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La política de pactos persigue a los candidatos a la alcaldía de Barcelona

Los siete cabezas de lista en las municipales se enzarzan sobre el modelo de ciudad y las alianzas postelectorales

Trias, Fernández, Colau, Mejías y Lecha, entrando en el debate
Trias, Fernández, Colau, Mejías y Lecha, entrando en el debate

El debate entre los siete candidatos a la alcaldía de Barcelona que han organizado conjuntamente TV-3 y Catalunya Ràdio ha destacado por la preocupación de los principales favoritos a la alcaldía por los pactos tras las elecciones. Bajo la fórmula inicial de hacer preguntas unos a otros -pero sin revelar hasta el final quien era el autor-, se ha apuntado a una política de acuerdos ante un probable fragmentado resultado electoral. La cuestión de las alianzas se ha reiterado en otras intervenciones de los candidatos. Ada Colau, de Barcelona en Comú, ha preguntado al socialista Jaume Collboni si descartaba pactar con el actual alcalde y candidato a la reelección por CiU, Xavier Trias: "Mi compromiso es hacer gobierno si gano las elecciones. No tengo en la cabeza entrar en otro gobierno pero tampoco bloquearé la ciudad desde una barricada por falta de diálogo", ha contestado el líder del PSC. Carina Mejías, de Ciutadans, ha inquirido a Alberto Fernández Díaz si estaba orgulloso del apoyo que el PP ha dado al mandato de Trias: "He apoyado al alcalde cuando hemos valorado que eran cosas positivas para la ciudad pero no cuando cedió en el conflicto de Can Vies –la paralización del desalojo de la casa ocupada en Sants- ni tampoco por su subordinación al presidente de la Generalitat", le ha contestado Fernández Díaz.

El candidato de ERC, Alfred Bosch, y Trias no han escondido la buena sintonía entre ambas formaciones, tanto en el mandato que ahora expira como de previsiones de futuro: "Compro", ha espetado Trias cuando Bosch ha enumerado algunas de sus prioridades: "proceso nacional y progreso social". "Me alegro de que comparta las prioridades pero yo quiero ser alcalde",ha matizado Bosch rápidamente a quien también Trias le ha preguntado si revalidaría el apoyo que ha tenido del  republicano Jordi Portabella en buena parte de los cuatro años que ha gobernado la ciudad. Ni sí ni no y Bosch ha evitado mojarse: "siempre en beneficio de Barcelona".

La pobreza que se ha instalado en barrios de la ciudad, el modelo de desarrollo –turismo frente a economía industrial y sostenible- y el paro han sido los temas en los que más se han enzarzado. Trias ha vendido una ciudad con problemas de desempleo –heredados o provocados de la gestión anterior de los socialistas en el Ayuntamiento, pero sobre todo del tripartito anterior a la llegada de Mas a la Generalitat, en su opinión - pero también de éxito: "somos una ciudad que atrae 7.200 millones de euros de inversión extranjera, somos la tercera ciudad europea en inversión que viene de fuera". Una Barcelona que no tiene nada que ver a esa visión es la que ve la candidata de la CUP, Maria José Lecha: "No somos la ciudad que se pretende de escaparate mundial, somos una ciudad referente de pobreza que impactaba en un 16% de la población en 1979 y ahora la sufre más del 20%, porque estamos en una ciudad capitalista que produce una pobreza cronificada".

Colau es contraria a un modelo de ciudad que, según ha opinado, rinde pleitesía al turismo: "Barcelona tiene mucho dinero y mueve mucho dinero que hay que repartir con una economía de buenas prácticas. No se puede intentar privatizar los servicios básicos, como la tele asistencia, no poner en peligro las guarderías públicas cuando tienen más de un 40% de demandas que atender". "Y que quede claro que estoy orgullosa de mi activismo social" ha espetado Colau a una de las invectivas de Fernández Díaz, que le ha recordado su irrupción en un acto de ICV vestida de supervivienda. Collboni le ha inquirido a Trias por qué había disminuido la inversión en los barrios de Barcelona con unas cuentas saneadas: "nuestra prioridad es volver a invertir en los barrios y crear 30.000 puestos de trabajo que es una cifra que es posible y no queremos entrar en la subasta de cifras".

Debate sobre ciudad, pero debate, también, sobre Barcelona capital de Cataluña como autonomía o de un estado independiente. La cuestión soberanista se ha colado con fuerza cuando Bosch ha formulado una pregunta directa a Colau:  "Quiero que aclare cuál es su postura, ¿está favor de la independencia sí o no?"

La respuesta de Colau ha evidenciado que en la coalición que lidera no hay una posición unitaria: "Yo voté "si, si" en la consulta del 9N porque estoy convencida de que el modelo de entendimiento con el Estado está agotado pero yo no soy independentista. Nosotros nos comprometemos a someter a consulta si la ciudad se suma a la asociación de municipios por la independencia (AMI). Lo que tenemos claro es que hace falta que se respete la soberanía real de las personas que está marcada por las condiciones de vida y no por la política de los recortes y eso está claro que no vendrá de la mano de CiU ni la del PP".

Trias y Bosch se han mostrado de acuerdo en un punto: a Barcelona, como ciudad, le iría mejor siendo capital de un Estado que no formando parte del Estado español. "Siempre que saco el tema de la independencia se enfadan, pero es un hecho que la ciudad tendría 3.000 millones más si se redujera el déficit fiscal que arrastra el Estado con Cataluña", ha afirmado el líder de ERC. "Uno de los problemas graves que tenemos es que dependemos de Madrid para muchas cosas, por ejemplo las grandes infraestructuras, y si superamos ese grado de dependencia tendremos más capacidad de dirigir", ha asegurado Trias. Los socialistas no están por la independencia: "No defendemos la independencia como solución , pero tampoco que no se toque nada, estamos por un cambio. Es importante definir el modelo porque hay grandes inversiones que sí dependen del Estado y de los fondos de la Unión Europea", ha señalado Jaume Collboni, alcaldable del PSC.

No está reñido un modelo de progreso social con la independencia, ha venido a decir Maria José Lecha en nombre de la CUP: "En Barcelona se debe dar el poder a los barrios y que el gobierno de la ciudad esté al servicio de las personas porque ese es el proceso democrático de una sociedad de izquierdas e independiente". Los candidatos del PP, Alberto Fernández Díaz, y la de C's Carina Mejías –que fue regidora popular en el consistorio barcelonés y compañera de bancada de Fernández Díaz- sí que están de acuerdo en un rotundo "no" a la independencia: "Lo que está en juego es la ciudad y las elecciones municipales no se pueden leer en clave plebiscitarias, ahora no toca ese debate", ha mantenido Fernández Díaz. "La independencia supondría inestabilidad de inseguridad económica y jurídica y nadie vendría a invertir a Barcelona", ha zanjado Mejías.

El debate estaba planteado a siete -incluía a las candidatas de la CUP y Ciutadans, excluidas del de BTV por los bloques electorales -pero las voces de los candidatos de CiU, PSC, ERC y PP se han oído más que las de Colau, Lecha y Mejías, básicamente porque ellos interrumpían más que ellas, tal como ha señalado la candidata de la CUP.

Una novedad navideña

Tomàs Delclós

Catalunya Ràdio y TV-3, con desconexiones territoriales, han hecho esta mañana debates simultáneos en las cuatro capitales catalanas. Y han invitado, además de los habituales, a Ciutadans y la CUP, en función de su representación parlamentaria y no municipal. Bien hecho.

El de Barcelona lo ha moderado Mònica Terribas. Lo ha dicho al principio: quería debate de verdad, sin un turno protocolario de preguntas y que el empuje dialéctico de los candidatos le ahorrara trabajo. Lo consiguió a medias por esta fatal ley que dice que quien replica lo tiene que hacer pisando las palabras del otro. Lecha ha teorizado que, vista la conducta de los invitados, se trata de un vicio masculino. Una teoría suscrita por la moderadora. En todo caso, esta voluntad loable de hacer un debate sin monólogos y rigidez ha dado trabajo a Terribas. Más de una vez la hemos visto gesticulando como un director de orquesta intentando dar una entrada ordenada a los violines. De hecho ha tenido un protagonismo imprevisto, resumiendo y explicando qué decían los ponentes. Un resumen que Colau ha corregido una vez a propósito del sí/sí. Lo más desconcertante , en particular para Collboni, ha sido que le pidiera un número porque Catalunya Ràdio lo necesitaba para el Enigmàrius. Una rara intromisión de las necesidades de programación del anfitrión.

A la espera de este debate ordenado, que es diferente del jaleo, que algunas veces hubo, no demasiadas, la realización presentaba la pantalla partida con una doble imagen: de quien hablaba y del aludido. Esto ha dado una cuota notable de apariciones pasivas a Trias, cosa que no sé si es favorable porque, sin decir nada, el lenguaje corporal puede perjudicar.

Las televisiones, y se debe agradecer, miran de encontrar fórmulas para que los debates electorales no sean recitativos de mensajes precocinados. Que sean más tertulia. La Corporació también lo ha intentado. Por ejemplo, planteando una pregunta “del adversario invisible”, una idea muy navideña. En todo caso, Terribas, y esto es saludable, le sacó solemnidad a la cosa.

El programa ha sido trending topic y la cuota de corbatas, con respecto al primer debate de BTV, ha crecido. Collboni también ha lucido una.