Orgasmos teatrales, pero más a pelo

15 minutos de obra, 15 espectadores y 15 m² para el escenario y la platea: el 'microteatro' Exportado de Madrid, propone un nuevo formato de exhibición

Sergio Caballero y Helena Font a la entrada de los escenarios.
Sergio Caballero y Helena Font a la entrada de los escenarios.Tania Castro

La acomodadora da el aviso por megafonía al público, que está tomando unas cañas, para la siguiente sesión: "El oso se aburre, segundo pase, sala 1". Reúne a los 15 espectadores y cruza con ellos el único telón que hay en todo el local. Antes de abrir una doble puerta, lanza algunas advertencias, como la de permanecer en silencio hasta llegar a la sala, o sobre cómo distribuirse una vez en ella (solo hay ocho asientos, no hay espacio para más). El grupo atraviesa un pasillo que recuerda al distribuidor de unos camerinos —y que, en cierto modo, lo es—. Al entrar, la obra está ya planteada: una pareja en ropa de andar por casa, repantingada en un sofá frente a la tele. Cuando el público termina de distribuirse, a un metro largo de distancia, empieza lo que devendrá en tormentoso debate existencial / discusión de pareja:

Juan: Me aburro...

Carmen: Te aburres?

Juan: Sí, como un oso.

Carmen: ¿Los osos se aburren?

Estamos en Microteatre València. Una propuesta exportada desde Madrid, donde triunfa desde 2009. La idea es simple: representar obras teatrales con un mismo tema cada mes y que, todo sea dicho, no aportan nada nuevo desde el plano literario —ya en el teatro clásico griego había números cortos en los intermedios, y Cervantes hizo conocidos por sus entremeses—. Los espacios están creados ex profeso para el formato. Ahí radica la novedad. El espectador elige en el bar qué funciones quiere presenciar, ayudándose con unas pantallas y unos altavoces que van anunciando los pases. Estos duran 15 minutos como máximo. Como 15 metros cuadrados miden los escenarios en que se desenvuelven —y, a veces, se aprietan— actores y público (cuyo número nunca supera las 15 personas).

"El número 15 apareció mientras hacíamos cuentas sobre la viabilidad del proyecto", cuenta Miguel Alcantud, el ideólogo y fundador, que además ha dirigido cine y televisión. "Buscábamos la rentabilidad de todas las partes con las condiciones que teníamos. Y como siempre nos acercábamos al número, que además es bonito, nos lo quedamos como base para el proyecto".

El gestor y socio de Microteatre Valencia, Joan Ruiz, dentro del local.
El gestor y socio de Microteatre Valencia, Joan Ruiz, dentro del local.Tania Castro

Todo comenzó en un prostíbulo abandonado de Madrid, en 2009. Esas paredes, que hablaban sobre lo acontecido dentro de ellas, condujeron a la idea de que el "cliente" se encontrase algo nuevo detrás de cada puerta. Todo el proyecto inicial —incluido el nombre, Microteatro Por Dinero, que todavía se mantiene en la capital— giraba en torno al concepto de la prostitución. En parte, como cuenta Alcantud, "por provocar un poco al mundo de la cultura". La jugada funcionó. Además de en Madrid y en Valencia, se han extendido a Málaga, Miami (Estados Unidos) y, en México, al DF y Veracruz. Están planeadas nuevas sedes en Sevilla, Almería y Buenos Aires (Argentina) para antes de 2015. Y la cosa no para ahí. Luego, las grandes capitales: Londres, Nueva York, Berlín. Cada sede funciona como empresa independiente, con un número variable de socios y libertad creativa. Sin embargo, todas forman una red en la que se comparten los textos y las ideas, y en las que se respeta el sistema. Alcantud reconoce que han registrado el concepto microteatro, y habla de "copias" y "plagios" para referirse a las propuestas similares que proliferan como setas.

En las cuatro salas de Valencia, que funcionan desde enero de 2014, los pases se suceden con solo cinco minutos de pausa, que sirven para que los visitantes salgan y los actores beban agua, se recompongan un poco y se preparen para la siguiente. Así, hasta seis veces por día. "La verdad es que cansa. Bastante", concede la intérprete Aitana Bueno. Su compañero de reparto en la obra Helado de fresa —texto de Rubén Belles—, Pau Vercher, asiente, pero matiza que tanta repetición acelera la evolución de la obra y la asimilación de los personajes. Ambos actores —aunque su modestia y juventud les disuaden de calificarse como tales, "si acaso dentro de cinco años y si vivimos de esto", dicen— ven en Microteatre València un espacio perfecto para darse a conocer. Y para acercarse a esa meta de vivir de la actuación. De lo recaudado en taquilla —3,5 euros el pase a cada función—, ellos (la compañía teatral, en la que también está el director) se llevan el 70 %. "Hay veces que hemos actuado para tres personas, y hasta una. A otros compañeros, eso les desilusiona. Pero nosotros pensamos: '¡Es mejor que si no hubiese venido nadie!"

Presentación de 'Helado de fresa'. / VALENCIA TEATROS

La conjunción de profesionales más principiantes con otros de más largo recorrido es una de las señas de identidad de Microteatro, que pretende ser "un caldo de cultivo para que pasen cosas" y se favorezcan las sinergias en el sector. "Sobre todo, con el panorama que hay en Valencia". Lo dice Joan Ruiz, que dejó el mundo de las altas finanzas para dedicarse a la interpretación, y que es socio y, desde el pasado mes de julio, gestor del espacio valenciano. Según él, este nuevo formato se adapta a los tiempos actuales, no solo porque coincide con el modo en que se consume cultura —más rápidamente, combinando con otras maneras de ocio— sino también por la "dura" situación del teatro. Recuerda la subida del IVA, que todavía se siente, o el paulatino cierre de salas de teatro que vive la ciudad. En este contexto, "Microteatre puede servir para acercar el género dramático al público que no está acostumbrado. Sin que ello lo convierta en un género menor, ni mucho menos".

Sergio Caballero y Helena Font, los dos protagonistas de El oso se aburre —escrita por Salva Ferriol— también rechazan rotundamente estar bajando el listón. Ambos tienen más tablas que sus colegas de Helado de fresa, sobre todo Caballero, que ganó en 2007 el Premio al Mejor Actor en la Muestra de Teatro de Barcelona y ha trabajado asiduamente en televisión y cine —protagonizó Viernes, de Xavi Puebla, nominado al Goya al Mejor Cortometraje—. Para Helena Font, el trabajo actoral es el mismo que en una obra convencional: misma necesidad de concentración y misma manera de enfocar el personaje, aunque admite que "todo va más rápido. Se tiene que conseguir todo lo que otras obras, pero en menos tiempo".

"Tiene el mismo peso en todos los sentidos. Aunque más condensado", matiza Caballero. "Cambia algo el sistema, pero las reglas del juego son las mismas, y es importante que se sepa que no por ser más pequeño, es un género menor. Te pide más mimo". El experimentado actor hace una descripción entusiasta de las bondades del microteatro: "Es más ágil, fresco, divertido. Tiene que serlo. Estás tan próximo del público que le oyes respirar. Es como el orgasmo, pero cuando es más a flor de piel. Más a pelo".

Presentación de 'El oso se aburre'. / VALENCIA TEATROS

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