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Visita al especialista: octubre de 2017

La Marea Blanca denuncia las dilatadas e “insostenibles” listas de espera de la sanidad catalana

Manifestación en el hospital de Bellvitge de Barcelona en 2014
Manifestación en el hospital de Bellvitge de Barcelona en 2014

A Cristina Gut la han citado para una primera visita al cirujano en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona para octubre del año que viene. Unos 17 meses tendrá que esperar para que un especialista decida si han de operarla del tobillo y del pie. “Pero es que antes de la teórica operación toca hacer placa, otra visita, resonancia... Esto normalmente se va a unos tres años”, relata el abogado José Aznar, de la Asociación Defensor del Paciente.

Y como Cristina, otros tantas historias pusieron ayer cara y nombre a las cifras que rodean las listas de espera en la sanidad catalana: más de 117.000 personas aguardan por una prueba médica, otros 650.000 para una primera visita al especialista y 153.103 pacientes esperan por una intervención quirúrgica. “Las listas de desespera son una situación dramática e insostenible. No se puede esperar 28 días para visitar a tu médico de cabecera [el tiempo máximo estipulado por el Departamento de Salud son 48 horas]“, criticó ayer el médico Toni Barbará, portavoz de la Marea Blanca.

Con el telón de fondo de la campaña electoral — “en la que no se habló nada de la sanidad”, reprochó Barbará— y de la prórroga presupuestaria, que impidió una inyección de casi 100 millones de euros para reducir las listas de espera, la plataforma ciudadana reunió ayer a una decena de afectados por las largas colas de acceso a algunos servicios de la sanidad catalana. “No se puede esperar más de seis meses sin pensar que eso no va a tener una repercusión en su organismo”, apuntó Marta Carreras, activista de la Asociación Catalana en Defensa de la Sanidad Pública. Josefina Soler también tendrá que esperar a febrero de 2017 para ser atendida por un especialista en Vall d’Hebron y Antonio Moreno, vecino de El Prat de Llobregat lleva ya 13 meses aguardando por una prótesis de rodilla.

El caso de Esther Pardo, que todavía arrastra las secuelas de un tumor cerebral, se remonta a 2011, cuando empezó a resentirse de un vértigo cada vez más intenso que acabó en un pérdida de olfato y gusto. Hasta mayo de 2014 no consiguió que le hiciesen una resonancia. En agosto le comunicaron que tenía un tumor que tenía que ser operado con urgencia y no fue intervenida hasta finales de septiembre.

Los activistas de la Marea Blanca advierten, no obstante, que las demoras provocan, en algunos casos, hasta el fallecimiento de los pacientes. Sonia López da buena cuenta de ello. Su padre fue intervenido en 2009 de un tumor de hígado y, aunque la neoplasia remitió, sufrió una hernia en el abdomen por la que lo pusieron en lista de espera preferente en enero de 2013. Mientras pasaba los meses aguardando la intervención, “la pelotita de pin pon que era la hernia se convirtió en una bola de básket” y reventó en octubre de 2014. Su padre fue intervenido de urgencia y, tras varios meses en la unidad de cuidados intensivos (UCI), falleció. “No debería haber muerto porque sólo era una hernia. No lo mató el cáncer de hígado, se murió por estar 23 meses en lista de espera”, lamentó Sonia.