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OPINIÓN

Un gobierno de manual

La distribución de parcelas de poder en el Ejecutivo catalán es un interesante laboratorio sobre el funcionamiento de los Gobiernos de coalición

Un nuevo Gobierno de coalición se ha formado en Cataluña. En esta ocasión, un Gobierno bipartito entre CDC y ERC surgido de la coalición electoral Junts pel Sí, vencedora de las elecciones del 27-S. Cataluña sigue siendo la única comunidad autónoma española que siempre ha estado gobernada por más de un partido político (con el breve paréntesis de casi siete meses entre la dimisión de los consejeros de Unió del Gobierno de Mas y el nombramiento de los actuales consejeros de Puigdemont). La formación del actual Gobierno sigue fielmente los patrones que señalan las teorías coalicionales.

El criterio utilizado para la distribución de parcelas de poder es el habitual de los Gobiernos de coalición formados por partidos que se presentan juntos a las elecciones: la aplicación de la misma cuota de distribución del poder usada para la confección de las candidaturas electorales, es decir, el 58% para CDC y el 42% para ERC. La cuota se obtuvo calculando la media aritmética de los resultados electorales que consiguieron por separado CDC y ERC en las elecciones autonómicas de 2012, europeas de 2014 y municipales de 2015. Su efecto en el reparto de las 13 consejerías del Gobierno de Puigdemont es de siete para CDC (el 54%) y seis para ERC (el 46%). El equilibrio coalicional también se manifiesta con un presidente del Gobierno de CDC y un vicepresidente de ERC, y en el Parlamento, con una presidenta propuesta por ERC y un vicepresidente primero elegido por CDC.

Para el reparto de los altos cargos de designación política de la Administración, el llamado sottogoverno, se han utilizado aquellas pautas aconsejadas para pacificar las relaciones entre los partidos coaligados. Así, la asignación de una consejería a un partido implica que este partido controla los cargos de confianza política de su departamento. El modelo es menos plural que el de aplicar la cuota dentro de cada consejería, pero permite una actividad departamental más coherente, facilita la negociación del poder intracoalicional y evita conflictos. ¿Se imaginan tener que negociar centenares de cargos de designación política entre CDC y ERC?

Este modelo vertical de distribución del sottogoverno es compatible con la recomendable posibilidad de compartir determinados órganos clave para el funcionamiento interno del Gobierno de coalición. También aquí el nuevo Gobierno bipartito sigue los esquemas de las mejores prácticas coalicionales. CDC y ERC han decidido tener efectivos personales de confianza en uno de los instrumentos fundamentales de todo Gobierno, la comunicación, y en la implementación de una política básica de este breve mandato, la llamada “transición nacional”.

"El president , paradójicamente, no ha elegido a ninguno de los consejeros "

Los arquitectos de la nueva coalición bipartita han decidido construir puentes para facilitar el buen desarrollo del Gobierno. Se han previsto mecanismos de coordinación entre el Ejecutivo y el grupo parlamentario, entre el núcleo gubernamental y las maquinarias partidistas, y entre los máximos responsables de los partidos coaligados en el Ejecutivo, Puigdemont y Junqueras, que se reunirán semanalmente para analizar la agenda política y coordinar internamente el gobierno compartido.

El planteamiento inicial de toda esta estructura, que sin duda ha contado con la participación de algún experto en Gobiernos de coalición, deberá tener muy en cuenta las siguientes peculiaridades y posibles obstáculos que pueden dificultar, e incluso impedir, los objetivos fijados:

1. El presidente Puigdemont, paradójicamente, no ha elegido a ninguno de los consejeros de su Gobierno (ni de ERC ni de CDC, ya que estaban negociados antes de su aparición en escena).

2. Uno de los socios de Gobierno, ERC, juega con desventaja porque CDC ya estaba gobernando y es autora de muchas políticas que están en marcha; además conoce mejor los recovecos de la Administración.

3. Los colosales retos que se plantea el Gobierno durante este breve mandato pueden tensar las relaciones entre los partidos gubernamentales y bloquear protocolos de funcionamiento interno.

4. Al ser un Gobierno minoritario, a la armonización intragubernamental hay que añadir la interlocución con la CUP y su apoyo parlamentario, que puede dar a ERC, por su ubicación ideológica, un rol de partido bisagra y mayor peso en el impulso de la acción de gobierno.

Para aquellos que hace décadas que estudiamos los Gobiernos de coalición, el actual Gobierno bipartito de Cataluña será, sin duda, un interesante laboratorio de experiencias coalicionales.