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La venta de NCG se aceleró por una previsión fallida

Una consultora urgió al FROB a subastar el banco gallego porque se depreciaría

Los beneficios de los compradores en un año superan el precio que pagaron

El presidente del FROB, Fernando Restoy.
El presidente del FROB, Fernando Restoy.

La polémica privatización de Novagalicia Banco (NCG), una entidad vendida por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) por apenas mil millones de euros a unos inversores —Grupo Banesco— que acaban de obtener en su primer año de operaciones 1.157 millones de beneficios, se realizó de forma “acelerada” en diciembre de 2013 porque una consultora internacional advirtió al organismo estatal que en 2015 su valor ya se habría “erosionado”. Así lo ha confesado el Gobierno central en una respuesta a la parlamentaria socialista Laura Seara, quien tacha de “escandalosa” la revelación. “El Gobierno de Rajoy regaló NCG a partir de un informe que, en su interpretación más benévola, fue erróneo”, subraya la diputada del PSOE en el Congreso.

El FROB nacionalizó en 2011 NCG, el banco resultante de la fusión de las dos cajas gallegas y que funciona hoy en día como Abanca, y le inyectó 9.000 millones de dinero público para sanear los estragos que la burbuja inmobiliaria había dejado en sus cuentas. En marzo de 2013 la comisión rectora de este organismo dependiente del Gobierno central, presidido por Fernando Restoy, adjudicó a la consultora estadounidense McKinsey, en colaboración con el banco de inversión japonés Nomura, un informe sobre posibles “estrategias de gestión” de las entidades nacionalizadas tras el crack financiero español. Pese a que había plazo hasta 2017 para ello, la conclusión sobre NCG fue precipitar la venta porque, según esgrimía el dictamen pagado por el Gobierno central, se avecinaba una supuesta depreciación del valor del banco. “McKinsey planteó la desinversión acelerada como la mejor estrategia posible, dado que esperar al año 2015 podría erosionar significativamente el valor de la entidad”, explica el Ejecutivo de Mariano Rajoy en su respuesta parlamentaria. Pero el tiempo no le dio la razón a la poderosa consultora internacional.

Fue otra entidad privada la que precipitó finalmente la subasta de Novagalicia Banco y su paso de público a privado. El FROB confió al BNP Paribas el análisis de la “situación económico-financiera” del banco gallego nacionalizado y del “apetito del mercado”, relata el Gobierno, y con ese estudio el organismo público “decidió que se daban las condiciones para lanzar el proceso de venta”. Fue el propio BNP Paribas el que, como “asesor financiero” del FROB, invitó “a los interesados” a presentar ofertas por el 88,33% de la entidad que nació de la frustrada fusión de Caixa Galicia y Caixanova. El elegido para hacerse con NCG fue el grupo venezolano Banesco, propietario ya del también gallego Banco Etcheverría, que se impuso a otros cinco aspirantes. El 18 de diciembre de 2013 se adjudicó la venta. Banesco se comprometió a pagar un total de 1.003 millones de euros por la principal entidad financiera de Galicia, a la que bautizó como Abanca y con la que, en contra de los malos augurios de la consultora que aceleró la privatización, se embolsó en solo un año más de 1.200 millones de beneficios.

“Lejos de perder valor, la entidad lo ganó en un año. Para garantizar la limpieza de la operación el Gobierno de Rajoy tiene que hacer público el informe McKinsey”, reclama Laura Seara, quien ha pedido oficialmente al Gobierno el estudio que llevó al FROB a acelerar la subasta de NCG. La diputada socialista recuerda que el de McKinsey es el segundo informe erróneo que jalona la gestión de la entidad que más ahorro gallego atesora. El primero lo redactó a principios de 2010 KPMG, a quien la Xunta contrató para evaluar si sería viable una fusión de Caixa Galicia y Caixanova. La consultora dio alas con su estudio a una integración que se estrelló en apenas un año. Por aquel trabajo el Gobierno de Feijóo le pagó un millón de euros a KPMG.