Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Música

Barenboim y su extraño piano

El músico puso al público del Palau en pie con un Liszt memorable

Nunca deja de sorprender Daniel Barenboim. Llevaba diez años sin ofrecer un recital en solitario en el Palau y, en su regreso al templo modernista, el carismático músico argentino añadió al placer del reencuentro un curioso regalo; verle en acción tocando el nuevo piano diseñado y encargado por él mismo y construido por el fabricante belga Chris Maene, especialista en la reconstrucción de instrumentos históricos, con el apoyo de la firma Steinway & Sons. Curioso y extraño piano que, siendo novísimo suena a veces como un piano viejo algo chillón. Pero lo que importa es la música y Barenboim puso al público en pie con un Liszt memorable.

La visita del célebre pianista y director ha traído suerte al nuevo ciclo BCN Clàssics, que, tras un tibio comienzo, se ha apuntado el primer gran éxito de público en su primera temporada en el Palau. Tras los recitales del miércoles en Zaragoza y el jueves en Barcelona, Barenboim y su extraño piano se presentan el domingo el Auditorio Nacional de Madrid, en la temporada de Ibermúsica.

Daniel Barenboim


Piano. Obras de Schubert, Chopin y Liszt. BCN Clàssics. Palau. Barcelona, 24 de noviembre

El carisma del intérprete marcó la velada mucho más que la novedad del flamante piano Barenboim-Maene, que recupera la sonoridad más cálida y directa de los instrumentos anteriores a 1875; de hecho, la clave del éxito estuvo en la fogosidad de su interpretación.

La velada empezó un tanto fría, con una primera parte consagrada a Franz Schubert -tocó las Sonatas núm. 9 en si mayor, D. 575 y núm. 18 en sol mayor, D. 894 - en la que se disfrutó la mayor claridad de las voces y el delicado fraseo del artista, que mantuvo el temple incluso cuando arreciaron los ruidos y toses de parte del público.

La temperatura del recital fue in crescendo y, tras una arrebatadora interpretación de la Balada núm.1 en sol menor, op. 23, de Fryderyk Chopin, llegó la felicidad con dos páginas de Franz Liszt - Funeráilles y el trepidante Vals Mephisto núm. 1- que sonaron con matices y colores desbordantes.

De hecho, el sonido lisztiano inspiró la creación del nuevo instrumento. Desde que tocó en Siena, hace cinco años, el piano reconstruido de Liszt, el músico argentino persigue un sueño que ha hecho realidad el artesano Chris Maene: obtener en nuevo instrumento la claridad, transparencia y calidez del sonido antiguo de los pianos anteriores a 1875, sin renunciar a los adelantos de los instrumentos más modernos. Pero el sueño sonoro exige comom peaje repensar la digitación y el uso del pedal para evitar distorsiones y errores.

La principal novedad del piano es que recupera la antigua disposición de las cuerdas en paralelo, en lugar de las cuerdas cruzadas habituales en un moderno piano de cola. Con esta disposición, y otros cambios técnicos, la variedad de colores y las diferencias de registros permiten jugar con una sonoridad más realista y contrastada, pero la acción al tocar es más inmediata y exige mucha cautela para no distorsionar el sonido más agudo. Quizás es solo cuestión de tiempo y práctica: de momento, el genio interpretativo de Barenboim venció los obstáculos e hizo lo que mejor sabe hacer: música con el arte de los grandes maestros.