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OPINIÓN

El diario del lunes

La situación política catalana concita un incesante goteo de polémicas sobre los insondables vericuetos del ‘proceso’

En Buenos Aires hay un dicho muy utilizado por los porteños para referirse a los que dictaminan cuando ya se saben los resultados de cualquier acción: “Con el diario del lunes todos somos técnicos”. El dicho procede de los debates que surgen los lunes por la mañana, tras la jornada de fútbol de cada domingo. La situación política en Cataluña concita un incesante goteo de polémicas sobre los insondables vericuetos de un proceso que nos tiene ocupados y preocupados: “¿Se hará la consulta?”, “¿Votaremos?”, “¿Esto de las plebiscitarias de que va?”. Todos quisiéramos tener “el diario del lunes” para poder, de una vez, confirmar o o desmentir hipótesis.

Es evidente que no estaríamos dónde estamos si muchas cosas antes se hubieran hecho mejor, y si, finalmente, no tuviéramos enfrente un régimen político que impide expresarnos amparándose en unas leyes que en vez de cauce son muro infranqueable. Esta última semana ha confundido a más de uno con un juego de regates y codazos de los actores institucionales pro-consulta que hasta ahora no había estado presente en un movimiento con fuertes raíces sociales. Al final encaramos un 9-N con la perspectiva de una consulta que no lo es, aunque nos digan que si lo es.

Llevamos meses dilucidando si podemos o no votar. Hace casi un año se explicitaron fecha y preguntas de la consulta. Pero, dejando al margen los expertos del Consejo de Transición Nacional que cumplieron escrupulosamente su labor, los demás apenas si hemos podido discutir ventajas e inconvenientes de las respuestas a las preguntas planteadas. Nada que ver con Escocia, donde deliberaron en tiempo y forma sobre las consecuencias, de decidir en un sentido y en otro. Ahora, bloqueados por el gobierno del PP y sus cómplices en las Cortes, concluimos que no podemos celebrar la consulta ya que, de hacerlo sin las garantías necesarias, los riesgos de todo tipo (legales, de prestigio, de impacto internacional,…) serían excesivos. Pero Mas, comprometido con su promesa de que votaríamos el 9-N, decide disfrazar la no-consulta de consulta-protesta. Al mismo tiempo se abre la veda electoral, se debate la confección de listas, la conveniencia o no de mezclar personalidades de la sociedad civil movilizada y de políticos en una lista unitaria. Todo ello para conseguir quizás la mayoría absoluta del Parlament y proceder a una declaración unilateral de independencia.

Pero, o yo me equivoco o nos hemos saltado unas cuantas pantallas. El Gobierno de Madrid se quedó atrás blindándose en la legalidad. Pero nosotros estamos saltándonos la posibilidad de debatir sobre las diversas alternativas que abrían las preguntas previstas, y situamos el conflicto definitivamente entre independencia si o no. ¿No corremos muchos riesgos procediendo de esta manera? ¿A qué cálculos responde esa aceleración?

Es evidente que los actores políticos están situados en una estructura anidada de muchos juegos simultáneos. Por mucho que se esfuercen en decir que lo primero es responder a las expectativas de aquellos que quieren poder decidir, los cálculos y las estrategias vinculadas a “como quedo yo y mi grupo después que hagamos esto o lo otro”, están siempre presenten. Sobre todo en el President Mas y su coalición electoral, sometida a un proceso contrareloj para refundar partidos gravemente afectados por procesos de corrupción con un largo camino por recorrer.

¿Puede ERC aceptar una lista unitaria con CiU, en esta tesitura? Esta súbita aceleración del proceso, ¿no acabará poniendo en peligro el bloque trabajosamente construido para asegurar al máximo la posibilidad de decidir? ¿Aceptará la ANC convertir el sólido y bien enraizado movimiento en una plataforma electoral al servicio de los partidos que decidan formar parte de la hipotética lista unitaria? Todo ello sabiendo que el único que tiene potestad para convocar elecciones es Mas y no la alianza de partidos pro-consulta.

Me temo que al menos yo no tengo respuestas para todo ello. Iré a votar o a lo que sea el 9-N para no dejar de apoyar el derecho a decidir y el amplio movimiento de radicalidad democrática con el que coincido. Pero ello no me impide albergar dudas sobre la precipitación en la que podemos caer. Hojeando el “Llibre Blanc de la Transició Nacional de Catalunya” en que el Gobierno catalán convirtió el conjunto de informes realizados por el comité de expertos, puede observarse tanto el buen trabajo realizado como los numerosos interrogantes que siguen existiendo sobre la posibilidad de una Catalunya independiente. Tengo la sensación de que, más allá de intereses de partido, sería mejor pensar en una “Declaración Unilateral Constituyente” para no perder apoyos y mantener la pulsión del gran movimiento social construido. Pero a lo mejor son solo zozobras de quién simplemente aspira a leer el diario del lunes y poder entonces repartir críticas y laureles.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política e investigador del IGOP de la UAB.