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ANÁLISIS

Votar, decidir, opinar

Estos municipios constituyeron hace unos 20 años una mancomunidad para gestionar servicios y siempre han manifestado su voluntad de convertirse en una nueva comarca

El país vive momentos extraños. Votamos y no pasa nada. O no bastante. O no lo que se espera que pase. La razón es que —cabe decirlo— votar no es suficiente. Hacerlo de forma que tenga consecuencias es la clave. Tenemos tanta prisa para votar y decidir (y tantas razones para hacerlo) que olvidamos que cuando los votos no tienen consecuencias políticas —y tampoco jurídicas— estamos menguando el potencial democrático del voto. En una nueva urgencia política, ayer estaban convocados 10.861 habitantes (a partir de los 16 años) de los municipios del Moianès para opinar —que no decidir— sobre su futuro como comarca. Obviamente, el resultado no es vinculante e, incluso, se ha acordado que si los habitantes de un municipio lo rechazan, el proceso seguirá adelante sin estos municipios.

El geógrafo y pedagogo Pau Vila, autor de la división de Cataluña en comarcas, hecha por encargo de la Generalitat republicana, escribió: “Podríamos decir que la división territorial vigente es el resultado de una elaboración democrática a través del siglos, por cuanto ha sido el pueblo quien ha abastecido con una aportación multisecular los elementos básicos para realizarla”. Es decir, para el maestro Vila, la geografía política —la que se convierte en ordenación territorial— es un hecho social, no morfológico. Lo más relevante no es si este territorio es o no es una comarca, sino que lo quiere ser. Es decir, que la realidad depende de la voluntad. No es solo geografía, es política.

La consulta ciudadana del Moianès para constituirse como comarca no es un tema menor. En primer lugar, porque la voluntad de los diez municipios de organizarse como una nueva realidad territorial significaría una reordenación de tres comarcas más: Calders, l'Estany, Moià (capital), Monistrol de Calders y Santa Maria d'Oló son del Bages; Castellcir, Castellterçol, Granera y Sant Quirze de Safaja pertenecen al Vallès Oriental; y Collsuspina, a Osona. Estos municipios constituyeron hace unos 20 años una mancomunidad para gestionar servicios —el Consorci del Moianès—, y siempre han manifestado su voluntad de convertirse en una nueva comarca; una reivindicación con raíces históricas en los trabajos sobre la división territorial de Cataluña de Pau Vila de de la Segona República.

En segundo lugar, porque el Gobierno de la Generalitat, después de que el Parlament aprobara el octubre pasado una moción para urgir este proceso, (con los votos de CiU, ERC, PSC y ICV, la abstención del PP y la oposición de Ciutadans) decidió acelerar el procedimiento establecido para crear una comarca (acuerdo de los plenos de los municipios afectados y ley del Parlament) añadiendo una consulta ciudadana. Y aquí está el problema, porque la decisión política de no usar la Ley de Consultas Populares por vía de referéndum (del Gobierno del Presidente Montilla, que no está suspendida por el Tribunal Constitucional, y que obligaría a hacer la petición al Gobierno del Estado) aboca estos procesos a los planes B que pueden provocar todavía más insatisfacción y frustración. De forma que se ha pasado directamente a un “proceso participativo” al estilo del 9-N, en el cual el departamento de Gobernación proporciona los medios y la Diputación de Barcelona también colabora.

Y finalmente, porque todo ello, bien lejos de la necesaria y siempre aplazada reflexión, debate y decisión sobre la organización territorial óptima de Cataluña, esta consulta (que se tiene que inscribir en la larga tradición comarcalista, muy sentida en la Cataluña interior) se enmarca en la lucha y rivalidad de las fuerzas políticas en el territorio. Y también en la oposición generalizada a la LRSAL (Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración local), que es un nuevo ejemplo de la política recentralizadora del Gobierno del Estado.

Cataluña puede caer en la irrelevancia si no sabe administrar su fuerza, que no siempre se muestra cuando se mide. A veces, la hipótesis y la amenaza de votar tiene más trascendencia política que el hecho de hacerlo, si no tiene consecuencias. Signos de los tiempos. En la política, la posibilidad es más transformadora que su ejecución, si esta es estéril. Una nación pequeña, pero milenaria, tendría que ser consciente de su fuerza histórica y no reducirla poniéndola a prueba cuando las circunstancias son adversas.