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ANÁLISIS

Una mayoría sin rumbo

Es complicado que el nuevo proyecto de CDC pueda consolidarse sin claridad en los objetivos

Casos de corrupción aparte, el principal argumento de Convergència Democràtica para enterrar su marca y constituir un nuevo partido es recuperar el mensaje del partido social liberal que edificó Jordi Pujol. Años de pactos con el PP seguidos de acuerdos con ERC y ahora con la CUP han desdibujado la imagen de aquel partido hasta el punto de hacerlo irreconocible para los “convergentes de toda la vida”.

Los militantes han votado enterrar la vieja convergencia, abollada por todos los lados, y dotarse de un nuevo chasis. Pero el nuevo vehículo no podía empezar a circular de una manera más accidentada. Y no sólo porque se les haya colado en la foto un destacado miembro del clan Pujol, la ex primera familia de Cataluña, que se resiste a dar paso. También el discurso chirría por falta de rumbo.

Si lo que buscaban era claridad, antes tendrán que ponerse de acuerdo en si el Parlament de Cataluña, en el que CDC sigue siendo el primer partido, aprobará o no nuevas subidas de impuestos. Sólo una alianza convergente con el PP y Ciudadanos lo podría evitar. Y esto a expensas de romper previsiblemente la disciplina de Junts pel Sí.

Tampoco estaría de más que Artur Mas aclarara si hace falta o no repetir el plebiscito del 27 de septiembre. El pasado otoño nos aseguraron que era irrepetible y que había que pasar página. Mas, liberado ahora del corsé de presidente dice ahora todo lo contrario, que podría haber otro para contar síes y noes.

Es complicado que el nuevo proyecto político convergente pueda consolidarse mientras no haya claridad en los objetivos. Las bases soberanistas no saben si aquella victoria histórica que sus líderes les vendieron el pasado 27-S ha servido de algo. Tampoco saben qué pasará cuando acabe la presente legislatura. Lo único que se ve en el horizonte es la imposibilidad de mantener cohesionada una mayoría parlamentaria. Y es que ya son 62 las votaciones en las que Junts pel Sí y la CUP han votado diferente. Los Presupuestos son la última oportunidad para enderezar la situación. Si no lo consiguen, unas elecciones, y no precisamente plebiscitarias, serán la única salida.