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El tercer concierto

La Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo ratifica su esperanzadora mejoría interpretando Mendelssohn y Chaikovski en el Auditori de Barcelona

La experiencia melómana nos dice que, de las tres audiciones que la OBC ofrece los fines de semana, los mejores resultados suelen darse en el concierto del domingo. Dejando a un lado la inspiración del momento, los músicos están más relajados y juega a su favor el rodaje previo de los anteriores conciertos, que añade aplomo y precisión. También el rendimiento de la Sinfónica del Gran Teatre del Liceu mejora tras la función inaugural; en su nueva actuación en la temporada de la OBC, bajo la dirección de Josep Pons, la mejora también fue evidente en el tercer concierto, que culminó con una versión de alta tensión y conmovedor lirismo de la famosa Sinfonía núm. 6 en si menor, op. 74, Patética, de Piotr Yllich Chaikovski.

Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo

Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo

Obras de Mendelssohn y Chaikovski.

Kai Gleusteen, violín. Josep Pons, director.

Auditori de Barcelona, 8 de mayo de 2016

Para una orquesta que básicamente dedica su tiempo a la ópera, salir del foso para abordar el gran repertorio sinfónico supone una fuente de estímulos; se rompe la rutina, los músicos ganan reflejos y exploran recursos y matices que mejoran la calidad del sonido. La orquesta del Liceo lo viene haciendo con óptimos resultados y esa mejora, tan evidente en el reciente Götterdämmerung wagneriano, se ha disfrutado con creces en su nueva visita al Auditori.

En la primera parte, consagrada a Felix Mendelssohn, Pons cuidó la naturalidad y el equilibrio sonoro, esenciales para recrear su música sin romper sus lazos con el clasicismo. Sonaron con claridad y ligeras texturas la Obertura de Las Hébridas y el conocido Concierto para violín núm. 2 en mi menor, op. 64, con el violinista canadiense Kai Gleusteen, concertino de la orquesta del Liceo, como impecable solista.

Lució Gleusteen musicalidad y elegancia en una lectura tranquila y muy lírica, sin afectación, con un sonido de gran pureza y un espíritu camerístico en busca del diálogo natural con la orquesta que alcanzó los mejores momentos en el poético Andante. La Elegía, pieza del Souvenir d´un lieu cher, op 42 de Chaikoski, fue una propina tan encantadora como bien escogida.

Con la atmósfera bien caldeada, la orquesta rindió a un nivel formidable en la Patética. Hubo tensión permanente en un arco narrativo dirigido sin fisuras, de generoso lirismo, conmovedor e impactante en su hondo dramatismo. Brillaron maderas y metales, en especial las trompas, y una sección de contrabajos de gran relieve; suena mejor, sin duda, la orquesta del Liceo y en sus filas hay savia nueva que aporta energía y anuncia un esperanzador futuro.