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El dron policía

"Cuanto más seguro sea, más libertad habrá para el vuelo y más se podrá extender”, dicen los expertos

Exhibiciones aéreas y conferencias en la feria DroneShow.

La charla del intendente de los Mossos Joaquim Bayarri tiene éxito. A su alrededor hay un zumbido de cosas que vuelan. No es E. T. escapando en una bicicleta hacia la luna, son drones, vehículos aéreos no tripulados, en una feria del sector que se celebra en Barcelona. Bayarri está allí como ponente en una charla de seguridad ciudadana. ¿Usan drones los Mossos d’Esquadra? El intendente de la división de transportes asegura que tienen "cuatro o cinco", dedicados a la captación de imágenes o a la localización de vertidos medioambientales. Es todo bastante experimental, admite.

Pero no podrá seguir siéndolo durante mucho tiempo más. Suya es la metáfora: “Estaríamos ahora en la situación aquella de 1900, que todo el mundo iba en carro y aparecieron los primeros locos con los coches”. La posibilidad de este tipo de objetos es infinita: drones para detección, ya sea por ondas sonoras, por calor, por frecuencia; drones para inspeccionar cuevas y cloacas en el subsuelo; drones para accidentes de tráfico, que hacen que se interrumpa menos la circulación; drones para controlar altercados… E incluso aparatos que acaben sustituyendo a los policías en situaciones de riesgo, como por ejemplo en desactivación de explosivos.

“Los límites los pondrán los industriales, la capacidad tecnológica”, cuenta Bayarri, micrófono en boca, en un speech muy cronometrado, que no puede superar los 20 minutos. Y anima a su audiencia, la mayoría empresarios y algunos policías: “Lo que la imaginación permita, estamos interesados en ello”. En la actualidad, uno de los obstáculos es el tiempo de autonomía. En general, necesitan “altas garantías”, que los aparatos vuelen rápido, en condiciones adversas, como la lluvia, que sean robustos, y que fallen lo menos posible para evitar que se caigan, por ejemplo, encima de la gente.

Otro debate es la reacción: “Tengo la amenaza, la identifico, ¿pero cómo la neutralizo? ¿Por impacto? ¿Por anulación de las frecuencias?”. Ya algunas policías, como la de Dakota del Norte, han autorizado el uso de drones armados con lo que se conocen como herramientas menos letales: gases lacrimógenos, pelotas de goma, gas pimienta… “El sector se tendrá que esforzar en darnos soluciones, cuanto más seguro sea el dron, más libertad habrá para el vuelo y más se podrá extender”.

El intendente de la policía catalana no para de dibujar las posibilidades del dron –“es una complementación al helicóptero, nos da más comprensión operativa, puede bajar más, puede acercarse a los edificios, se le pueden instalar cámaras termográficas, es más económico…”–, pero admite que hoy en día la policía no tiene libertad que desearía. Ellos forman parte del uso profesional general, regulado por ley, y no pueden hacer ciertas cosas, como sobrevolar una manifestación. En el futuro, vaticina unas “condiciones especiales de operaciones” para las fuerzas de seguridad.

Harina de otro costal es el uso recreativo, que tiene una norma mucho más indefinida. Algunos de los pilares básicos sostienen que no se puede hacer volar una nave de este tipo a más de 120 metros, de noche, sobre personas y de una manera que pueda considerarse “negligente o temeraria de forma que ponga en peligro la vida o la propiedad ajena”.

Los 20 minutos de la charla acaban rápido, y no hay ni siquiera tiempo para preguntar. Bayarri se ofrece a responder a todo el que quiera a las puertas del auditorio. La cola es larga: desde personas que han tenido problemas con drones, a un grupo de agentes rurales que están experimentando con la tecnología. De fondo, sigue el zumbido de una carrera entre drones en el espacio cerrado, donde, por cierto, recuerda Bayarri, no hay norma alguna. Y en un futuro no muy lejano, y según el intendente… “Acabaremos teniendo unidades especializadas de tráfico aéreo”.