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La CUP salva las cuentas de Colau pese a sentirse “menospreciada”

Los anticapitalistas votan la ampliación de crédito de 275 millones junto a ERC y PSC

Los regidores de la CUP en Barcelona, Maria Rovira (izquierda), Josep Garganté y María José Lecha.
Los regidores de la CUP en Barcelona, Maria Rovira (izquierda), Josep Garganté y María José Lecha.

El gobierno de la alcaldesa Ada Colau volvió a salvar ayer una votación in extremis. ERC, PSC y la CUP apoyaron dar trámite a las cuentas del Ayuntamiento. En realidad, se trata de una modificación de crédito de 275 millones de euros sobre las cuentas prorrogadas del gobierno de Xavier Trias (CiU). Los tres grupos exigirán, sin embargo, cambios para apoyar definitivamente las cuentas en abril. La CUP votó sí solo 27 minutos después de emitir un duro comunicado en el que denunciaba el “menosprecio” que, a su juicio, ejerció contra ellos la alcaldesa en el libro Ada Colau, la rebel·lió democràtica, en el que acusa a los tres concejales del grupo de exhibir un “moralismo pseudorevolucionario” y los critica por “solo montar el número”.

En el libro, además, Colau muestra su decepción por el hecho de que la formación asamblearia no se sumara a la confluencia de partidos y movimientos que acabó dando lugar a Barcelona en Comú; lamenta que el entonces diputado David Fernández hiciera campaña por la candidatura asamblearia y dice que gracias a él la formación logró sus tres actas de concejal.

¿De dónde salen los 15 millones para el metro a la Zona Franca?

Los cinco votos favorables de ERC a las cuentas de Colau se han producido a cambio de una partida de 15 millones para reanudar las obras del metro a la Zona Franca. A falta de concretar un convenio con la Generalitat, el Ayuntamiento ha arañado los millones a costa de otros proyectos ya presupuestados pero no ejecutados. Por ejemplo, 1,5 millones que debían destinarse a reformas en el Zoo, otro millón y medio para vía pública en Sants, o dos millones para el mercado de Sant Antoni. Justo una de las medidas que el líder de los republicanos, Alfred Bosch, había presumido de haber conseguido, cumplir los plazos de la reforma del mercado. Quien ha revelado las desinversiones ha sido la concejal de CiU Sònia Recasens: "Es un acuerdo nada transparente donde se cuenta que se pagará el metro pero no se explica que se dejará de hacer Sant Antoni, engañando a los socios del acuerdo".

La CUP tardó un día y medio en responder tras la publicación del libro, pero lo hizo con contundencia. En un comunicado, defendió que la suya es una opción “rupturista” que está en la institución “para visibilizar el conflicto social” y que su presencia “no cambia la hoja de ruta”. La candidatura recordó, además, las veces en las que sus tres concejales han apoyado a la alcaldesa —la investidura o las ordenanzas fiscales, sin ir más lejos— y se quejó de que Colau “pide un cheque en blanco fundamentado en su trayectoria de activista”.

El comunicado añadía que Colau “menosprecia” a los tres concejales y “a las 13 asambleas locales”, que congregan a centenares de personas. La CUP recordó también que Barcelona en Comú contó con fondos de ICV para financiar la campaña electoral e invitó a Colau a “gestionar las contradicciones que le provoca ser alcaldesa y no utilice a la CUP como excusa para justificarlas”. “Los que han cambiado son los que apuestan por reeditar el tripartito, pactando la entrada en el gobierno del PSC, responsable del modelo marca Barcelona”. Al anunciar el voto favorable a las cuentas, el concejal Josep Garganté advirtió: “Damos al trámite, tienen dos semanas para introducir cambios rupturistas”.

El debate permitió, primero, el no rotundo a las cuentas de CiU, Ciutadans y PP y su distancia respecto al gobierno de Colau, al que acusaron de aprobarlas sin el proceso participativo que requiere un presupuesto y de poner en riesgo la liquidez del municipio. Sònia Recasens (CiU) afeó a Colau por gobernar “a base de parches”. Carina Mejías (Ciutadans) preguntó cuándo devolverá la Generalitat los fondos que le avanza Barcelona. Y Javier Mulleras (PP) aseguró que el “expediente es farragoso, desordenado y mal documentado”.

Lo segundo que se visualizó fue la advertencia de los grupos que las apoyaron de que el de ayer fue un sí provisional. Por parte del PSC habló la concejal Montserrat Ballarín, aunque el líder de los socialistas en el Ayuntamiento, Jaume Collboni, que negocia la entrada en el gobierno, asistió a la votación. Ballarín insistió en que el PSC votó “favorablemente a la tramitación y no más allá” y celebró haber introducido inversiones para los barrios. Pero dejó claro: “Haremos alegaciones”.

Tenso fue el momento en el que se engancharon el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, y el jefe de filas del grupo de ERC, Alfred Bosch, que presumió de haber arrancado 15 millones para reanudar las obras del metro. El republicano dio “un tirón de orejas” al gobierno por su poca celeridad pactando y Pisarello espetó: “Todos queríamos tener presupuesto, pero si ha sido por falta de esfuerzo igual usted es el menos autorizado para decirlo”.

Pisarello defendió unas cuentas “redistributivas y solventes”, que “cambian las prioridades en materia presupuestaria, aumentan el gasto corriente para políticas sociales en un 6% y aumentan las inversiones descentralizándolas por los distritos”. Ante las críticas de la derecha, el responsable de economía respondió: “No me extraña quien está votando en contra, pero estamos abiertos a aportaciones”.

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