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El IEC defiende los “retoques” ortográficos para facilitar el catalán a los recién llegados

La academia catalana aprueba al final una polémica lista de 15 diacríticos

Maria Teresa Cabré, Joandomènec Ros y Vicent Pitarch.
Maria Teresa Cabré, Joandomènec Ros y Vicent Pitarch.

“Se trata de facilitar el estudio del catalán a aquellos que no lo tienen como lengua materna, ni familiar, ni en el barrio y que se tienen que incorporar a la fuerza a la lengua catalana atendiendo a nuestro modelo de inmersión lingüística; en un contexto multicultural y multilingüístico, se trata de ponerlo fácil a quienes lo estudian de nuevo para incorporarlos”. Con este argumentario y que “toda lengua evoluciona y se mueve con su sociedad”, la presidenta de la Sección Filológica del Institut d'Estudis Catalans (IEC), Teresa Cabré, ha justificado la nueva versión de la Ortografia de la Llengua Catalana, que el pleno del IEC ratificó el lunes por la tarde con una sola abstención. El plenario solo introdujo dos cambios en relación con la propuesta aprobada ya por la sección: en el punto que ha levantado más polvareda, la reducción de la lista de palabras con acento diacrítico, se decidió no eliminar el acento del monosílabo sòl/sol.Por otro lado, la palabra erumpent se mantendrá con una sola erre.

Este martes, en una presentación pública muy a la defensiva por las críticas recibidas por estas nuevas versiones (especialmente por la supresión de diacríticos), el presidente del IEC, Joandomènec Ros, ha asegurado que la polémica "se ha magnificado: las lenguas evolucionan, si no todavía estaríamos hablando latín o etrusco”, ha recordado que en las diversas comisiones y secciones han participado “escritores, periodistas o traductores, o sea, que no es un tema solo de académicos, como se ha dicho” y que no ha habido precipitación porque “se trabaja en este aspecto y en la Gramàtica desde hace más de 20 años”.

Paraules que conservan el acento diacrítico

Bé/be, dios/diez, es/se, mano/ma, más/mes, mundo/mon, pelo/por el, qué/que, sé/se, sí/si, suelo/solo, son/sueño, tiene/té, uso/os, vos/os′

En una línea de actitud prudente tanto en las decisiones lingüísticas tomadas (siempre muy cercanas a las que propuso de manera fundacional Pompeu Fabra) como en las formas de plantearlo, marca de la casa, Cabré ha insistido también en rebajar la nueva versión ortográfica: “No es una reforma ortográfica, sino retoques de algunos puntos, en muchos casos aprovechando sugerencias de colectivos profesionales, como los de los medios de comunicación y el educativo; y, además, se ha actuado a partir de una demanda acumulada en estos años en las oficinas filológicas del IEC”.

La ortografía, que tenía que ser un gran capítulo de la Gramàtica aprobada hace un mes y que saldrá impresa el 23 de noviembre, prácticamente no se había tocado desde que Fabra lanzó las Normes ortogràfiques en 1913, además de las tres ediciones del Diccionari ortogràfic (de los años 1917, 1923 y 1931), así como el que comportó la Gramàtica catalana de 1918. Ahora, se ha querido reunir la ortografía fundacional, con las rectificaciones hechas por el mismo Fabra y las introducidas después de su muerte, y la ortografía que ha ido actualizando gradualmente la Sección Filológica desde 1984.

“La ortografía no es intocable si partimos de la base que la lengua está viva, salvo que pensemos que solo es lengua literaria y culta”, ha dejado caer Cabré en respuesta indirecta a las quejas del Grup Vallcorba, que con 1.500 firmas ha pedido que rectifiquen la reforma de los diacríticos. Cabré ha insistido en que, contrariamente también a lo que se ha dicho, los “retoques” son “fruto de un consenso y de una labor que ha comportado 57 reuniones del grupo de trabajo de Ortografia y 15 reuniones más de la misma Sección Filológica”. Esta, en su momento, solo recogió tres abstenciones, según ha dicho Cabré.

El coordinador del grupo de trabajo, Vicent Pitarch, también ha hablado de “retoques” y ha recordado que, más allá de la polémica de los diacríticos, hay otros cambios significativos, que en buena parte “se concentran en aspectos para revitalizar la lengua en los nuevos tiempos”, como por ejemplo la formación de compuestos y los préstamos de otras lenguas, el uso de los guiones en palabras compuestas y prefijos (ahora se escribirá ex-directora general en lugar de exdirectora general), la escritura de la doble erre cuando el sonido aparezca entre vocales precedido de un prefijo o un radical (de arítmia se pasará a arritmia) o se suprimirá la diéresis en los derivados cultos acabados en el sufijo –al. Sobre la acentuación de homógrafos, Pitarch ha sido contundente: “Nos hemos limitado a simplificar los criterios fabrianos, por eso hemos decidido que no hacen falta acentos diacríticos en palabras de escasa frecuencia ni en los polisílabos; además, en todos los derivados de palabras, el acento desaparecerá… ¿Puede haber confusión en algunos casos? Quizás sí, pero serán muy pocos: el contexto deshace la ambigüedad rápidamente”. En esta línea, ha calificado de “paridas” los casos de posibles confusiones que han aparecido estos días por parte de los contrarios a la lista, justificando las decisiones tomadas a partir del uso real que se hace. “Al Corpus Textual del Català Contemporani, con 52 millones de referencias, solo se ha encontrado en 12 casos la secuencia dona/dóna; y la de béns/bens, ni una sola vez”. En la línea de buscar la paz gramatical, Cabré ha recordado que el plenario del IEC ha reforzado el carácter discrecional del diacrítico “en todas aquellas ocasiones que sea necesario”.

La aplicación de la Ortografia, que se colgará antes de final de año en la página web del IEC y saldrá en papel en 2017, está previsto que tenga un periodo de transitoriedad de cuatro años, si bien este lapso “no está cerrado del todo: queremos llegar a acuerdos con el Departament d'Ensenyament y con la Administración en general; los editores se añadirán según la fecha del sistema educativo”. Y también admite que se está negociando con la Acadèmia Valenciana de la Llengua: “La han recibido y lo están considerando; tenemos una lengua compartida y tenemos que llegar a acuerdos de manera paulatina”. Y no ha podido evitar una recomendación: “Ahora, estemos tranquilitos cuatro años y entonces volveremos a valorar la situación”. “Si unas modificaciones generan todo esto, ahora que estamos en camino de hacer un Estado propio no sé como encajaremos todos los cambios, o ¿quizás solo queremos cambiar de boquilla?”, ha dejado caer Ros.