Crítica
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Divos muy amplificados

Juan Diego Flórez hace maravillas con la voz en el Festival Jardins de Pedralbes, a pesar de las manipuaciones acústicas

El tenor Juan Diego Flórez.
El tenor Juan Diego Flórez.

La ópera al aire libre impone sus leyes. La primera, y la que más problemas genera, es la amplificación. Salvo raras excepciones —el Festival de Peralada es una de ellas— sin ese recurso técnico no se puede montar un concierto lírico en grandes recintos. Y en el debut del tenor Juan Diego Flórez en el Festival Jardins de Pedralbes, la amplificación, excesiva y descompensada, especialmente en la primera parte, restó encanto a una noche de ópera marcada por el carisma del divo peruano.

A nivel vocal, Flórez hizo maravillas, lució agudos e incluso estrenó repertorio en una velada que permitió descubrir la personalidad de la soprano canadiense de origen libanés Yoyce El-Khoury y el buen oficio del director español Guillermo García Calvo al frente de la Arts Symphony Ensemble, orquesta de bolo en cuya plantilla vimos a muchos músicos de formaciones barcelonesas.

Juan Diego Flórez

Juan Diego Flórez, tenor. Yoyce El-Khoury, soprano. Arts Symphony. Guillermo García Calvo, director.

Festival Jardins de Pedralbes.

Palacio Real, Barcelona, 14 de junio de 2016

“Un derroche de voz, un lujo”, decía un espectador de edad madura en el descanso. “Lástima la amplificación”, se quejaba una liceísta con muchos años de militancia operística: “Es una pena tener que amplificar una voz tan bella”. Lo malo es que los ruidos también se amplifican y en la primera parte voces y orquestas se escuchaban en planos diferentes, mientras el viento y los ruidos del escenario se colaban por los micrófonos.

Se escucharon reproches más duros, algunos de un purismo fuera de lugar en un concierto al aire libre; otros, tan hilarantes como los de un matrimonio sentado en la primera fila, enfadados porque el director de orquesta les tapaba la visión de los divos. “Con lo que hemos pagado y encima no hemos visto bien a Flórez”, se quejaba el marido.

A pesar del tirón de Flórez, no se agotó el papel, y no solo por los precios, con las entradas más caras a 138 euros. Hasta las estrellas de la ópera cansan si se prodigan demasiado, y, tras sus éxitos en el Liceo y el Palau, ésta ha sido su tercera actuación barcelonesa en esta temporada.

Desde sus dos primeras intervenciones (aria y dúo de Romeo y Julieta, de Gounod), el divo lució agudos soberanos, estuvo cómodo ante los micrófonos y sacó buen provecho de la potencia extra que la técnica añade a sus medios líricos. La soprano no mostró tanta pericia ante el micrófono y su notable y atractiva voz sonaba metálica y descompensada.

Las novedades llegaron con Verdi (el tenor cantó por primera vez La mia lezia infondere, de I lombardi) y la primera parte se cerró de forma tibia con el dúo final de La traviata. Todo mejoró en la segunda parte, con un repertorio más popular, a base de napolitanas (no faltó un O sole mio de muchos quilates) y famosas páginas de Donizetti, Verdi y Puccini. Una acaramelada versión a dos voces de un tango tan emblemático como El día que me quieras abrió la tanda de propinas de la única, lujosa y muy amplificada velada operística del festival.

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