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El discreto encanto del degradado

El holandés Pieter Vermeersch crea una instalación mural monumental jugando con el color para la Fundación Blueproject

Dos de los murales que Pieter Vermeersch expone en Blueproject. Ampliar foto
Dos de los murales que Pieter Vermeersch expone en Blueproject.

Convertir 65 tonos de azul en una pintura mural de más de diez metros por dos, completamente uniforme, que va de un blanco azulado hasta un azul cobalto intenso, sin que sea posible identificar el menor atisbo de interrupción o fractura entre matices, parece imposible, casi un espejismo. Sin embargo, es lo que hace el artista holandés Pieter Vermeersch (Kortrijk, 1973) en lienzos e instalaciones que se interrogan sobre la relación entre color y arquitectura, como la que se expone hasta el 9 de octubre en la Fundación Blueproject de Barcelona.

Se trata de una instalación monumental de forma abstracta, articulada a través de dos grandes paredes con un doble juego de degradado, del blanco al azul y del rojo al blanco. “La obra se completa con un muro de ladrillos vistos, que introduce la dimensión cotidiana y la arquitectura más primaria en lo que el artista llama el grado cero de las imágenes, con una referencia al grado cero de la escritura analizado por Roland Barthes”, explica Aurélien le Genissel, director de Blueproject. De ese modo, la pintura o, en este caso el espacio, son despojados de su potencial narrativo, es decir, de su funcionalidad y utilidad y pueden ser vistas como el fruto de emociones expresionistas o como la máxima expresión de la sofisticación formalista.

“La forma de la instalación busca crear dinamismo entre la pintura y el muro, no está pensada como una estructura laberíntica, sino más bien como un pabellón, en el cual es posible entrar, pero también tomar las distancias”, añade el artista, que tardó algo más de cuatro días en realizar una pieza que requiere muchísima sensibilidad pictórica, pero también algunos cálculos matemáticos.

El resultado es una obra minimalista pero densa, que investiga la idea de temporalidad y el paso del tiempo a través del empleo del degradado, que se manifiesta también en óleos de grandes dimensiones, cuya cotización ha alcanzado los 20.000 euros y presagia seguir subiendo. “El trabajo en el estudio y las instalaciones que desarrolla en el espacio se retroalimentan y complementan. Aunque lo puedan parecer, no son abstracciones, sino obras que surgen de la luz y el color”, asegura Silvia Dauder, directora de la galería barcelonesa ProjecteSD, que le representa. La dicotomía entre abstracción y figuración se pone de manifiesto, sobre todo, en sus cuadros al óleo, cuyo punto de partida son fragmentos de fotografías de cielos, muros y luces, que el artista transforma formal y cromáticamente. Además de estas pinturas que invitan a la inmersión, últimamente Vermeersch está realizando unas piezas de mármol en las que injerta elementos pictóricos.