Canciones para pagar multas

Los fieles de la sala Heliogàbal acudieron a Razzmatazz para que la sala de Gràcia afronte sus sanciones económicas

Miquel Cabal de Heliogábal, David Caraven de Mishima, Edu Pou de Za y Pablo Pena de Pony Bravo. de izquierda a derecha.
Miquel Cabal de Heliogábal, David Caraven de Mishima, Edu Pou de Za y Pablo Pena de Pony Bravo. de izquierda a derecha.albert garcia

El primer beso, el último bis, la primera vez que una canción erizó la piel, la antepenúltima noche escuchando un recital de poesía. Todo eso ha se ha vivido en una sala de conciertos que ahora está en peligro y que de hecho no programa hasta que no se aclare la normativa que rige el funcionamiento de las salas de música en vivo de Barcelona, capital con aspiraciones cosmopolitas. Se llama Heliogàbal, y pese a su diminuto tamaño ha servido de decorado para miles de instantes vinculados a la música en vivo, a exposiciones a recitales de poesía y al descubrimiento de bandas hoy famosas como Mishima, que actuaron en ella por vez primera hace diez años, cuando no eran casi nadie.

En la noche de este jueves, unas 1.500 personas se reunieron en Razzmatazz, sala que cedió sus instalaciones a Heliogàbal para que con Mishima, Za! y Pony Bravo, banda llegada de su Sevilla natal, se pudiesen recaudar los 19.000 euros que le han impuesto de multa luego de varias inspecciones municipales. Sí, una sala brindando apoyo a otra, como lo han hecho también Apolo y Sidecar, que luego de ofrecer sus instalaciones, declinadas a favor del tamaño de Razzmatazz, ayer no programaron conciertos para sumarse activamente a la defensa de una sala cuya posible desaparición fue calificada ayer mismo por Lluís Torrents, responsable de Razzmatazz, como “un hecho tristísimo para la cultura que además muestra que en Barcelona algo falla conceptualmente con respecto a las normas que rigen las salas de conciertos”.

Mientras Mishima desgranaba lo más florido de su repertorio en el que fue el único concierto de la banda este año, Miquel Cabal, gerente de Heliogàbal, mostraba su satisfacción por la marcha de la fiesta “hemos recibido muchos apoyos económicos, de artistas de aquí y de Estados Unidos que nos han enviado dinero, de sellos discográficos y de personas anónimas que no se han limitado a pagar los 15 euros que costaba la entrada”.

Pero Cabal también se mostraba inquieto y preocupado por el futuro de su sala “si, el ayuntamiento quiere facilitar la música en directo con nuevas disposiciones, pero aún no se ha firmado nada, todo está en el terreno de las intenciones”. Según indicó, el lunes hay una reunión en la que se abordará en el Distrito de Gràcia otro de los problemas de Heliogàbal, su aforo, que las normas reducen a la exigua e inviable cantidad de 30 personas, “no queremos ser un bar musical más de los que ya hay en Gràcia, queremos hacer música en directo, que es lo que hacemos desde hace muchos años”, afirmaba mientras de fondo sonaba Tot torna a començar y el público, quizás recordando la primera vez que escucharon esta canción en Heliogàbal, suspiraba para que los próximos Mishima de Barcelona, o de Catalunya, o de España, dispongan de un Heliogàbal para ofrecer la banda sonora necesaria para sentir la emoción de una canción, de un beso o de un poema.

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