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Mamá, quiero ser artista

Formarse como actor, músico o bailarín también es posible en los años de bachillerato

Clase de interpretación en el IES Rayuela, de Móstoles. Ampliar foto
Clase de interpretación en el IES Rayuela, de Móstoles.

Carlota iba para médico. Acababa de terminar la ESO con una nota media de 8,52 y sus padres esperaban que continuara sus estudios en su instituto, donde siempre destacó en la rama científica. Pero poco tiempo antes, a Carlota se le había abierto un mundo. Alguien le contó que hay tres institutos en Madrid que imparten un bachillerato del que no había oído hablar, en el que se estudia música, interpretación y danza. Música. Carlota vio entonces girar su futuro. Tras años de estudiar guitarra y canto en horas extraescolares, supo que había llegado el momento de seguir su vocación de forma curricular.

Sus padres acabaron por apoyarla. Con 16 años, hoy cursa primero en el Bachillerato de Artes Escénicas, Música y Danza del IES Lope de Vega, uno de los tres institutos públicos que lo imparten en la capital; siete, en la Comunidad. “A menudo se olvida que es ante todo un bachillerato, y comparte sus objetivos con el resto de modalidades”, explica Susana Figueroa Conde-Valvís, profesora de Música del centro. Es decir, quien quiera entrar a cualquier carrera de la universidad puede hacerlo tras cursar estos estudios, cuyas notas cuentan para la selectividad igual que las de los bachilleres tradicionales.

Estos estudios comparten sus objetivos con el resto de modalidades

“Muchos se arrepienten en los primeros días porque creen que esto es como Disney Channel”, cuenta Daniel Río, director del IES Rayuela, de Móstoles. “Piensan que se van a pasar todo el día bailando por los pasillos… y no. Sí que tenemos actividades artísticas, pero al final tienes que aprobar las asignaturas. Los que entran pensando que esta es la forma fácil de estudiar, se dan un castañazo”.

“Las ciencias y los saberes humanos son muchos, aquilatados durante siglos”, dice Susana Figueroa. “Los bachilleratos los conservan y los transmiten: analizar La consagración de la primavera, de Stravinsky, o descubrir el teatro del absurdo contribuye a que el alumno alcance la madurez intelectual y humana”. A eso apunta esta modalidad, que nació con la LOE, en 2006, con el fin de responder al interés de un tipo de alumnado muy particular.

Una actriz de Goya

La actriz Alba García.
La actriz Alba García.

C.H.

Las aulas del IES Rayuela se abrieron para Alba García cuando ya había rodado Verbo, la película que protagonizó junto a Miguel Ángel Silvestre en 2011 y que le valió una nominación al Goya a la mejor actriz revelación. Todo llegó de golpe. Llevaba años estudiando violín en el Conservatorio el verano en que supo que existía el Bachillerato de Artes Escénicas, echó la solicitud y le salió la oportunidad de rodar el filme. Tras ello vino una miniserie y la segunda temporada de Isabel, la exitosa serie de TVE, donde interpretó a una reina mora.

Este bachillerato ¿sirve para el que quiere dedicarse a este mundo? ¡Claro que sí! Tanto para músicos, como para actores y bailarines. Yo quedé muy satisfecha con todo lo que aprendí a nivel audiovisual, por ejemplo. Tuve la suerte de contar con profesores que entendían mucho porque habían estudiado también interpretación o eran actores. Y aprendes de ellos.

¿Cuál fue tu reacción cuando supiste que esta modalidad peligraba? Creo que fue el reflejo de los intereses particulares de los que gobiernan. Quieren que se formen personas iguales, como hormiguitas de una cadena productiva. Pero poco a poco eso va cambiando desde dentro. Es una pena que desde pequeños la asignatura de música, por ejemplo, sea como de relleno. La creatividad es importante también para la vida, para luego aplicarla a la hora de tomar decisiones. La educación ya desde bien temprano debería estar más en contacto con el tema artístico y creativo. No se puede tener a un niño de seis o siete años sentado en un pupitre no sé cuántas horas al día.

Ahora, la actriz se encuentra preparando un montaje escénico para el Festival de Teatro Surge Madrid, que empieza en mayo. “Es mi primera cosa significativa en teatro y estoy como loca”, confiesa. Además, el año pasado protagonizó la película dominicana Una breve historia de amor, cuya promoción iniciará a finales de este mes.

“Es un perfil muy vocacional”, especifica la directora del Lope de Vega, Esmeralda García Sánchez. “A veces cuesta entrar en ellos con asignaturas como Historia o Filosofía, pero después tienen un rendimiento extraordinario. Son chavales muy dedicados a lo que les gusta y para el profesorado motivarlos significa un esfuerzo adicional. Hay que entrarles por donde a ellos quieren: despertar su interés”.

Esa receta y la conjunción de sus dos pasiones –música e interpretación– fue lo que condujo a Aníbal Tártalo, de 18 años, a matricularse en el Rayuela. “Se aprende una barbaridad”, asegura, aunque él llegó a las aulas tras años de experiencia. Su papel de Piojo en Zipi y Zape y el club de la canica fue su última aparición en el cine, pero lleva “desde muy pequeño” actuando en cortometrajes.

“Me interesa el teatro musical, entonces me ha venido genial”, cuenta. “Pero está un poco generalizado: meten bailarines, músicos y actores en un solo bachillerato y a lo mejor uno no quiere saber nada de las disciplinas del otro y se las tiene que estudiar. Hay que afinar”. En todo caso, recomienda vivamente elegir este bachillerato si uno quiere dedicarse “a este mundo”.

Cuestión social

Esta demanda fue lo que llevó al Colegio Calasancio a ampliar su malla curricular el año pasado y convertirse en el primer centro privado de Madrid que imparte el Bachillerato de Artes Escénicas, Música y Danza. “Queremos abarcar todas las inquietudes, las inteligencias múltiples”, explica José María García-Baquero, su director. “Es una cuestión social: si trabajamos para que haya buenos médicos y abogados, ¿por qué vamos a dejar en la cuneta a quienes tienen otras inquietudes y talentos? Por eso nos arriesgamos a ponerlo en marcha a pesar de las dificultades”.

Las dificultades a las que se refiere convirtieron en 2012 a esta rama de la enseñanza, hasta entonces prácticamente desconocida, en noticia. La implantación de la LOMCE estuvo a punto de acabar con su corta vida, a pesar de los buenos resultados y de no tener presupuesto adicional. En el primer borrador de la ley, este bachillerato había desaparecido. “Se mantenía el de Artes, pero especificaba plásticas, imagen y diseño, mientras que este no aparecía por ningún lado”, recuerda Daniel Río, cuyo instituto entonces iba por la tercera promoción.

El clamor de las quejas fue proporcional a la discreción con que funcionaba el programa de estudios, pero tuvo la fuerza suficiente para llegar a un acuerdo. “Se luchó y conseguimos que rectificaran”, cuenta García Sánchez. “Se dieron cuenta de que no es un alumnado residual y que merece la pena que exista un bachillerato que los reciba”. Hoy en día, a pesar de que su currículo no está especificado en la ley, esta deja abierta la posibilidad de su implantación en los centros que impartan el Bachillerato de Artes.

“Algún titular lo denominó entonces el bachillerato de la discordia”, rememora Figueroa. “Las razones para eliminarlo tienen que ver con la consideración hacia lo artístico en toda la Secundaria”. En su opinión, “no se trata de recordar el tesoro que es la música para la educación, sino de denunciar que es inaceptable que su aprendizaje no sea universal y gratuito, dos adjetivos que son sinónimos”.

Carlota lo tiene claro. Para ella, acabar con esta opción sería “una falta de respeto a la vocación de la gente y al derecho a ser feliz”. Y concreta: “No entiendo que haya que optar por otra cosa sólo porque tiene más salidas cuando realmente nuestro último fin como personas es ser felices. Si lo eres tocando un instrumento, adelante. Si acaban quitándolo, quitarán una de las ramas que más humaniza al ser humano”.

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