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OPINIÓN

Tres retos y dos dilemas

Tenemos no más de cinco años para recuperar algunos de los principios socioeconómicos del modelo exitoso de los 60 a 80 y adaptarlos

Me preguntaban hace unos meses en una reunión en Bruselas cuáles creía yo que eran los problemas más importantes que teníamos los países de Europa para los próximos años. Sin seguridad de estar en lo cierto, respondí que debíamos hacer frente a cuatro retos: la amenaza del terrorismo yijadista; la recuperación urgente de la competitividad y la equidad de nuestras economías; los problemas generados por nuestro desfasado modelo energético, y los derivados del envejecimiento de nuestras poblaciones. Sobre estos temas, y otros, se están publicando estos años gran número de estudios, informes, (¡y hasta encíclicas!); pero no parece que se estén tomando, en los organismos adecuados, las medidas oportunas. No me siento en condiciones de hablar sobre el primero. Aclaro un poco más los otros tres, y me pregunto cuáles son los instrumentos adecuados para responder a ellos.

1. Competitividad y equidad. Las economías europeas han perdido competitividad en los últimos 30 años y, aunque sigan generando beneficios, producen menos valor real. Las causas están en la desindustrialización, la falta de crecimiento de la productividad, la disminución de la capacidad innovadora y el crecimiento de la actividad financiera y especulativa. Todo ello ha provocado una creciente apropiación de rentas por parte de los propietarios del capital, que ha generado importantes aumentos de desigualdades no compensados por un sistema fiscal cada vez más regresivo. La desigualdad y la polarización perjudican la productividad, al disminuir el stock de capital humano y la cohesión social.

La desigualdad y la polarización perjudican la productividad, al disminuir el stock de capital humano y la cohesión social

El modelo de los años 90 nos ha llevado a la crisis…Tenemos no más de cinco años para recuperar algunos de los principios socioeconómicos del modelo exitoso de los años 60-80 y adaptarlos a las realidades geopolíticas y tecnológicas de los 2015-2020.

2. Energía y cambio climático. La energía es el imput absolutamente imprescindible para la vida y para el bienestar. Unos 800 millones de personas (en Europa y en EE.UU.) hemos estado disfrutando, durante dos siglos, de una herencia energética en forma de carbón, petróleo o gas. Cada vez somos más concientes de tres novedades: ya no somos 800, sino 3 o 4.000 millones los que quieren participar en el reparto; estamos empezando a ver cercanos los límites de la herencia; y además el resultado de quemar estos productos genera tanto CO2 que está cambiando el clima del planeta. Por todo ello, tenemos no más de 20 años por delante para abordar un segundo reto.

Se trata de cambiar el modelo energético. Hay modelos alternativos posibles, disponibles y mucho mejores. El nuevo modelo debería estar basado en cuatro principios: 1. Utilizar directamente la energía del sol y del viento, inagotable, gratuita y limpia. 2. Generar energía de forma distribuida y más cercana al consumo. 3. Mucha más eficiencia en su transformación y en su uso. 4. Ahorrar, evitando el despilfarro.

3. Demografía y envejecimiento. La baja natalidad y el alargamiento de la vida están provocando un cambio demográfico importante. Se puede actuar positivamente sobre el primer fenómeno, o compensarlo con la inmigración; pero no sería lógico actuar sobre el segundo… La adaptación a esta nueva situación supone afrontar un tercer reto: modificar el actual sistema de financiación por reparto de las pensiones públicas, ya que ha cambiado la proporción entre activos (que cotizan) y pasivos (que reciben); y tomar medidas para evitar un crecimiento excesivo del gasto sanitario provocado por el encarecimiento de los tratamientos y la cronificación de los mismos. No sé si nos queda tiempo…

4. Dilemas. ¿Cuáles son los mejores instrumentos políticos que necesitamos para afrontar estos grandes retos? Viviremos unos años excitados por dos dilemas, a dos niveles: ¿Una Europa integrada de tipo federal, o algunos pasos hacia atrás con devolución de competencias a los Estados? ¿Una Cataluña independizada de España, o una solución federal que reconozca la identidad nacional catalana?

Llevamos años discutiendo sobre diversas fórmulas de organización territorial, tanto en Cataluña como en otras partes de Europa, pero no he visto que estas discusiones se centren suficientemente en los problemas que hay que resolver, sino más bien en apriorismos a veces poco racionales, tanto en un sentido como en el otro.

Joan Majó es ingeniero y exministro