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Bombas en tierra de Airbus

Los TEDAX han desactivado dos proyectiles de artillería de la Guerra Civil en la zona de Getafe donde la empresa europea está construyendo un parking y una guardería. Quedan todavía varios sectores por inspeccionar

Terrenos de Airbus, donde se han encontrado bombas.
Terrenos de Airbus, donde se han encontrado bombas.

Los aparatos y naves aeroespaciales creados por Airbus —el mayor fabricante de aviones del mundo— están hechos para soportar rayos y truenos, aves en el motor o programado para evitar maniobras peligrosas, pero no están hechos a prueba de bombas, que es lo que han encontrado en los terrenos de la compañía europea en Getafe, la más grande de España y donde desarrollaba la ampliación de sus instalaciones.

Desde hace meses los TEDAX, los especialistas en la desactivación de explosivos de la policía, baten los 400.000 metros cuadrados de esas tierras al pie del Cerro de los Ángeles, después de que una excavadora desenterrase el primer proyectil al remover el suelo: “Era un 12,70, un proyectil de unos 26 kilos de peso y un alcance de 8-10 kilómetros, fue lanzado por los Republicanos del frente de Madrid en la Guerra Civil”, explican Antonio Alonso y Javier Bermúdez, dos agentes con 20 años de experiencia en el cuerpo, que han escrutado la región mina a mina, artefacto a artefacto, hasta el punto de delimitar las líneas del frente y poder recrear el conflicto y contar la historia desde la trinchera, desde primera línea de fuego, estudiando las municiones. “El explosivo está siempre vivo, está hecho para matar, la trilita —el componente del que están hechos la mayor parte de ellos— es muy estable y muy potente”, advierten.

En la urbanización de lujo La Finca se encontraron 67 proyectiles

Airbus, que adquirió esos terrenos en 2013 para acometer una ampliación de 42 millones de euros, además de pedir ayuda a la policía, solicitó una prospección geofísica mediante “magnetometría, para la búsqueda de posibles artefactos metálicos enterrados en sus parcelas”. El estudio, elaborado por AGS, señala los puntos en los que podría haber algún objeto metálico sospechoso. Hasta el momento —todavía quedan varios sectores por inspeccionar— se ha encontrado otro proyectil de artillería del mismo calibre y el resto de las comprobaciones han resultado ser falsas alarmas.

“El estudio es probabilístico, te dice que ahí puede haber algo”, explican los policías. “Si señala un objeto metálico a tres metros, excavamos seis, y si lo sitúa a 5, hasta donde llegue la pala”. Esos análisis del subsuelo son comunes y obligatorios para cualquier operación urbanística en algunas zonas de Francia y Alemania, aquellas donde se concentraron los frentes de las dos guerras mundiales sufridas.

El explosivo está siempre vivo, la trilita es muy estable

No es el caso de España en donde existe, sin embargo, lo que los artificieros llaman “el índice TEDAX de la situación económica”, porque el número de intervenciones de este tipo se incrementa en función de la actividad urbanística. “En 2005, por ejemplo, llegamos a hacer hasta 400, porque no paraban de moverse las tierras para construir”, recuerdan los agentes.

“En este caso nos ha afectado por los parones en las obras”, señala un portavoz de la compañía francesa. “Pero seguimos construyendo en la Zona Carpetania II, aledaña a la base de Getafe, se trata de la factoría más grande que tenemos, por aquí pasan entre 9.000 y 10.000 personas cada día, por eso se estaba acometiendo la construcción de un aparcamiento y de una guardería, para que los empleados [en su mayor parte ingenieros] puedan aparcar sus coches y tener cerca a sus hijos”, explicaba el mismo portavoz, que aseguró que está previsto que las obras se prolonguen dos o tres años más. En las naves de Getafe se fabrican todos los estabilizadores horizontales de los aviones Airbus (esa especie de ala doble en la cola del aparato), el ala derecha de los aviones de combate Eurofighter (también se montan todos los destinados al Ejército español) y se militarizan aviones civiles para convertirlos en tanqueros de reabastecimiento en vuelo.

Modelo de proyectil encontrado en los terrenos de Airbus en Getafe. ampliar foto
Modelo de proyectil encontrado en los terrenos de Airbus en Getafe.

“En total, en el frente de Madrid, había 6 cañones de 12,70, en el margen derecho del frente, que era el del bando Republicano”, siguen con su historia Alonso y Bermúdez. “En este caso es muy posible que estos proyectiles fuesen lanzados entre 1937 y 1939 desde la zona de Vallecas, porque los cañones siempre estaban protegidos en la retaguardia, a unos diez kilómetros del frente de batalla”. Más datos: “Tienen origen británico, pelearon en la I Guerra Mundial en el bando de los aliados, luego, durante la revolución rusa, los británicos vendieron esa munición a los rusos blancos, pero ganaron los rojos, y fueron éstos los que finalmente vendieron esas mismas armas, como si fuesen nuevas y a precio de oro, a los Republicanos”.

La batalla de esa clase de proyectiles, sin embargo, no terminó en Madrid: “Después, Franco capturó esas piezas y en la guerra ruso-finlandesa de los años 40 se las vendió a los finlandeses que las usaron —precisamente y de nuevo— contra los rusos: es una pieza con muchas contiendas”.

Los dos proyectiles encontrados ahora en los terrenos de Airbus debieron pasar inadvertidos para el “Servicio de Recuperación de Material de Guerra” perteneciente al Cuerpo de Artillería del Ejército y que se dedicó a recoger munición de los campos de batalla. “Fue Manuel Bonilla Sánchez quien elaboró el manual de armas, el catálogo de proyectiles y espoletas” que hoy es la biblia de los TEDAX. Alonso y Bermúdez llevan en sus móviles y en sus tabletas una versión digitalizada de ese inventario armamentístico, con los dibujos de las piezas realizados por ese delineante con pulso de acero llamado Bonilla. Como curiosidad, el tal Bonilla fue fusilado “porque le pillaron en 1945 vendiéndoles piezas a los maquis de la zona centro”.

En todo caso, el de Airbus no es ni mucho menos el primer caso con el que se topan estos dos veteranos artificieros, que contando sus batallas recuerdan a los investigadores Hernández y Fernández de los tebeos de Tintín, aunque en lugar de llevar traje negro y bombín vistan los dos con las mismas botas de montaña, vaqueros y camisa de leñador. Prefieren pasar desapercibidos con ese look de incógnito, pero son una auténtica enciclopedia bélica viviente, con un anecdotario infinito.

“En 2005 y 2006 prácticamente íbamos todos los días a La Finca”, la urbanización de lujo en la que viven conocidos futbolistas, artistas y políticos, que en su día se publicitó como “la más segura de España”.

“Sacamos 67 proyectiles de 46 kilos, del calibre 155”, cuenta Alonso y Bermúdez. “Pertenecían también a disparos de cañón del bando republicano, probablemente desde la zona de Moncloa”.

El 155 —también conocido como el 15 y medio— era el proyectil español por excelencia, el que usaban principalmente los Nacionales según cuentan los TEDAX. “Tanto es así que la Gran Vía —una de las calles más atacadas— llegó a llamarse Avenida de los obuses o del quince y medio”.

En tiempos de guerra, uno de los objetivos prioritarios del bando nacional era el edificio de Telefónica, el más alto de la ciudad, el que servía a los republicanos como observatorio desde el que se dominaba toda la Casa de Campo. Muchos de los disparos pasaban de largo y, por eso, la plaza de Vázquez de Mella, adonde iban a parar todos esos proyectiles perdidos, se llamó “la plaza del gua”.

El pasado 27 de marzo, durante la remodelación de un ático de la calle Loreto y Quijote, los obreros encontraron un proyectil de artillería de 75 milímetros clavado en el tejado e —“incautos”— lo llevaron a la comisaría de la policía local más cercana. “Lo primero es saber de qué pieza se trata para saber como funciona la espoleta y, a partir de ahí, se interviene”, explican los agentes. “Hay algún modelo italiano cuya resistencia para explosionar es más débil que el muelle de un bolígrafo, esos son peligrosísimos porque es facilísimo que estallen”.

Aún quedan tres sectores por inspeccionar en las tierras de Airbus de Getafe. La detonación de las bombas halladas se realizó, después de escoltarlas hasta un descampado, “a una distancia de 150 metros”.

 

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