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Ermonela Jaho conmociona Peralada

El público aplaude el montaje de Madama Butterfly firmado por Joan Anton Rechi

Escena de la ópera Madama Butterfly.
Escena de la ópera Madama Butterfly. Festival de Peralada

Puccini trae buena suerte al festival Castell de Peralada, que este verano, tras la Turandot del año pasado, se apunta un rotundo éxito con Madama Butterfly. La inmensa Cio-Cio San de la soprano albanesa Ermonela Jaho, de una fuerza teatral sobrecogedora y delicados pianísimos, conmocionó al público al frente de un buen reparto en una velada de calor agobiante y alta intensidad lírica bajo la irregular dirección musical del israelí Dan Ettinger. En el nuevo montaje, el director de escena andorrano Joan Anton Rechi potencia la carga dramática de esta tragedia japonesa situando la acción en una Nagasaki destruida por la bomba atómica.

Vuelve la más sentimental heroína pucciniana a Peralada tras 13 años de ausencia -en 2004 Cristina Gallardo-Domâs fue la estrella de un montaje de Lindsay Kemp-, en una nueva producción, con escenografía de Alfons Flores y vestuario de Mercè Paloma, coproducida por el festival ampurdanés y la Deutsche Oper Am Rhein; tras su estreno el pasado 4 de febrero en Duisburgo, podrá verse en noviembre en Dusseldorf. Peralada acoge mañana la segunda y última función en su auditorio.

El drama pucciniano funciona con certero pulso teatral, realismo y convincente definición de los personajes en la propuesta de Rechi, que traslada la acción al período más terrible de la ciudad de Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial: en las ruinas del consulado americano, en una atmósfera de dolor y destrucción, Butterfly espera el regreso del despreciable teniente de la marina Pinkerton en una especie de tienda de campaña hecha con una gran bandera de los Estados Unidos.

El poético universo de la destrucción convierte la tragedia personal de la geisha en una tragedia colectiva, con imágenes turbadoras que remiten a los territorios hoy en día devastados por las guerras; dispara así la carga dramática de una historia ya de por sí trágica que tiene en la sensiblería su principal enemigo. En su exitoso debút en Peralada, Ermonela Jaho evita la sobrecarga sentimental dando vida a una Cio-Cio San frágil, pero cargada de pasión y fuerza interior: su voz, con pianísimos de gran efecto que prodiga quizá en demasía, no anda sobrada de volumen, pero como actriz y cantante recrea el personaje con veracidad y desgarradora entrega.

El tenor estadounidense Bryan Hymel brindó un Pinkerton vil y arrogante, servido con agudos firmes y generosos, mientras que el barítono malagueño Carlos Álvarez, la voz más fiel a Peralada, triunfó con un Sharples de gran presencia, humanidad y nobleza expresiva. Fue a más, la mezzosoprano catalana Gemma Coma-Alabert, pefilando una Suzuki de conmovedor lirismo y fuerza expresiva. El histriónico y bien cantado Goro del tenor catalán Vicenç Esteve y el musical príncipe Yamadori del joven barítono catalán Carles Pachón destacaron en el solvente reparto.

El Coro del Gran Teatre del Liceu cumplió en sus intervenciones y la Sinfónica de Bilbao no pasó de discreta en una partitura de suntuosos climas y colores orquestales a los que tampoco hizo justicia Ettinger con una dirección poco sutil y llena de altibajos.