Explorador de vidas bajo tierra

El arqueólogo y espeleólogo Sergio García-Dils ha descendido 2.144 metros en la cueva más profunda del mundo, en la sima Krúbera-Voronya, situada en el Cáucaso Occidental

El arqueólogo Sergio García-Dils, en las excavaciones de Écija.
El arqueólogo Sergio García-Dils, en las excavaciones de Écija.PACO PUENTES

Es como si anduviese sobre la Luna, pero en dirección al centro de la Tierra. Una curiosidad infinita es lo que atrae al arqueólogo y espeleólogo Sergio García-Dils (Sevilla, 1971) a adentrarse bajo la superficie del planeta. Pisa suelos en los que nunca nadie dejó su huella. Ha descendido 2.144 metros en la cueva conocida más profunda del mundo, Krúbera-Voronya, en la república autónoma de Abjasia, en el Cáucaso Occidental.

Allí, en el Everest invertido, investiga desde hace 15 años junto a su equipo de exploración. Hasta el momento han sacado a la luz 12 nuevas especies de seres vivos, recogidas en la revista International Journal of Speleology. “El trance es angustioso, pero el afán explorador lo supera. Para proteger hay que conocer”, defiende García-Dils, quien ha permanecido hasta un mes soterrado, percibiendo un espectro cromático de oscuros inimaginable. “Cuando sales ves bien a los dos minutos, pero impresiona la saturación de los colores”, comenta frotándose los ojos.

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Contra la tendencia que mueve al espíritu humano de querer volar, García-Dils lleva desde los siete años desapareciendo bajo pasadizos asfixiantes con estalactitas de piedra para estudiar las sendas que transportan a lo que Julio Verne describiera como un viaje insólito. “Una de las mayores emociones es cuando descubrimos una entrada y no sabemos qué hay detrás. Eso es increíble”, destaca el explorador, que también es profesor de espeleosocorro —de rescate bajo tierra— y fue redactor del real decreto de técnico deportivo de espeleología en España, lo que permite que esta disciplina se pueda estudiar en un ciclo.

Cuando habla conjuga siempre en plural. El equipo de compañeros es básico. Las expediciones al Cáucaso las hace con el grupo de la Universidad Estatal de Moscú, donde cursó una beca y aprendió ruso. Frío y humedad son las palabras que más pronuncian esos días. “Tomar fotos de las especies es una odisea. Estás temblando, siempre mojado, pero tenemos que hacerlo porque después enviamos cada animal y sus datos a los mejores científicos del mundo en cada campo para que sean investigados”, dice señalando unas imágenes en las que aparecen un pequeño pseudoescorpión, un invertebrado al que se le transparenta el intestino y un crustáceo blanco.

En las expediciones suele delinear las topografías, ahí es cuando analiza la historia y unifica las facetas de explorador de vidas bajo la tierra y viajero del tiempo. Sus investigaciones le han llevado a pensar que las cuevas de Abjasia se podrían haber formado cuando el mar Negro estaba seco. “Hay que visualizar el valle del Mediterráneo sin agua, antes de que se abriera el estrecho de Gibraltar y lo inundara todo”, ilustra desde una caseta de obra ubicada en el yacimiento arqueológico de la plaza de Armas de Écija (Sevilla), desde donde coordina las excavaciones de 5.840 metros cuadrados que acumulan asentamientos humanos desde el siglo VIII antes de nuestra era. Es el arqueólogo municipal.

“Llevamos muy buen año de descubrimientos”, apunta el historiador. Solo en estos últimos meses han hallado unos estucos en paredes que superan los dos metros de altura similares a los de Pompeya, una sala de mármoles traídos de la cuenca mediterránea y un mosaico del siglo III de nuestra era que mide 40 metros cuadrados y representa los amoríos de Zeus.

Por la excavación se cruzan profesionales internacionales de distintos ámbitos. Como gestor es un férreo defensor de las sinergias en la investigación y de hacer partícipe a la población con charlas permanentes. “Nuestro trabajo revierte en la ciudadanía, y cuanto más se implique, mejor”. Una prueba ha estado en un crowdfunding que lanzó en marzo para restaurar un valioso mosaico destrozado por unos vándalos; en un mes superó los 20.000 euros. Ya sea para descubrir especies, rescatar personas o investigar testimonios del pasado, su energía ilumina otras vidas bajo tierra.

Sobre la firma

Ángeles Lucas

Es portadista. Ha trabajado en Internacional, ha escrito desde más de 10 países para Planeta Futuro y durante ocho años ha cubierto temas de Sociedad y Cultura en Andalucía. Colaboró tres años con BBC Mundo y realizó la exposición fotográfica ‘La tierra es un solo país’. Másteres de EL PAÍS, y de Antropología de la Universidad de Sevilla.

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