Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los otros ‘Chicos del coro’

1.300 niños y jóvenes participan en el programa de inclusión social Clavé XXI del Palau de la Música

Niños y niñas de uno de los coros del programa Clavé XXI en el Palau de la Música.
Niños y niñas de uno de los coros del programa Clavé XXI en el Palau de la Música./

Nerviosos, las risas y gritos se expanden por la escalera noble del Palau de la Música hasta que empiezan a cantar, la música les ayuda a concentrarse. Después irán al aula en la que cada jueves tienen clase de canto coral. Son un grupo de 18 niños y niñas de entre 8 y 11 años del Centre Obert Esquitx, una asociación del Casc Antic que presta asistencia a las familias con problemas socioeconómicos. Ese fue uno de los primeros centros que se apuntó a la iniciativa del Palau de la Música de crear coros con niños y jóvenes del barrio, como instrumento de inclusión social. Los coros Clavé XXI, que ese es el nombre del programa, se inspiran en la iniciativa del poeta, músico, compositor y creador del movimiento coral Anselm Clavé que promovió el canto entre los trabajadores en el siglo XIX. “Se podría decir que es la versión moderna de Clavé, con la misma filosofía de integración a través de la música dirigida a niños y jóvenes con realidades económicas y familiares que les hacen vulnerables”, explica Joan Oller, director del Palau.

Una idea que surgió hace cinco años —poco después de que estallara el escándalo del saqueo de las arcas de la institución a manos del que fue su cabeza visible durante décadas, Félix Millet— con el propósito de acercarse a las familias del Casc Antic y especialmente a los niños en situación frágil. “Es curioso porque el Palau es para muchos un vecino extraño en medio del Casc Antic”, comenta Esteve Nabona, director del Cor Jove del Orfeó y del programa Clavé XXI. La experiencia empezó por dos centros abiertos del barrio de La Ribera de Ciutat Vella con dos coros y ahora son 63 con unos 1.300 niños y jóvenes. “Son tantos que en los últimos años tenemos que hacer dos días de festival en fin de curso”, añade Nabona. Lo que se inició como algo pensado para el entorno más próximo se ha expandido a fundaciones, centros, asociaciones y escuelas de La Verneda —Escola Els Horts— , Verdum —Fundació Pare Manel— , Hostafrancs —Escola Miquel Bleach— o Torre Baró. Se han formado también coros dentro del mismo programa en Mataró, Manlleu y Banyoles. Las clases de canto las dan nueve profesores de la Escola coral del Palau y otros, formados en la institución, para los centros a los que se tienen que desplazar porque están lejos.

“Son 45 minutos de clase a la semana. Los primeros días es más difícil, luego ya es otra cosa. Este año el programa son canciones de los cinco continentes”, cuenta Mariona Fernández, después de una clase de canto el jueves pasado. No todos los niños tienen la misma actitud: ellas están más por la labor, unos la lían más y alguno no quiere cantar. No son Los chicos del coro — la película de Christophe Barratier que relata la transformación de unos niños en un internado al constituir un coro— pero también entre los chavales que participan en el Clavé XXI los problemas son frecuentes. La mayoría son catalanes, muchos hijos de filipinos, chinos y latinoamericanos; una inmigración especialmente castigada por la crisis. “Sí que se nota cuando les pasa algo en casa” cuenta Mariona. Por ejemplo, el estrés emocional —generado por las dificultades que viven sus familias— tiene un efecto directo en la voz y la vocalización. Por eso, bastantes de ellos tienen un día extra de logopeda y foniatra, también dentro del Palau. “A veces les cuesta mucho exteriorizar los sentimientos y la música, cantar, les ayuda. Por eso se nota la diferencia de las primeras clases a cuando están a mediados de curso“, matiza. Ella está satisfecha de la experiencia, y más cuando salen voces singulares. A dos jóvenes se les ha becado para integrarse en el Cor Jove y una de ellas ha llegado a ser solista. Pero lo más importante, insisten, es el efecto socializador del canto.

Desde Torre Baró al festival en el Palau

Cada año, el programa Clavé XXI se cierra con un festival que se celebra en la sala de conciertos del Palau. Las familias de los chavales suelen acudir en bloque a una institución que, para la mayoría, es completamente desconocida. Esteve Nabona, responsable del programa, dice ha tenido sorpresas de todo tipo: “Desagradables, cuando ves que el día del festival no vienen algunos niños porque sus padres no les han llevado. Otras, todo lo contrario. Una vez fui a Torre Baró, donde vivían varios niños y les expliqué a las familias en qué consistía el festival. Me temí que no acudirían porque sus familias llevaban una vida muy cerrada en el barrio. Me equivoqué y vinieron todos”.