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COMUNIDAD DE MADRID

La fiscalía advierte de la “reactivación” de la actividad criminal de las bandas latinas

El aumento registrado en 2015 se debe fundamentalmente al grupo de los Trinitarios

Un joven de 15 años murió el pasado marzo cerca de la Puerta del Sol tras una pelea entre bandas.

La Fiscalía de la Comunidad de Madrid advierte de “un aumento y reactivación de la actividad criminal” de las bandas latinas después de siete años en los que, poco a poco, había ido descendiendo su presencia delictiva en la región. Así lo pone de manifiesto la última memoria del organismo, que señala al grupo de los Trinitarios como el principal responsable de que los delitos de estas bandas se multiplicaran en 2015 casi por dos con respecto al año anterior, hasta alcanzar la cifra de 51. Teniendo en cuenta, además, que en “este tipo de delincuencia existe una importante cifra negra de delitos que no se denuncian”, asegura el texto.

Las bandas latinas se nutren de jóvenes de entre 14 y 23 años que actúan de forma absolutamente jerárquica en torno a una estructura rígida y piramidal. El secretismo y la violencia son sus señas de identidad, lo que hace que muchos de los delitos cometidos por ellas no se denuncien, “en razón al miedo y temor de las víctimas a sufrir represalias”, dice la Memoria de 2016 de la Fiscalía de la Comunidad de Madrid. En ella, las bandas latinas ocupan un apartado propio, lo que no habían tenido en la memoria del año anterior.

Tras la llegada de estos grupos a la región hace más de una década, la colaboración entre fiscalía, Policía y Guardia Civil y autoridades judiciales consiguió, según explica la memoria, ir reduciendo la actividad criminal de estas organizaciones —buena parte de los dirigentes y miembros principales de las bandas están en prisión— hasta llegar a las “cifras asumibles” de 2014; esto es: 26 delitos registrados y 77 detenciones.

Por eso ha llamado la atención el repunte de 2015, con 51 delitos y 139 arrestados. Esta reactivación criminal viene de la mano, sobre todo, de la banda de los Trinitarios. Pese a que dos decenas de sus miembros fueron detenidos en dos operaciones en 2013 y 2014, el grupo protagonizó más de la mitad de los delitos cometidos por las bandas latinas en 2015 (23) y una cuarta parte de las detenciones (48). Los Trinitarios, surgidos en una cárcel de Nueva York a finales de los años ochenta del siglo pasado, han ganado peso en la región en los últimos años.

Es bien conocida su implacable y violenta reación ante los abandonos de sus miembros y su rivalidad con otra de las bandas más numerosas de Madrid, los Dominican Don’t Play (en 2015, estos registraron 11 de los delitos y 38 de las detenciones). De hecho, una reyerta multitudinaria entre ambos grupos en los alrededores de la Puerta del Sol acabó el pasado mes de marzo con la muerte por acuchillamiento de un joven de 15 años, el primer homicidio registrado por enfrentamientos entre bandas desde 2013.

Este suceso no está recogido en la última memoria de la fiscalía de la Comunidad, que refiere solo los datos al cierre de 2015. En ese año, los Latin King, en otro tiempo el grupo más activo de la Comunidad de Madrid, registraron 17 detenciones y cinco delitos. Los Ñetas, al igual que los Trinitarios y los Dominican Don’t Play, también aumentaron sus actividades criminales —al menos las que les fueron detectadas por la policía—, con 34 arrestados y 11 delitos. Cierra la lista el grupo Forty Two, con un delito de amenazas, y puede “darse como diluido” el de los Traviesos, que no tuvo actividad alguna.

Lesiones y riñas

El delito más habitual cometido por estos grupos es de lesiones y riñas tumultuarias (en 2015 la fiscalía registró 27, 11 de ellas con los Trinitarios de por medio), que tienen que ver con las luchas con las bandas rivales. Le siguen en el listado las amenazas y la detención ilegal (un total de 10; 4 de Trinitarios), las lesiones y la tenencia de armas (siete y cuatro, respectivamente), los robo con violencia (cuatro y dos) y los intentos de homicidio (tres y dos).

El control sobre estos grupos es enorme —la policía tiene identificados a unos 200 miembros—, pero han demostrado una gran capacidad de adaptación y transformación. Por eso la presión policial y judicial, según constata la memoria de la fiscalía, “no impide el recrudecimiento y rebrote en cualquier momento de las actuaciones delictivas de estas bandas”.

Además, la fiscalía destaca la dificultad de los procesos contra ellas, tanto en la fase de instrucción como en el juicio oral, pues “los testigos se desdicen de las declaraciones sumariales continuamente, o no recuerdan los hechos, o comparecen al mismo [juicio] amedrentados y temerosos de declarar, o los acusados guardan silencio cuando en la instrucción reconocieron los hechos”, relata el texto de la memoria.

Fuerte cohesión interna y adhesión incondicional

El de las bandas latinas es un fenómeno bien identificado y estudiado desde hace años. La Memoria de 2016 de la Fiscalía de la Comunidad de Madrid recuerda las características de estos grupos que ya relataron en la edición de 2005 de esa misma publicación. El primer rasgo es la estructura piramidal completamente rígida, “con obediencia ciega a los dirigentes, que se rigen por un conjunto de reglas y leyes conocidos como La Constitución o La Literatura”.

Esa estructura les proporciona “una fuerte cohesión interna, una adhesión incondicional de sus miembros al grupo”, a la vez que les distancia de su entorno familiar y social. Cada miembro tiene su cometido perfectamente definido dentro “de su categoría”. A su vez, “se agrupan en los llamados Chapters o Capítulos, formados por un número de individuos que oscila entre los 20 y los 30, en diferentes distritos de la capital o de la comunidad autónoma, reuniéndose en parques públicos, canchas deportivas de uso público y locales de ambiente latino”, dice el texto de la fiscalía. Sus miembros son predominantemente de origen latinoamericano, con algunas excepciones de españoles.

Se financian por medio de las cuotas obligatorias que deben pagar los integrantes, además de las actividades ilegales, que suelen consistir en robos con violencia —que normalmente llevan a cabo en “grupúsculos de tres a cinco miembros”— y en el tráfico de drogas a escala de “menudeo”. Casi siempre se mueven en grupos organizados y grandes, de 10 a 15 personas o incluso más, cuando se trata de amedrentar o de ir a pelear con bandas rivales. En general, sus “actuaciones criminales” son “marcadamente violentas y virulentas, con utilización principalmente de armas blancas, palos y objetos contundentes”. En la pelea multitudinaria del pasado mes de marzo entre Trinitarios y Dominican Don’t Play hubo navajas mariposa, estiletes, bolomachetes y cuchillos de cocina, según la Policía.

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