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LA CRÓNICA

La vena artística del Barça

El espectáculo de danza de Cesc Gelabert en el TNC es la última de las múltiples iniciativas culturales que ha inspirado el club azulgrana a lo largo de su historia

Un momento del espectáculo 'Foot-Ball' en el TNC, coreografía de Cesc Gelabert basada en el juego del FC Barcelona.
Un momento del espectáculo 'Foot-Ball' en el TNC, coreografía de Cesc Gelabert basada en el juego del FC Barcelona.

Todavía me emociono cuando recuerdo a José Félix Pons recitar la Oda a Platko en el programa de Pere Escobar en Ona Catalana: “Ni el mar, ni el viento, Platko / rubio Platko de sangre, guardameta en polvo, pararrayos / No nadie, nadie, nadie”. Aseguraba el locutor que antes de los partidos leía poesía para encontrar el tono y la pausa de la transmisión, y al menos una vez se avino a elogiar en la radio los versos que Rafael Alberti compuso con motivo de la final del Campeonato de España que el Barça y la Real Sociedad disputaron en 1928.

Narcís Comadira también escribió una Oda a Guardiola. Aunque nunca ha sido un aficionado al fútbol, el poeta de Girona mostró su admiración en el 2002 por el futbolista del Futbol Club Barcelona, al que consideraba un “payés radical, labrador impenitente”, sobresaliente por su lucidez e interpretación del fútbol: “Teixeixes les jugades / del teixit en fas veles que s’inflen / i en sostens l’entremat”, glosa el artista catalán. “Salut, símbol del goig mental / de les ciències exactes”.

Hay multitud de canciones dedicadas al club y a sus figuras desde los tiempos de Samitier, amigo de Chevalier y Gardel. Más de un aficionado barcelonista pone el vídeo con los goles de Maradona y un tango —yo prefiero a Calamaro— para combatir la nostalgia y evocar a Diego para después comparar su gambeta con la de Messi. Nadie duda tampoco de que Temps era temps es un excelente homenaje a Kubala y al equipo de Les Cinc Copes.

Serrat es futbolista y barcelonista y su música ayuda a estirar el tiempo en un momento en que se impone la cultura instantánea y al Barça le cantan buenos y malos, oportunistas o no, herederos algunos de La Trinca y Guillermina Motta. Ningún himno es más reconfortante en cualquier caso para renovar la fe culé que El Cant del Barça, letra de Jaume Picas y Josep Maria Espinàs y música de Manuel Valls.

El Camp Nou exige sentido de equipo mientras que el hogar abona el recogimiento y los experimentos más sorprendentes en el hincha del Barça. Me consta, y participo de la idea, que diferentes entendidos han comparado a las mejores bandas con el equipo campeón de Europa en Roma (2009) y Wembley (2011). “El Barça de Guardiola es en el futbol moderno lo mismo que el Kind of Blue en el mundo del jazz”, escribió Toni Molla el 6 de diciembre de 2010 en EL PERIÓDICO. Y continuaba: “Davis y Guardiola han encontrado un sonido ecléctico y personal que remite a la memoria de los maestros pero les superan en versatilidad y atrevimiento”.

Sergio Torres abundó en la misma idea en un artículo publicado en EL PAÍS cuando el entrenador era Tito: “La sintonía, la coordinación y el tempo que tiene el equipo son puro jazz”. Molla recordaba que cuando viajaba y no podía ver el partido ponía también el álbum de Kind of Blue y Miles Davis, John Coltrane, Bill Evans, Cannonball Adderley, Paul Chambers y James Cobb le transportaban al Camp Nou.

No hay películas en cambio que recreen el juego del Barça, quizá porque el cine y el fútbol no se llevan bien, a pesar de las películas catalogadas por el ilustre periquito Carlos Marañón. No funcionó tampoco el intento del inglés Paul Greengrass (El ultimátum de Bourne y United 93) de filmar un documental con guión de John Carlin sobre el equipo de Guardiola. No pasa lo mismo con el teatro: sé de la obra Culékulé, protagonizada por Miquel Cors y cuyo autor es Xavier Bosch, estrenada en 1996.

Y se cuentan incluso ensayos científicos como el del físico Jorge Wagensberg sobre el efecto del pase multiplicador del fútbol blaugrana: “La perfección no existe porque es inimaginable, pero no es perfecta porque es inalcanzable, sin embargo este Barça persigue la perfección”, escribió en 2010. Ha habido muchos libros y relatos sobre el fútbol, alguno ilustre, como el de Pier Paolo Pasolini en el Il Giorno: “Il calcio è un linguaggio con i suoi poeti e prosatori”, que me facilitó el escritor Josep Maria Fonalleras.

No solo no es una frivolidad sino el texto figura en el programa de mano del espectáculo Foot-Ball de Cesc Gelabert que se puede ver en el Teatre Nacional de Catalunya. La relación de la danza con el fútbol es manifiesta y resulta fascinante en la obra del coreógrafo catalán, socio del Barça, ex jugador histórico del CP Sarrià, admirador de Benítez y de Kocsis, de Cruyff y de Puyol, aunque por su concepción del baile y su manera de pensar se parece más a Sergio Busquets.

La Sala Tallers reúne a aficionados a la danza que parecían peleados con el fútbol con hinchas blaugrana que jamás habían presenciado un espectáculo de baile. La mezcla ha funcionado igual de bien tanto en la sala como en el escenario porque Gelabert ha demostrado que fútbol y danza son manifestaciones culturales. El diálogo entre las imágenes grabadas de jugadores y bailarines con la actuación en directo de la compañía resulta conmovedor en momentos como el gol de Messi al Getafe.

El trabajo videográfico y el de los intérpretes permite observar que el 10 solamente mira una vez a la portería en su larga carrera (55 metros, 12 segundos), musicalmente diferenciada con dos sonidos, uno para cuando pisa la cancha y el otro para el momento en que toca la pelota, rematada con un tiro ajustado al palo de Luis. Hay una mirada con lupa sobre el juego y el ritmo es tan intenso como depurada la técnica, acordes con la velocidad de ejecución del juego del Barça.

El cuerpo y la mente se asocian hasta componer una función atlética y emotiva, exigente, preciosa por la manera como los protagonistas perciben y se mueven en el espacio, con y sin balón, con o sin moviola. Una fusión artística, alejada de las tácticas defensivas de aquellos equipos que no necesitan la pelota para jugar. Foot-Ball certifica la sensibilidad del Barça, su buen gusto y relación con las manifestaciones artísticas —hasta Messi es una obra de arte como se ha visto en Sothbey’s—, también con la danza. No interviene árbitro alguno sino que el criterio queda a merced de un público diverso, aunque en su mayoría aficionado al Barça. Ya lo escribió Manolo Vázquez Montalbán: “En las gradas del Barça está la Cataluña industrial, la tarraconense, el barcelonés de ferias y congresos, los penenes, los gourmets de endibias, los gourmets de cante hondo, Alberti incluso, a pesar de su exiliada distancia, con su poema sobre Platko, gigantesco portero legendario”.