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Barcelona acoge el primer laboratorio de certificación chino en el extranjero

La empresa estatal china CCIC invierte cuatro millones de euros en el nuevo centro

La empresa estatal China Certification & Inspection Group (CCIC) ha inaugurado este lunes en L'Hospitalet de Llobregat su primer laboratorio de certificación y acreditación fuera de las fronteras del gigante asiático. La compañía que inspecciona y aprueba las mercancías que se importan en el mercado chino ha invertido dos millones de euros en la primera fase de CCIC Europe Testing, durante la cual trabajará de forma exclusiva con el sector de la automoción. La segunda —que se pondrá en marcha en los próximos años y a la que dedicará otros dos millones— consistirá en extender las certificaciones a productos textiles, materiales de ciencia, construcción e industria química.

El laboratorio se ubica en el polígono industrial de la Pedrosa y supone una oportunidad de "convertir Barcelona en el centro de operaciones empresariales China-Europa", según ha destacado el alcalde de la ciudad, Xavier Trias. CCIC mantiene una sucursal con oficinas en la capital catalana desde 1994, a la que ahora se suma este nuevo centro que, según el edil, "ha creado 10 puestos de trabajo y generará otros 20 en los años siguientes".

El centro también certificará los productos provenientes del norte de África y América, según han indicado fuentes de la empresa. El titular del Departamento de Empresa y Empleo, Felip Puig, ha asegurado que albergar el laboratorio de CCIC no solo incrementa las posibilidades de las firmas catalanas de acceder al mercado chino, sino que también les ayudará a entrar en contacto con inversores. "Si bien la Unión Europea continúa siendo el principal destino de las exportaciones de Cataluña, estas van a menos mientras que las que se hacen a países emergentes, como China, se incrementan", ha afirmado.

La vicepresidenta de CCIC Group, Wang Keijao, ha asegurado que este laboratorio ayudará a la compañía a ofrecer un "servicio cercano y rápido a los clientes europeos, con certificaciones que se adecúan tanto a las normas europeas como chinas, superando así las barreras históricas que nos separan". Hasta ahora, los productos debían ser enviados a China para obtener la certificación de calidad que les permitía ser comercializados en dicho país.