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Érase una vez una escuela en valenciano

El primer centro que rompía con el modelo de educación franquista abrió en Valencia hace casi medio siglo

Una de las clases del colegio La Gavina.
Una de las clases del colegio La Gavina.

"Cómo se os ocurre ponerle al centro el nombre de un viento tan poco benigno como la Tramuntana”. Carme Mira todavía recuerda algunos de los comentarios a propósito del nombre que habían elegido para su proyecto pedagógico, la primera escuela en valenciano que acogía una veintena de niños y niñas en septiembre de 1968 en un chalet del Vedat del Torrent. Junto con otros enseñantes, Enric Alcorissa y Adela Costa, ponen en marcha un centro educativo que nacía como alternativa a la escuela oficial y franquista. “No contábamos con ninguna tradición entre nosotros, era una experiencia única”.

Formada en la primera promoción de pedagogos que han salido en la recién estrenada Facultad de Pedagogía de Valencia, Mira colabora en la creación de este primer centro pionero y experimental para después marchar a Barcelona. Las enseñanzas del pedagogo francés Célestin Freinet y otros teóricos y la complicidad social convergen en el proyecto.

“En la realización fue fundamental el apoyo de todos aquellos padres que creyeron en el modelo pedagógico y nos confiaron la educación de sus hijos, sin ellos no hubiera sido posible”.“Las cooperativas escolares en valenciano que surgen en esos años, entre finales de los sesenta y primeros años setenta suponen una revolución pedagógica y social”, señala Andrés Payá. Profesor del Departamento de Historia de la Educación de la Universitat de València, es autor, junto con la profesora Maria Carmen Agulló, del estudio Les cooperatives d’ensenyament al País Valencià i la renovació pedagógica (Publicacions de la Universitat de València), que reconstruye un periodo crucial en la historia de la sociedad valenciana contemporánea.

“Por primera vez, un grupo de maestros y maestras se propone impulsar una escuela activa, coeducativa, laica y en valenciano, una escuela de carácter cooperativo y funcionamiento democrático, sin duda todo un revulsivo para la época”.

"Fueron las primeras escuelas activas, coeducativas, laicas y en valenciano"

“Las experiencias pedagógicas que se estaban llevando en otros sitios nos sirvió de estimulo”, señala la maestra y editora Rosa Serrano, impulsora de la Escola La Gavina, uno de los centros pioneros en la escuela valencianista. “El contacto con la Associació de Mestres Rosa Sensat que promovía la pedagoga catalana Marta Mata para mí fue decisivo, animándome a crear una escuela alternativa”. “Con un grupo, Teresa Hermoso, Maria Dolores Aparici, Vicent Calixte Juan, Llorenç Giménez, Empar Sena, estudiamos la posibilidad de crear un centro en forma de cooperativa, que respondiera a los principios esenciales de una escuela laica y mixta”.

El centro nace en otoño de 1975, unos meses antes de la muerte del dictador Francisco Franco. “Su fallecimiento produjo unas inesperadas vacaciones para los niños. Recuerdo que al regresar a la escuela, estábamos comiendo, y vemos a los niños desfilar delante de un cajón saludando con la cabeza. Repetían lo que habían visto esos días en la televisión”.

El espíritu de la Escola Tramuntana

El modelo pionero de la Escola Tramuntana, no sin dificultades —las autoridades franquistas le negaron su reconocimiento como centro privado—, acabó cuajando en otros centros, todavía con la dictadura en pie. En 1973 se crea La Nostra Escola Comarcal, una cooperativa de enseñantes que se instala en la Villa Carmen de Catarroja. “La vinculación con la comarca, con su paisaje, es una de las características de estos centros”, señala Andrés Payá. Un año antes, en Benimàmet, nace como parvulario Les Carolines tomando el nombre del barrio donde se encuentra. El colegio crecerá y pasará por otras ubicaciones hasta su emplazamiento definitivo en Picassent. Heredera de la Escola Tramuntana, La Masia, creada en 1975, reaviva aquel ideario primitivo de construcción de una escuela laica, valencianoparlante, participativa, crítica y democrática.

“Por primera vez se planteaba en pleno franquismo un proyecto de escuela libre y abierta, de renovación pedagógica y con el valenciano como lengua vehicular”, señala el escritor Joan Francesc Mira como hechos significativos. “El nacimiento de esta corriente de renovación pedagógica hay que enmarcarlo en unos años de efervescencia cultural, social y política en la sociedad valenciana, creación de un valencianismo crítico, aparición de los primeros partidos de oposición, primeros estudios de historia, sociología sobre el País Valenciano, nacimiento de la Nova Cançó...”. “Estamos hablando de una revolución pedagógica y social”, apunta Payá. “Se trataba de articular una alternativa al modelo oficial franquista desde el ámbito privado y esto se pudo realizar de la mano del cooperativismo y sus ideales igualitarios y democráticos”.

Entre las figuras en este proceso de renovación pedagógica y creación de la escuela en valenciano se encuentra la escritora y maestra Carme Miquel. Junto con Ferran Zurriaga, Adela Costa, Pilar Calatayud, Roser Santolaria y otros, todos ellos vinculados a la sección pedagógica de Lo Rat Penat, animan este primer movimiento de renovación pedagógica en la posguerra. “Éramos autodidactas, nos fuimos formando, aprendiendo todo aquello que la escuela del nacionalcatolicismo nos había negado”. “Recuerdo el miedo o la cautela que todavía existía en personas mayores como Enric Soler i Godes, que había formado parte del movimiento de renovación de la época de la República, pero nosotros, éramos de una generación que no había conocido la guerra, éramos jóvenes y creíamos en lo que hacíamos, eso nos daba fuerza como grupo”, señala Miquel.

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