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El Supremo reconoce a la hija secreta de un terrateniente con la criada

Una magistrada ya dio la razón a la mujer, que reclama un legado de hasta 15 millones

Sofía, la hija no reconocida del terrateniente y la sirvienta. Ampliar foto
Sofía, la hija no reconocida del terrateniente y la sirvienta.

Es la luz en una historia heredada de la España profunda. La hija no reconocida de un terrateniente andaluz con una sirvienta de su cortijo sevillano tiene las puertas abiertas para reclamar una herencia que podría rondar entre 10 y 15 millones de euros. El Tribunal Supremo ha ratificado la sentencia de una juez de Sevilla por la que, en 2013, confirmó que Sofía Reguera era hija biológica de aquel ganadero adinerado. El fallo se basa en la coincidencia del 99% en el ADN entre hermanos. “Estoy muy contenta. Me da una alegría tremenda. Quería que se me reconociera como su hija por mí misma, y económicamente por mis tres hijos”, dice Sofía a sus 64 años. El alto tribunal ha dictado un auto por el que inadmite el recurso del único hijo legítimo y heredero del terrateniente.

Esta sevillana, dueña de una pequeña tienda de ropa en la localidad sevillana de El Coronil, ha acudido al Registro Civil con el auto en la mano para cambiar sus apellidos sin titubear. Ahora dice que estrena nuevo DNI, en el que asegura que se lee Sofía Benítez-Cubero Reguera. Es la consecuencia de una batalla legal que culmina con el apellido de su padre en primera posición. “¡Es una satisfacción muy grande ver que me identifico así!”, exclama la mujer. “Esto es ponerle fin a ocho años de lucha, no hay nadie que pueda negar que soy su hija”, dice la recién nombrada Benítez-Cubero.

La juez de primera instancia de Sevilla ya sentenció, en 2013, que ella era hija biológica del terrateniente; dio por certera la historia de amor que surgió entre sus padres a finales de los años cuarenta del siglo pasado; vio relevante que Sofía se llame Sofía, como su abuela paterna, hecho que estimó como “una circunstancia que no puede pasar desapercibida en aquella época”; y fue definitivo que las pruebas de ADN diesen un 99,9% de compatibilidad entre hermanos.

El examen pudo realizarse a pesar de que el heredero reconocido incinerase los restos mortales de sus padres y sus abuelos en 2008, tres meses después de que Sofía decidiera llevar a los tribunales este caso, un gesto que la magistrada también tuvo en cuenta para dictar sentencia. El heredero optó por recurrir el veredicto a la Audiencia de Sevilla y al Supremo. “Pero ya se ha desbloqueado todo y este auto dará vía libre para reclamar la herencia, que debe ser la mitad de los bienes. Es difícil hallarla al completo, pero podría rondar entre los 10 y los 15 millones”, detalla Fernando Osuna, abogado de Sofía.

Según avanza el letrado, su clienta tendrá derecho a tres herencias: la de su padre, que murió joven sin dejar testamento, y la de sus abuelos paternos. “Reclamaremos en la demanda una herencia amplia, porque intentaremos solicitar parte del patrimonio, más el fruto generado del trabajo y las rentas en estos años”, detalla la nieta del terrateniente y la sirvienta, que también se llama Sofía y prefiere no cambiarse los apellidos. “Mis dos hermanos se van a poner Benítez-Cubero, pero yo prefiero quedarme con los de mi abuela materna”, dice Reguera.

Ahora ella tiene empleo, uno de sus hermanos trabaja de camionero y el tercero, de 23 años, está en paro. “Mi hijo pasa muchísimas horas en el camión y el pequeño lleva tres años en paro. Con esta herencia podrían rehacer su vida”, cuenta esperanzada Sofía Benítez-Cubero con su estrenado apellido. “También podríamos tener una casita en el campo para reunirnos la familia”, imagina. Sofía ha ganado una batalla, pero continúa su lucha para dar luz a su historia heredada de la profundidad, hasta que se ejecute la sentencia en la que reclama su herencia.

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