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Navantia fabricará jaulas para molinos marinos por 90 millones

El astillero de Fene construirá para Iberdrola 29 estructuras metálicas destinadas a un parque eólico de Alemania

Santiago de Compostela / Ferrol

La plantilla de Navantia ha recibido hoy el regalo de Navidad que esperaba desde hace meses. No es un nuevo buque pero abre la puerta a un mercado estratégico para el grupo público hacia la eólica naval. El astillero de Fene construirá para Iberdrola las 29 estructuras metálicas —los llamados jackets— que enjaulan los molinos del parque marino de Wikinger, al norte de Alemania. Supone, para la antigua Astano, unas 614.000 horas de trabajo para su desocupada plantilla —tiene unos 300 operarios asignados buena parte desplazados a la factoría de Ferrol— y 90 millones de euros.

La otra parte del mismo contrato se la lleva Puerto Real (Cádiz) que, por 70 millones, fabricará las estructuras metálicas de la subestación eléctrica de una instalación de 350 megavatios (MW) que se plantará a unos 75 kilómetros de la costa, a profundidades de entre 37 y 43 metros en pleno mar del Báltico. Serán casi dos años de trabajo para 600 o 700 operarios del grupo naval en la ría gallega, dice Navantia, y el primer paso para que el grupo participe de la construcción de otros parques a los que Iberdrola aspira en Europa.

Navantia esperaba este contrato desde que la eléctrica la señaló como la única candidata en la recta final del contrato que dependía, en última instancia, del visto bueno de la autoridad germana. Para Iberdrola es “uno de los mayores contratos a una empresa española en energías renovables en un mercado estratégico”, subrayó la compañía. Navantia aplaude su designación como “proveedor preferente” de Iberdrola para este encargo, que es la puerta de entrada a un mercado de futuro en el negocio lejos de costa (offshore).

A la cascada de reacciones se ha sumado el regidor ferrolano, José Manuel Rey Varela, del PP, que lo celebra “como la mejor noticia para la antigua Astano” después de tres décadas de veto civil impuesto por la UE, que expira el 31 de diciembre. “Es un acuerdo estratégico que representa una verdadera oportunidad de diversificación industrial”, manifestó Rey, muy cuestionado desde el comité de empresa de Navantia, que pidió su dimisión por su “sumisión al PP” en la defensa de unos astilleros que han salido docenas de veces a la calle desde 2011 para recuperar los 3.500 empleos perdidos en la industria auxiliar. Desde el comité aplauden el contrato pero no cejarán en reivindicar el dique flotante y más buques.