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Los acusados de inducir al doble crimen de Càlig irán a juicio

El empresario gallego que mantuvo una relación con la joven asesinada se sentará en el banquillo una década después de las muertes. Un juez condenó al sicario en 2008 a 44 años de prisión

“Yo, Yalennys Valero, por medio de la presente y con todas mis facultades físicas y mentales (…) quiero dejar por escrito que si en un futuro me sucede algo con respecto a mi persona, estoy segura de que el único responsable es Isauro López. Esta seguridad es a causa de su amor obsesivo y posesivo hacia mi persona, no dejando mi vida en libertad, amenazándome de que, si lo dejo, mi final será en un prostíbulo, drogada y muerta. Así declaro mi realidad por si mañana mi hermana Zairet tiene que hacer uso de ella”. Yalennys, una joven cubana, le dejó esta carta a su hermana cuando fue a visitarla a Italia en abril de 2004. El 12 de junio de 2005 su cuerpo fue hallado sin vida junto al de otro joven, Juan Manuel. Estaban en la casa de ella, en Càlig (Castellón), maniatados y con dos tiros en la cabeza. Ella tenía 23 años, él 25.

Diez años después de este doble crimen, el juzgado de Primera Instancia e Instrucción 1 de Vinaròs ha abierto juicio oral contra este hombre, un empresario gallego que se enamoró de Yalennys en Cuba y la trajo a España. Está acusado de ser quien incitó los asesinatos contratando a un sicario a través de un mediador, que también irá a juicio. La familia verá así por fin sentado en el banquillo a la persona a la que siempre han apuntado como el responsable de los asesinatos. Así lo dijeron durante el juicio celebrado en noviembre de 2008 contra Emilio P., la persona que ha sido condenada a 44 años de prisión por ser uno de los autores materiales de los crímenes (los investigadores siempre han sostenido que en la casa había más personas que no han podido ser identificadas).

La fiscal concluyó en el juicio que Emilio fue el autor de los asesinatos, que el móvil fue económico y que obtuvo por ellos 36.500 euros. En aquellas sesiones, la fiscal manifestó que no podía sentarse en el banquillo una persona “solo por una carta si no existen pruebas” y que las sospechas de que las muertes fueran por encargo eran “meras hipótesis”, pero avanzó que el caso se reabriría si aparecían nuevos indicios. Poco después, en mayo de 2009, Isauro (apodado El Gallego) fue detenido en su empresa compostelana. En esa época, agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detuvieron en Castellón a Manuel Antonio M, apodado El Gordo, en un gimnasio del centro de la ciudad. Sobre él pesaba la acusación de haber sido quien supuestamente actuó de mediador entre el empresario gallego y el sicario, con quien coincidió en prisión. Pero no había ninguna prueba que le relacionara con Isauro, la persona que durante años había mantenido una posesiva relación con Yalennys.

En el auto de apertura de juicio oral, facilitado por el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Comunidad Valenciana, se habla de un testigo clave que declaró que Isauro y ‘El Gordo’ mantuvieron un encuentro en el aparcamiento del Náutico de Castellón en enero de 2005. “Esta declaración reviste especial importancia en tanto que permite establecer una relación entre quien ha sido acusado como inductor (Isauro L.) y quien ha sido acusado como cooperador necesario por haberse encargado de buscar a quienes ejecutaran los hechos (Manuel Antonio M.)”, recoge el auto. Era la conexión que faltaba.

El escrito narra la tormentosa relación entre Yalennys e Isauro, el control al que ella y su familia estaban sometidas, las amenazas contra quienes salieran con ella, el control de sus llamadas telefónicas… Incluso se habla de que en la casa había micrófonos. La joven decidió cortar la relación, que todavía mantenía por miedo a él, a finales de 2004. “Isauro L., despechado, enfurecido y humillado, decidió acabar con la vida de las hermanas Yalennys y Yairet Valero, a quien también había amenazado en diversas ocasiones y a quien consideraba en buena medida culpable de la ruptura, contratando para ello a los sicarios que fuese necesario”, expone la juez.

Fue así, relata, como contactó con El Gordo y este con Emilio P., el único condenado hasta la fecha. Tras días de vigilancia, Emilio entró en el domicilio de las hermanas en Càlig y permaneció dentro a la espera de que regresaran de una noche de fiesta. Pero Yalennys no regresó con su hermana porque tuvieron un accidente de tráfico regresando a casa y llamaron a unos amigos. Yalennys se acercó al domicilio con Juan Manuel para recoger los papeles del seguro. Los dos fueron asesinados.

Los agentes dieron con el sicario al hallar unas colillas en la tubería del lavabo. La casualidad quiso que el ADN ya estuviera fichado por un suceso en una azulejera de L’Alcora. El cerco se estrechó sobre Emilio cuando este huyó a los pocos días después de que la guardia civil citara a los trabajadores para una prueba de ADN en la que participó. La prueba dio positivo así que los investigadores concluyeron que ese trabajador era la misma persona que había estado en la casa durante la noche del crimen.

Diez años después del suceso, el empresario gallego y el supuesto mediador serán juzgados por un jurado popular. La juez ha establecido una fianza de 333.333 euros.