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El camping de lujo pide paso

Con importantes inversiones y un crecimiento constante, la acampada y el ‘bungalow’ dejan de ser una alternativa barata al hotel y se afianzan como apuesta turística

Cámping Las Palmeras, en Tarragona.
Cámping Las Palmeras, en Tarragona.

El sector del alojamiento turístico tiene un viejo actor que quiere reivindicarse: el camping. Los terrenos de acampada y los bungalow ya no son solo la alternativa barata a los hoteles, sino que se posicionan como una apuesta turística con valor propio. El auge de esta actividad turística se explica con el aumento de visitantes año tras año, con 15,8 millones de pernoctaciones en campings catalanes en 2016, un 4% más que el año anterior según los datos del Idescat. Además, las buenas previsiones para este verano y el incremento de las inversiones para mejorar las instalaciones, especialmente las de los bungalow, indican que el camping es una opción que todavía tiene mucho camino por recorrer.

En Cataluña hay 348 terrenos de acampada que pueden ofrecer alojamiento a 268.842 personas. “Todavía hay muchos campings tradicionales, divididos por parcelas y con un simple punto de luz y agua para cada familia, pero para seducir a los turistas tenemos que dar un paso más y convertirnos en ciudades de vacaciones”, afirma Miquel Gotanegra, presidente de la Federación Catalana de Campings y Ciudades de Vacaciones. Con esta pretensión de ir más allá de la acampada tradicional nació el concepto del glamping, un juego de palabras que une glamour y camping.

Esta fue una de las grandes apuestas del pasado salón de turismo B-Travel, celebrado en Fira de Barcelona, en el que participó como asesor Agustí Valls, editor de una revista especializada en el sector. “El glamping tiene como objetivo dar a conocer a la gente que no es campista la oferta actual de los terrenos, que han evolucionado hacia el resort”, explica Valls. Los alojamientos no consisten solo en una tienda de campaña, sino que ya abundan las pequeñas casas de madera u otro tipo de apartamentos, como cabañas colgadas de los árboles o caravanas antiguas reconvertidas en pequeños pisos.

Esta fue precisamente una de las apuestas de Laura Mas cuando, hace siete años, se hizo cargo del camping Miramar, en Montroig del Camp (Tarragona). “El terreno vivía de los clientes fijos, pero no teníamos sitio para alojar a nuevos huéspedes, así que decidimos reconvertir las caravanas abandonadas en apartamentos”, explica. En la actualidad el Miramar cuenta con 27 caravanas que, junto con las pequeñas casas de madera, buscan satisfacer a su principal cliente: las familias de padres jóvenes con hijos pequeños.“Además de la naturaleza, el principal punto fuerte de los campings tiene que ser contar con unas instalaciones innovadoras y seguras para las familias, el cliente más abundante y el más fiel”.

“Cuando vamos de vacaciones, lo que queremos es estar tan bien como en casa, o mejor”, indica Gotanegra, que explica que esta nueva manera de pensar esta actividad turística consiste en convertirla en un destino turístico en sí mismo: incluir instalaciones deportivas, parques acuáticos, escuelas de vela o hasta auditorios para celebrar reuniones. “Es muy importante que seamos creativos: actualmente, entre un 10 y un 15% del personal pertenece al ámbito del ocio y la animación”, detalla.

Inversión constante

Los propietarios buscan atraer al cliente local

Cataluña cuenta con una oferta de terrenos de acampada muy amplia y de mucha calidad. Sin embargo, solo el 6% de los campistas son catalanes. “Nuestro objetivo es seducir al cliente local para que vea que el camping es mucho más que plantar una tienda”, asegura Miquel Gotanegra, presidente de la Federación Catalana de Campings.
La mayor parte de campistas vienen de Holanda, Alemania y Francia, países en los que esta actividad está muy extendida. Gracias a este turismo el sector se muestra muy optimista en la previsión para el verano, que espera superar al anterior: ocupación del 100% de los bungalow y de cerca del 90% de los terrenos para acampar.

El presidente de la federación también es el presidente de la Asociación de Campings de Girona, la provincia que, junto con la de Tarragona, lidera el sector tanto en innovación como en ocupación. De las 15,8 millones de pernoctaciones que hubo en 2016, en la Costa Brava hubo 7 millones y en la Costa Dorada 4,8 millones.

“Estamos en la Champions de los campings europeos, recibimos galardones cada año, pero para competir con los otros países debemos hacer inversiones”, asegura Gotanegra. En 2017, los campings gerundenses ya han invertido un 47% más que en 2016, con 25 millones de euros que han servido para mejorar las instalaciones, los apartamentos y tiendas o hacer los establecimientos eficientes energéticamente. La inversión en los últimos cuatro años ha sido de 70,5 millones de euros, en un sector que, solo en Girona, crea cada verano 6.500 empleos.

Aunque en el sector todos se dan cuenta de la evolución y de la necesidad de invertir, hay establecimientos más avanzados en la transición hacia las ciudades de vacaciones, y los hay que tienen algunos impedimentos. Es el caso del camping Pola, un terreno de los años 60 situado en una cala entre Tossa de Mar y Sant Feliu de Guíxols que, al estar en una zona verde, no puede acometer todas las renovaciones que serían necesarias para el negocio. Por otro lado, tiene la ventaja de estar en un paraje natural del que la actual propietaria, Bárbara Giovanoli, está muy orgullosa. Giovanoli, de nacionalidad suiza, se hizo cargo del campingen 1993 y tiene muy claros los objetivos del camping del futuro: “Hemos evolucionado mucho, hasta el punto de que la calidad en algunos casos es superior a la de algunos hoteles”, afirma. “De ser un espacio para caravanas, se ha llegado en algunos campings a ofertar un 50 o un 60% de las plazas en módulos o bungalow: el resultado es que le das al cliente una pequeña casita que no tiene nada que envidiar a un apartamento”.