Okupas de extrema izquierda y derecha suben la tensión en Tetuán

El apuñalamiento de un inmigrante convierte el barrio en campo de batalla

Interior del edificio okupado por ultraderechistas en la calle Juan de Olias, en el distrito de Tetuán.
Interior del edificio okupado por ultraderechistas en la calle Juan de Olias, en el distrito de Tetuán. JAIME VILLANUEVA

Un veinteañero chileno recibió una paliza el pasado miércoles, un joven fue agredido el sábado cuando repartía propaganda sobre un acto de solidaridad con un detenido, pedradas y cócteles incendiarios contra las ventanas de edificios okupados, insultos y amenazas en las redes sociales y, la noche del domingo, el apuñalamiento de un ciudadano dominicano de 41 años. En el distrito madrileño de Tetuán se ha instaurado un lenguaje de guerra en cuestión de días. En ese popular barrio, que combina los rascacielos de Azca con las casas bajas de la zona de Cuatro Caminos, dos “centros sociales”, uno okupado por jóvenes de extrema izquierda (La Enredadera) y otro por jóvenes que se autodenominan “patrióticos” con raíces en movimientos de extrema derecha (Hogar Social Ramiro Ledesma), han establecido su campo de batalla y tienen atemorizado a un vecindario acostumbrado a la convivencia. “No los queremos, ni aunque repartan bocadillos”, decía ayer Antonio Ortiz, portavoz de la asociación de vecinos, pocas horas antes de una asamblea en la que pretendían acordar la expulsión de los últimos inquilinos asentados en el barrio. “Desde que llegaron han introducido un elemento de intranquilidad y tensión”, aseguraba.

El rechazo a los nuevos okupas —calificados de “neonazis, racistas y violentos” por los vecinos— es ahora la nota más unánime en un distrito en el que el 17% de sus 155.000 habitantes son inmigrantes. La policía, que investiga el posible carácter xenófobo de los últimos incidentes violentos, ultima ya un informe para solicitar a la justicia la autorización para el desalojo del último edificio ocupado por los autodenominados “patriotas”, que lo han coronado con una bandera española.

El rechazo vecinal se hizo patente el pasado 30 de agosto cuando mil personas —según las estimaciones policiales— se manifestaron para mostrar su repudio hacia los recién instalados vecinos. Fue ese mismo día cuando aparecieron por primera vez en escena esas máscaras blancas de las que hablaba el dominicano apuñalado el domingo. Según su declaración, cinco individuos enmascarados fueron quienes le agredieron. Las mismas máscaras blancas. Las que vieron también muchos vecinos del barrio cuando los nuevos okupas se asomaron con ellas puestas a las ventanas del antiguo edificio de oficinas en el número 11 de la calle Juan de Olías, al paso de la manifestación convocada en su contra. Un gesto simbólico que fue entendido como una provocación y un desafío y que no hizo más que aumentar la escalada de violencia.

“Es un montaje de los antifascistas, han utilizado nuestra imagen corporativa”, defendía ayer una de las okupas “socialpatriótica” y “simpatizante de MSR” (el partido neonazi Movimiento Social Republicano), mientras barría con una mascarilla el polvo de su nueva sede. “La pobreza no tiene cara, ni ideología”, argumentaba, tras defender que su colectivo (de unas 40 personas) es esencialmente “social-nacional”, como anuncian las pegatinas de la puerta del centro: “Ayudas sociales para nacionales”.

Por su parte, en el bando izquierdo, miembros de la Asamblea de Tetuán hablaban de que saben quiénes son los recién llegados porque les han hecho “seguimientos”, “fichas” a cada uno, “fotos”, y que “se están haciendo pasar por okupas para captar gente” pero “entre ellos hay miembros de Ultrasur”. Y en el bando derecho contraargumentaban: “Están cabreados porque les hemos arrebatado el monopolio de los centros sociales y nosotros solo pedimos respeto”.

Han pasado tan solo tres semanas desde que el grupo bautizado con el nombre del falangista Ledesma se instalara en el corazón de Tetuán y los incidentes violentos y las tensiones no han hecho más que sucederse desde entonces. Los nuevos inquilinos son la representación en la capital del centro Hogar Social Zaragoza Francisco Javier P.”, creado hace apenas tres meses con el nombre de un indigente fallecido en el barrio maño de Las Fuentes. Nuestro lema es muy sencillo: “Odio mi estado, amo mi patria”, explicaba resuelta una de las cuatro ocupantes que ayer se encerraban a cal y canto en el viejo edificio de oficinas. “El estado es apátrido, no protege a su pueblo, se mueve por intereses económicos”, concluía la que decía ser estudiante de Filosofía y tener 25 años.

Envueltos en la bandera española —que consideran “estigmatizada”— y queriendo desvincularse de los movimientos neonazis, confesaban ayer sus miedos y ponían sobre la mesa un tercer elemento en liza: “Ahora tenemos un marrón gordo con la banda de los Trinitarios”, integrada por jóvenes de origen dominicano y una de las más activas de la capital. “Van a venir a matarnos y nosotros no hemos sido, todo es un montaje de los antifascistas”.

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