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Los vigilantes de la consulta

La Asamblea Nacional Catalana se ha erigido en garante del proceso soberanista en tres años

Basa su legitimidad en la capacidad de movilización e influencia política

Carme Forcadell, con los brazos en alto, se dirige a los asistentes a la manifestación del pasado 11 de septiembre en Barcelona.
Carme Forcadell, con los brazos en alto, se dirige a los asistentes a la manifestación del pasado 11 de septiembre en Barcelona.

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) logró el pasado 11 de septiembre su mayor éxito popular, la movilización de 1,8 millones de personas (según la Guardia Urbana) reclamando la independencia de Cataluña. Una acción que confirmó su condición de vigilante de la consulta, que la ANC ha ido cultivando desde que se inició el proceso soberanista.

Poco se imaginaban su éxito los cuatro amigos que el 21 de septiembre de 2009 se encontraron para almorzar en el restaurante barcelonés Via Fora, habitual de los círculos independentistas. Ese día, los cuatro viejos conocidos de las movilizaciones catalanistas de la Transición (Pere Pugès, Miquel Strubell, Miquel Sellarès y Enric Ainsa) discutieron la posibilidad de forjar un movimiento independentista transversal. Su idea surgió días después de la consulta popular soberanista que se celebró en Arenys de Munt (Barcelona), germen de centenares de votaciones no oficiales que se desarrollaron en los municipios catalanes.

La entidad se ha convertido en el vigía del proceso soberanista

El fruto de la conversación germinó en marzo de 2012, cuando la ANC se presentó en sociedad con un objetivo ambicioso: inundar las calles de Barcelona durante la Diada, reclamando la independencia. Su éxito (los organizadores afirmaron que 1,5 millones de personas colapsaron las calles, la manifestación más masiva hasta la fecha) marcó su futuro. Artur Mas, que gobernaba gracias a un acuerdo con el PP, tomó a la ANC de referencia y convocó elecciones prometiendo una consulta.

Puerta a puerta

La Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural iniciaron ayer, simbólicamente,  una campaña puerta a puerta para preguntar sobre la independencia a tres millones de catalanes. La movilización comenzará el sábado.

Las entidades calculan que son necesarios 100.000 voluntarios para cumplir su objetivo. De momento cuentan con 35.000, que visitarán los hogares catalanes vestidos de amarillo, el color representativo del movimiento independentista.

Los voluntarios no interrogarán a los ciudadanos por su opción de voto en la consulta, pero sí sobre si participarán o no en ella. En las preguntas, que dan por hecho que la secesión sería beneficiosa, se invitará a decir qué tipo de políticas se preferirían en una hipotética Cataluña independiente.

Desde entonces, la entidad se ha convertido en el vigía del proceso soberanista, gracias a su capacidad de movilización e influencia política. Al año siguiente, en la Diada de 2013, organizaron una cadena humana que cruzó Cataluña de punta a punta, más de 400 kilómetros, que se tradujeron en decisiones políticas. Dos meses después, CiU, Esquerra, Iniciativa, y la CUP acordaron convocar la consulta para el 9 de noviembre de 2014. En la Diada de este año, a menos de dos meses de la incierta votación, volvieron a cumplir con creces su objetivo: una V humana de 11 kilómetros de largo con un mensaje a Mas enviado por la presidenta de la entidad, Carme Forcadell: “Ponga las urnas”.

La ANC utilizará su capacidad de movilización para que Mas no se eche atrás y convoque a votar el 9 de noviembre. Aliada con Òmnium Cultural, entidad con décadas de lucha catalanista a sus espaldas, quiere echar el resto para que la consulta gane la secesión, bajo el paraguas de la campaña Ara és l'hora (Ahora es la hora).

El súbito crecimiento de la Asamblea ha creado más de un quebradero de cabeza a sus dirigentes. Uno de sus mantras desde el inicio fue evitar cualquier subvención y financiarse con aportaciones de los socios y con la mercadotecnia. El aumento de ingresos en el primer año, en el que su estructura era muy escuálida, provocó un descontrol en las cuentas. La entrada de ingresos sin justificar ha provocado que Hacienda le pida información. La entidad defiende su transparencia.

Otro de los dolores de cabeza que tuvo la dirección fue la sectorial de defensa (ahora desvinculada de la ANC), que sin control de la entidad redactó un informe sobre un hipotético Ejército catalán. La ANC también tuvo que matizar su hoja de ruta, que planteaba la toma de control de las infraestructuras en caso de secesión, para recalcar que se someterá a las órdenes de las instituciones catalanas. Conscientes de su influencia política, los dirigentes de la organización cuidan el mensaje y aclaran siempre que se les pregunta que quien manda en Cataluña son los representantes públicos.

La ANC ha crecido al timón de Carme Forcadell, que había sido edil de ERC en Sabadell e integrante de la Plataforma por el Derecho a Decidir (PDD), una de las múltiples asociaciones que atomizaban el soberanismo antes del nacimiento de la ANC.

Con el liderazgo de Forcadell, cuyo objetivo fue estabilizar un movimiento transversal en lo ideológico y centrado exclusivamente en la secesión, la ANC ha logrado que el independentismo tenga una asociación de referencia, algo impensable hace cuatro años. De aquel almuerzo de cuatro amigos nació la entidad que más ha forzado el pulso entre Cataluña y el resto de España.