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Comida callejera para los paladares más exquisitos

Madreat celebra su 19ª edición con más de 40 furgonetas con platos brasileños, canarios, japoneses o italianos

Una furgoneta de comida en la edición de 2014 del mercado callejero Madreat. Ampliar foto
Una furgoneta de comida en la edición de 2014 del mercado callejero Madreat.

“Comer en la calle es la identidad de una ciudad”. Así define Pablo Giudice, copropietario de Picsa, la tendencia de los foodtrucks (camionetas de comida) y la comida callejera. En Madrid, la moda cristalizó en octubre de 2014 con la celebración de Madreat, el primer festival de comida callejera de la capital, donde participan restaurantes como Picsa o Arzábal. Desde entonces se celebra el tercer fin de semana de cada mes.

Aquella primera edición, celebrada en el jardín botánico de la Universidad Complutense, contó con 12 camionetas. El fin de semana que viene cumplirá 19 ediciones con una oferta de más de 40 puestos en el complejo de Azca. Entre ellos, cocina de buteco —tabernas típicas brasileñas— en meRío, recetas canarias a base de carne de cabra, papas y mojo en La Guagua, comida japonesa en Kabuki o cerveza artesana La Virgen.

El mercado, creado por la agencia Mateo&Co, nació como un punto de encuentro para los amantes de la gastronomía con propuestas nacionales e internacionales. “Vimos que el tema de los foodtrucks era tendencia internacional", cuenta Patria Mateo, fundadora del evento. En cada edición pasan entre 20.000 y 40.000 personas y la oferta oscila entre 40 y 55 furgonetas con diferentes conceptos. “Buscamos oferta gastronómica de calidad y variada; que vendan pocas cosas para agilizar la producción y que los consumidores roten”, añade.

“Nos gusta mucho el concepto traer el restaurante a pie de calle y Madreat es un mercado de comida callejera de referencia a nivel nacional”, dice Giudice, que sirve en su furgoneta una de las pizzas más aclamadas de Madrid. Pero, para perdurar, cree que necesitan el apoyo de la administración: “Pedimos una legislación, como en Nueva York o París, donde las camionetas se pueden mover por la ciudad”.

Iván Morales, copropietario de Arzábal, es otro de los locales que se sumó desde el primer día. “Esto no resta público al restaurante, si no que suma. Yo pondría el puesto en la puerta de nuestro local”, afirma. Sin embargo, los resultados que han obtenido desde que se sumaron a Madreat han sido dispares. “Estás en la calle, y si hace frío, llueve o hay fútbol se resiente”, añade. Mateo señala que la gran mayoría de puestos siguen ahí mes a mes.

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