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Burdeles no tolerados pero consentidos

En la Barcelona de 1714 la prostitución era un practica generalizada y perseguída

El yacimiento del Born por donde se realizan una visita por los puntos calientes del sexo y el juego de la Barcelona de 1714.
El yacimiento del Born por donde se realizan una visita por los puntos calientes del sexo y el juego de la Barcelona de 1714.

Uno de los aspectos más positivos relacionados con el yacimiento del Born y su recuperación y apertura al público, es la literatura científica que ha generado el estudio de sus restos y que ha coordinado y dirigido el historiador Albert Garcia Espuche. El último libro publicado bajo su dirección de este periodo de la ciudad es Les dones, el volumen número 11 que dentro de la colección Barcelona 1700 ha recuperado aspectos tan diferentes como la política, la economía, el juego, la música, los jardines y la indumentaria, entre otros. En Les dones se aborda, además del papel de la mujer en la ciudad, antes, durante y después del asedio de 1714, el tema de la sexualidad y de la prostitución.

Desde el siglo XVI aparecen recogidas en los libros de la ciudad medidas con la finalidad de castigar y rehabilitar a las prostitutas. Por entonces ya “una mujer caída en la prostitución se asemeja a la criminal”. A principios del siglo XVIII, los burdeles ya no estaban tolerados en Barcelona, pero eso no significaba que la prostitución no existiera, sino todo lo contrario. Ocasional o regular, la prostitución era el último recurso para la supervivencia, pese a que representaban un negocio importante para muchas personas, como las alcahuetas, que contaban con grupos de mujeres que trabajaban para ellas y que les hacían ganar mucho dinero. También maridos que no tenían escrúpulos en vender el cuerpo de sus mujeres con finalidad lucrativa.

Estas prácticas hablaban de una prostitución encubierta y privada, que en cierto modo era permitida. El problema era cuando la actividad pasaba las fronteras del hogar y se convertía en “fama pública” y esta actividad era el origen de escándalos que acababan en denuncias y en procesos.

Marie Costa recoge en Les dones casos como el Salvadora Baucis, mujer de Joan Baucis, que “vivía escandalosamente dando ocasión a que diferentes personas vivieran divertidas y con poco temor de Dios”, entre ellos explica que con Josep Vallpulleras “va fer mal son cos i va tenir tractes carnals durant més o menys tres anys ab Francesch Vinyals duran set o vuit anys i ab altres homes”. Según explicaron los testigos en su proceso, entraban a visitar a Salvadora “diferents homens amagadament”, aprovechando la hora de misa.

El sexo y las enfermedades venéreas estaban a la orden del día, por lo que se crearon hospitales para tratar a los afectados, casas de acogida e instituciones de caridad, pensando en la posibilidad de redención gracias a la reclusión. Con todo, lo mejor apunta la investigadora, era que para evitar cualquier sospecha la mujer no viviera sola, como si todas las mujeres, por el simple hecho de serlo, fueran sospechosas de ejercer la prostitución.