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Juan José Omella será el nuevo arzobispo de Barcelona

El Papa Francisco prima el perfil social en el relevo de Martínez Sistach

Juan José Omella releva a Martínez Sistach en el arzobispado de Barcelona.
Juan José Omella releva a Martínez Sistach en el arzobispado de Barcelona. EFE

El papa Francisco ya tiene sustituto para el cardenal Lluís Martínez Sistach. El actual obispo de la diócesis de Calahorra, la Calzada-Logroño, Juan José Omella, es el elegido como prelado de la archidiócesis de Barcelona. Sistach ya cumplió en 2012 los 75 años, la edad de jubilación, y desde entonces el Vaticano buscaba reemplazarle, entre grandes presiones políticas y clericales de Madrid y Barcelona.

El nombramiento es “inminente”, informó ayer Efe citando fuentes eclesiales. Sin embargo, ni la Generalitat ni la Dirección General de Relaciones con las confesiones, que depende del Ministerio de Justicia, tenían conocimiento de la designación.

Omella tiene 69 años y nació en Cretas (Teruel), en la zona de la Franja, por lo que habla catalán. Cursó sus estudios en Zaragoza y nunca ha tenido responsabilidades eclesiales en Cataluña. Su trabajo en la pastoral social de la Comisión Episcopal no pasó desapercibido por Francisco, que lo designó miembro de la Congregación de los Obispos. En 2005, el sacerdote, también miembro de la ONG Manos Unidas, participó en una marcha por la erradicación de la pobreza, en un tiempo en que los purpurados preferían dejarse ver en la calle por su beligerancia contra el divorcio exprés o el aborto.

El nombre de Omella estaba en las cábalas junto a Sebastià Taltavull, el obispo auxiliar de Barcelona; Joan Enric Vives, el actual obispo de Urgell, o el propio Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Valencia. Según los expertos consultados por este diario, la de Omella es una solución intermedia entre las partes: por un lado, la Conferencia Episcopal y el Gobierno español, y por el otro una parte del clero catalán y la Generalitat. Dentro de sus posibilidades, ambas posiciones habían intentado influir en la decisión papal. A nadie se le escapa la lectura política de un nombramiento de este tipo.

Omella es una solución intermedia entre las pretensiones de Madrid y las de Barcelona

“Omella es una solución intermedia entre las dos posturas. Pero quedan muchas dudas. ¿Qué conoce él de la realidad catalana?”, se pregunta Jordi Llisterri, director de Catalunya Religió. El Papa habría optado pues privilegiar el perfil más social sobre otros, escogiendo a un hombre en las antípodas de la “aristocracia” que representa Vives, añade el teólogo Juan José Tamayo. “Que no tenga relación con los dos clanes eclesiásticos que desde hace años se enfrentan en Barcelona puede ayudar a resolver una tensión que no es buena para la vida eclesial”, asegura Josep Torrens, director de Esglèsia Plural.

Omella también ha condenado la corrupción y fue uno de los responsables de la primera instrucción pastoral en 20 años que aborda el tema de la pobreza y en la que los obispos piden perdón por “olvidarla”.

Pero su pasado también tiene algunas sombras. A finales de los noventa, fue obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, lo cual lo pone en el ojo del huracán respecto al pleito del arte sacro de Lleida. En junio pasado, un abogado se querelló contra él por mantener simbología franquista en la fachada de la concatedral logroñesa.