Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Orgullosos de su nefasta gestión

Hay que tener mucho valor o mucha jeta para romper una lanza por el balance del PP al frente de la Generalitat

Lo ha declarado estos días la portavoz del Gobierno valenciano, María José Català. “Estamos orgullosos –ha dicho– de la gestión del PP al frente de los distintos gobiernos en los últimos años y de todos los frutos que eso ha propiciado en la Comunitat”. Y lo ha remachado afirmando que “el PP ha hecho un muy buen trabajo”. Todo un alarde de obsequiosidad para con el partido que le ampara y con el que se sienta obligada por el cargo que desempeña y el sueldo que percibe. No se debe morder la mano que nos nutre. Pero los hechos la desmienten con rotundidad, como revela el excelente y didáctico recordatorio de estos últimos 20 años de gobierno que Víctor Maceda publica en el semanario El Temps. Todo un compendio de errores y desmanes que explican el desplome económico y descrédito que nos aflige a los valencianos.

De tal recordatorio seleccionamos algunos de los hitos que definen el perfil de los gobiernos del PP que se sucedieron a partir del Pacte del pollastre suscrito en 1995 por el PP y Unión Valenciana mediante el cual Eduardo Zaplana ocupó la presidencia de la Generalitat y fagocitó la formación regionalista, lo que no se le puede reprochar. Ese mismo año se reemprende el proyecto de la Ciudad de las Artes –y de las Ciencias, en adelante– y el arquitecto Santiago Calatrava cobra 94 millones de euros divididos en 1.253 pagos –una trampa administrativa que será práctica usual– y el presupuesto del complejo salta de los 308 millones iniciales a los 1.103 millones de euros finales. Una minucia. En 1997 una nueva Ley de Cajas Valencianas propicia el desembarco de los políticos en su gestión, lo que acabará aniquilándolas. Julio Iglesias proyecta nuestra imagen en el mundo a cambio de mil millones de pesetas, la mitad pagados en negro. ¿Será por dinero? Esto era Jauja.

Con el cambio de siglo, se constituye Ciegsa, la empresa pública que construye los centros escolares entre tres y cinco veces más caros de lo que sería normal, y en 2001 se negocia (¿?) un nuevo modelo de financiación autonómica que nos discrimina y nos ha sumido en una deuda de casi 36.000 millones de euros. Salimos a 7.000 por barba. Se modifica la ley para que RTVV pueda endeudarse sin trabas y ya se ha visto el resultado. En 2004 alguien se inventa el Eje de la Prosperidad que ha venido a parar en el eje de la corrupción entre Madrid, Valencia y Baleares: Gürtel, Nóos y etcétera. La visita del papa Benedicto XVI enriqueció el espíritu de muchos, pero mucho más el bolsillo de unos pocos. En 2008 la Fórmula 1 nos cuesta 280 millones, lo que puede sentar de nuevo en el banquillo al exhonorable Francisco Camps, que lo ocupó en 2011 por el grotesco asunto de los trajes. En 2014 Carlos Fabra, el gran cacique de Castellón, ingresa en el trullo y en 2015 puede acompañarle una caterva de sus cofrades imputados y procesados.

A estos episodios de connotación económica hay que sumar el accidente del Metro, en 2006, con la muerte de 43 viajeros y otros tantos heridos, y no tanto por el accidente en sí –aunque alguna responsabilidad le incumbe al Gobierno– como por el modo en que éste se ha llamado a andana e intentado acallar testimonios. Y esto es tan solo un memorial incompleto.

¿Orgullosos, pues, de qué? Hay que tener mucho valor o mucha jeta para romper una lanza por este balance de una nefasta gestión que concluirá en la inminente cita electoral, o eso creemos. Otro resultado sería demoledor y hasta humillante para los demócratas.

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