La CUP refrenda a Puigdemont sin garantizar su apoyo a las cuentas

Los anticapitalistas avisan de que no aceptarán presiones para votar los Presupuestos

Anna Gabriel, diputada de la CUP tras su discurso este jueves. ALBERT GARCIA

Carles Puigdemont superó ayer en el Parlament la cuestión de confianza por 72 votos a favor (los de Junts pel Sí y la CUP) y 63 en contra (los de todos los grupos de la oposición). Los 10 diputados anticapitalistas refrendaron en bloque al president pero no le garantizaron su apoyo en los Presupuestos. Puigdemont no culminó su amenaza de estar dispuesto a adelantar las elecciones si la CUP no tenía la voluntad de apoyar de nuevo las cuentas. El president no tendrá estabilidad, pero ha encontrado la alianza de la CUP para celebrar un referéndum independentista en la segunda quincena de septiembre de 2017.

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Puigdemont cerró el debate, forzado por el veto de la CUP a las cuentas de 2016, afirmando que lo había iniciado con la intención de granjearse la confianza de la Cámara y lograr la estabilidad. La primera la tiene, pero la segunda sigue en el aire. De hecho, el nuevo periodo de sesiones ha empezado como acabó: con la incertidumbre de qué pasará con los presupuestos que están negociando Junts pel Sí y la CUP. Anna Gabriel, portavoz de los anticapitalistas, avisó de que otorgar la confianza no implica dar a nadie “carta blanca” y que, antes de votar, deben verlos. “La confianza no es unidireccional”, advirtió Gabriel, aunque recalcó su disposición a seguir la legislatura. “Nos pregunta si queremos continuar y le decimos que sí. Culminemos la legislatura de la libertad, la república social y la de la justicia social”.

Los dos grupos se han dado una segunda oportunidad, pero la CUP no dio muchas pistas sobre qué actitud adoptará, salvo que no apoyará unas cuentas similares a las que vetó en junio y que contemplaban un aumento en gasto social de 800 millones de euros.

Debilitada, fracturada y dirigida ahora por un secretariado de talante más pactista, todo apunta a que la CUP no repetirá el veto después de que Puigdemont haya anunciado para septiembre de 2017 la convocatoria de un referéndum con o sin permiso del Estado. El president, que se cuidó mucho de no utilizar las palabras “unilateral” o “vinculante”, sí que hizo en su alegato final una defensa de la viabilidad de una Cataluña independiente y arremetió contra el inmovilismo del Gobierno después de que en solo tres años, de 2012 a 2015, los diputados secesionistas hayan pasado de 14 a 72. “El Estado ha actuado como si no hubiera ninguno. Ninguna empresa se hubiera quedado quieta cuando dos millones de personas se quieren dar de baja”, señaló Puigdemont en alusión al voto independentista en las elecciones del 27-S.

La CUP dio pinceladas sobre las condiciones que planteó para dar el “sí” a las cuentas: revertir las “políticas nefastas” de privatización; blindar los servicios públicos de salud y educación porque son derechos y no ”mercancías” y que no se puede segregar por sexos. Gabriel omitió, por ejemplo, citar una de sus reivindicaciones prioritarias del último curso: subir el IRPF a las clases más altas. No olvidó, sin embargo, reprochar al Gobierno de Junts pel Sí haber confundido el mandato del 27-S y haber puesto en peligro el proceso de independencia por permitir operaciones especulativas en BCN World, el macrocomplejo con casinos que el Gobierno catalán proyecta en Vila-seca y Salou (Tarragonès).

El Ejecutivo y la CUP continuarán estas semanas las negociaciones de los Presupuestos pero los anticapitalistas ya marcaron a Puigdemont para que empiece a concretar su plan. Gabriel defendió que en el debate de Política General de la próxima semana hará falta fijar la fecha del referéndum y empezar a plantear “operativas y mecanismos legales y ejecutivos” sobre el que sustentarlo. Puigdemont mantiene que su oferta de referéndum pactado no caduca pero los anticapitalistas no le dan el menor recorrido porque creen que está absolutamente agotada. Y es más: la CUP cree que puede erosionar la fortaleza del movimiento independentista. Gabriel reprochó, sin citarla, a Catalunya Sí que es Pot por no afrontar la “crudeza” de la falta de “profundidad democrática del Estado español”. Por ello, comprendió que los artífices del “Régimen del 78” vaticinen el fracaso del plan —el PSC sostuvo que el soberanismo va de “fracaso en fracaso” y el PP “de conflicto en conflicto”— y pidió a la confluencia de izquierdas que reaccione: “Os queremos al lado de la democracia y no al lado de la negación del Estado”. Y rechazó la oposición que causa en la confluencia la vía unilateral recordando que los dirigentes comunistas en la clandestinidad la obviaron cuando lucharon contra el franquismo.

La CUP tiene muy claro que un referéndum no es una repetición del 9-N por tres razones: lo convocaría la Generalitat, sería vinculante y se ampararía en la legalidad. Los trabajos que está intensificando la Generalitat, además de crear las estructuras de Estado, van en la línea de que ese referéndum tenga valor para tomar decisiones y no se convierta en un mero sondeo como en el de 2014, cuando los partidarios del no a la independencia apenas participaron y no existía ni un censo oficial de votantes ni una junta electoral.

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