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Zanón quiere expandir BCNegra por la ciudad

El escritor, que desea un festival “popular y próximo”, sustituye a Paco Camarasa

Carlos Zanón, el pasado enero en Barcelona.
Carlos Zanón, el pasado enero en Barcelona.

A Carlos Zanón le van los retos: lo demuestra en cada una de sus novelas, especialmente en Yo fui Johnny Thunders, tan renovadora como sólida propuesta del género negro en castellano; lo ratificó hace apenas cinco meses cuando decidió que aceptaba continuar con los casos del mítico detective Pepe Carvalho que engendró Manuel Vázquez Montalbán; y ayer triplicó la apuesta al comprometerse a ser el nuevo comisario de BCNegra, el festival de novela policiaca de Barcelona, en sustitución del librero Paco Camarasa, quien, tras una docena de años y presionado por problemas de salud, anunció en la última edición del pasado enero su jubilación.

“Me gusta valorar y criticar, si es el caso, pero también existe el deber de hacer cosas, de mojarse o, al menos, de intentarlas”, asegura el escritor de Marley estaba muerto, en plena sintonía con la actitud moral y vital de sus personajes. Consciente de que “no hay que salvar nada porque el festival está muy bien arraigado entre la ciudadanía”, Zanón (Barcelona, 1966) no quiere avanzar sus planes para la que será la 13ª edición del festival que empieza perfilar porque “aún trabajamos en ello, es prematuro y no hay nada cerrado”, pero se desprende que la filosofía de su BCNegra pasa por extender su influjo más capilarmente por toda la ciudad, encontrando para ello escenarios nuevos, en una tendencia que se había apuntado tenuemente en las últimas convocatorias.

No crecer demasiado

“Me gustaría trabajar con librerías, editoriales y bibliotecas para rentabilizar más la estancia de cinco días de muchos autores y llevarlos así a clubs de lectura o a iniciativas de la ciudad que ya estén funcionando normalmente con el género; o haciéndoles también partícipes en tertulias tras representaciones teatrales o en cinefórums… No estoy inventando nada, en festivales como el de Valencia esas cosas ya se hacen”, ilustra.

Esa expansión no debería leerse, según el flamante comisario, como un salto cuantitativo de un evento que ya ha sobrepasado los 10.000 asistentes en ediciones anteriores. “No nos hemos de volver locos por crecer; ya se sabe que eso no siempre es bueno, como está demostrando la misma ciudad de Barcelona en otros ámbitos”, dice Zanón en tácita referencia al tema del turismo; “se puede ser importante sin molestar, no es necesario ser una máquina devoradora, hay que mantener la calidad pero sin obsesionarse; lo difícil, el reto de verdad, es hacer una BCNegra popular y próxima, conseguir un ambiente cálido y familiar como los que más a menudo logran ciudades más pequeñas”.

En esa línea, admite que el Festival de Novela Negra de Lyon, en Francia, uno de los más potentes hoy del género tanto en ese país como en Europa, es “una combinación de un peso alto de la industria y de lectores que no es exactamente nuestro modelo”. E insiste en el objetivo de lo popular, que se ha de traducir en la programación pero, en especial, en los autores: “Se trata de traer escritores consolidados, como en otras ediciones” (por BCNegra han desfilado con los años plumas señeras como Henning Mankell, Roberto Saviano, Andrea Camilleri y, en esta última convocatoria, Dennis Lehane), “pero también eso no nos ha de hipotecar para hacer apuestas por gente poco conocida pero de calidad y que no se desvíen del género; habrá que buscar el equilibrio”, asegura, haciendo valer aquí su condición de autor y, por ello, conocedor del gremio.

El trabajo, en cualquier caso, parece acumulársele a Zanón: tiene entre manos la obra en la que ha de resucitar a Carvalho, que debería entregar para que Planeta pueda publicarla “a lo largo de 2018: voy bien, pero el libro mismo marcará los plazos”, dice, descartando veladamente que pueda presentarse en el marco de la próxima edición de la BCNegra a finales de enero. Asimismo, está dando los últimos retoques a su nueva novela, que ya entregó a la editorial Salamandra, y que aparecerá en octubre; y ahora le queda trabajar la programación del festival. Por todo ello, no descarta que pueda contar con un subcomisario que le ayude. “BCNegra es un trabajo de equipo: ni es una cosa personalista ni pienso ahogarme con ello”, fija. Zanón se ve con fuerzas: “He dejado ya las labores que hacía como abogado, duermo poco y estoy acostumbrado a trabajar bajo presión, con picos salvajes de faena”, resume. Le van los retos.

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