Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

La felicidad era eso

El problema de un concierto como el de Coldplay es que se acaba y tienes que volver a la vida real que ya no es viva la ídem

Concierto de Coldplay en el estadio Olímpico de Montjuic de Barcelona.

El problema de un concierto como el de esta noche de Coldplay es que se acaba y tienes que volver a la vida real que ya no es viva la ídem. Dos horas largas de felicidad. Hermosa, colorista, alegre y espectacular felicidad. Un baño de belleza, imaginación, luz y buen rollo que ha puesto un envoltorio inigualable a las bonitas canciones del grupo. A ver quién vuelve mañana a trabajar después de eso.

Ante los efectos visuales solo cabe quitarse el sombrero y tratar de redefinir la palabra psicodelia. Las proyecciones, de una calidad sobrenatural, han mezclado imágenes reales, surreales y abstractas, a menudo como un gigantesco caleidoscopio. Vas de tripi y no vuelves. Hemos visto unos prodigios para frotarse los ojos y pensar que se está soñando. Recuerdas los viejos conciertos de Pink Floyd que nos parecían el acabose y da risa.

La estampa de Chris Martin corriendo por la pasarela rodeado de la miríada de luces de las pulseritas del público como si atravesara un campo de flores púrpura o de luciérnagas es de las que no se olvidan. En medio de Paradise un tipo me ha lanzado sin querer su cerveza por encima: nos hemos mirado y hemos sonreído. Él incluso ha suspirado. Así ha sido el ambiente general.

En A sky full of stars la pantalla central ha mostrado un firmamento abarrotado de estrellas y el estadio se ha convertido en una vía láctea poniendo el cielo a los pies de la banda. Hemos visto rosetones de catedral que viraban de color, amaneceres y atardeceres que quitaban el hipo, a Martin desdibujándose en estallidos de luz y siendo aspirado en el suelo por un remolino de pintura delicuescente; hemos visto pájaros, globos, confeti de estrellas, cohetes, fuegos. Todo eso hemos visto y otras cosas que aún me pellizco.

Coldplay han homenajeado a Bowie con unas estrofas de Heroes, han conseguido parecer cercanos y hasta íntimos en medio de semejante despliegue, nos han puesto a bailar, nos han puesto tiernos y hasta tontorrones y nos han regalado tanta y tan abrumadora felicidad que no se los perdonaremos. Hemos salido del Estadi empeñados en volver a la realidad porque, ha quedado dicho, no puedes, ay, vivir para siempre en un concierto de Coldplay. Pero entonces, en medio de la noche, la pulserita se ha puesto a sonar como si nos lleváramos a casa la quinta columna de la felicidad: una llamita de Coldplay para ir tirando.

Más información