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Las aventuras de Ulises

El 'Odisseus' de la Beckett es un regalo para la vista y una decepción para el oído.

Una escena de 'Odisseu's, en la Beckett.
Una escena de 'Odisseu's, en la Beckett.

El público dispuesto a tres bandas. Al fondo la negra boca de un desaparecido escenario a la italiana, exhibiéndose —como toda la nueva Sala Beckett— como un ejercicio de catas arqueológicas. Es el viejo teatro de la Cooperativa Pau i Justícia. El espectador se siente acogido, intuyendo una proporción áurea en esta caja desnuda. Todo dispuesto para que aparezca bajo la tutela de un foco un hombre agarrado a una maleta. Es Oriol Pla, el narrador que guiará a los asistentes por la Odisea que ha imaginado Quimet Pla. Odisseusha titulado su adaptación del poema épico de Homero. Pero contradiciendo al poeta en su inicial invocación a la musa, esta aventura teatral es un proyecto que aboga por el éxito del grupo frente al individuo.

ODISSEUS


A partir del poema épico de Homero. Dramaturgia: Pau Matas, Oriol Pla y Quimet Pla. Dirección: Quimet Pla. Intérpretes: Josh Climent, Andrea Eraso, Raül Ferré, Marc Giró, Cèlia Gòmez, Mike Gómez, Pablo Macho, Laia Manzanares, Sandra Morales, Joan Parellada, Diana Pla, Oriol Pla, Oriol Roig, Cèlia Rovira, Jordi Samper, Eloi Sanchez, Elena Simarro, Manar Taljo, Carla Tovias y Ginebra Vall. Sala Beckett, 23 de diciembre.

Ulises, el astuto rey de Ítaca que regresó sólo a su isla, sin ninguno de los desgraciados compañeros que le siguieron por su errático viaje por el Mediterráneo. Un superviviente de la estupidez y la imprudencia humana. El espíritu del montaje en cambio diluye su figura para potenciar la idea de un espectáculo de acogida, de exhibición comunal de las capacidades artísticas de su numeroso elenco. La calidad actoral es una faceta casi secundaria en esta propuesta. No se busca profundizar en la complejidad humana de los personajes principales. Prima el impacto del efecto visual del conjunto, de la ingeniosa transformación de la escena. Invocar la magia inmediata de una aventura con cíclopes, lestrigones, magas y sirenas.

Una puesta en escena de sorprendentes e ingeniosas soluciones plásticas. Un regalo para la vista y una decepción para el oído.

El espectador celebra que lata un homenaje a las raíces artísticas del director, su largo paso por Comediants, y por ese teatro físico de filosofía y estética setentera, pero también echa de menos una construcción más compleja de la dramaturgia y un mayor mimo en el trabajo interpretativo cuando se toma la palabra, a veces tratada como un murmullo inaudible. Se deja llevar como una criatura por la furia de los vientos de Eolo desatada en la sala y por el movimiento y la energía que genera el grupo cuando se adueña del espacio, pero desconecta como adulto cuando el héroe se enmaraña en una débil lucha interior. Sólo Oriol Pla parece escaparse de esa dimensión única de lo directo y transparente y mostrar en cada una de sus apariciones un nuevo perfil de su talento múltiple, sea como aedo, bufón o caballo tirando de un carro principesco.

El único que mantiene la ilusión de que este Odisseus podría navegar por la ruta de una Odisea brookniana. Esperanza que se mantiene sólo por unos minutos. Luego se impone un ejercicio nostálgico de teatro de comuna que enlaza más con la reivindicación de la fiesta que Comediants celebraba en Terra d'Escudella.