solo para desplazados y van a tope”, explica.

“De mayor volvería a volar aviones”

¿A dónde se iría de vacaciones? A Bora Bora, por ejemplo. Un lugar donde haya playa.

¿Qué quiere ser de mayor? Volvería a volar aviones

¿A qué huele el verano? A trabajo.

¿Eres más de tinto de verano o gin tonic? Tinto de verano, pero sin alcohol.

El facultativo ya no es médico de refuerzo. Hace unos años que tiene su plaza propia y su cupo de pacientes habitual, aunque en verano todos los profesionales acaban atendiendo turistas. Tiene asumido, con la justa envidia sana, que el verano huele más a fonendos que a vacaciones. Su consulta, de unos 25 o 30 pacientes diarios durante el año, se duplica en julio y agosto. Las patologías cambian y el perfil de pacientes no es el mismo. “La diferencia del verano es el volumen de trabajo y las enfermedades. Los médicos de refuerzo, en una mañana, pueden ver entre 40 y 45 pacientes, como nosotros, pero con una carga doble porque puede llegarle un infartado o un ahogado”, señala.

Las consultas más comunes son por traumatismos (caídas, torceduras, cortes…) e infecciones (sobre todo, otitis), aunque el calor también pasa factura a la salud y el comportamiento de la gente cuando está de vacaciones, tampoco ayuda. “La gente viene aquí y no se controla nada. De vacaciones, cambia su comportamiento. Aquí adquieren conductas agresivas, beben de más, comen más… En verano la gente desfasa y eso afecta a la salud”, apunta el médico.

Jorge tiene una paciente holandesa que solo enferma en el mes de julio, cuando está de vacaciones. “Tiene una cardiopatía pero en su país no ha tenido ningún problema. Aquí es la tercera vez que le detectamos un edema de pulmón. Ahora llega y ya me dice lo que le pasa, que tiene agua en los pulmones y que la tendrá que pasar por el hospital. Ya lo asume como parte de sus vacaciones”, explica.

El médico asegura que la consulta de verano es más conflictiva, pues aumenta el número de visitas por consumo de alcohol y drogas. Debajo de la mesa de la consulta, Jorge y sus compañeros disponen de un botón para solicitar refuerzo directamente a los Mossos d’Esquadra cuando algún paciente se comporta de forma violenta. “He tenido que apretarlo alguna vez. Los pacientes ebrios son muy exigentes y demandantes y puede haber alguna agresión. La mayoría del turismo es responsable pero hay una parte que viene y piensa que aquí puede hacer lo que quiere porque total se irá y seguramente no te verá más en la vida”, lamenta.

Jorge ya está curado en salud con este tipo de pacientes y se ha acostumbrado a trabajar en verano. Lo asume de forma natural, como un “servicio público” que hay que hacer. “Para que yo esté de vacaciones, también pienso que hay alguien que tiene que estar pringando. El único médico que se divierte debe ser el médico que va en el crucero”, bromea.