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La devaluación del rublo y la crisis de Ucrania enfrían el turismo ruso

La adquisisión de casas por parte de ciudadanos de la Federación se mantiene

Turistas rusos en una playa de La Vila Joiosa.
Turistas rusos en una playa de La Vila Joiosa.

La burbuja del turismo ruso se ha pinchado este verano. Por primera vez en años, no crecen los turistas venidos de tierras del Volga. Pero los que pueden siguen comprándose casas frente al mar. Y por encima de los 250.000 euros. Ni la paulatina devaluación del rublo, que toca cotas históricas con el conflicto que Rusia mantiene en Ucrania, ni las anunciadas sanciones a Rusia han menguado el poder adquisitivo de aquellos ciudadanos de la federación eslava que quieren seguir teniendo un lugar de escapada en España.

Según el Consejo General del Notariado, entre enero y marzo de este año los rusos han comprado un 8,4% de la vivienda vendida en España a extranjeros, apenas tres décimas menos que en el mismo periodo de 2013. Siguen siendo los terceros detrás de ingleses y franceses, si bien en algunas promotoras han notado una gradual desaparición de la clase media rasa que este año se ha quedado sin vacaciones en España por culpa de un rublo devaluado ya demasiado tiempo y que tocó mínimos históricos en el mes de marzo, el mes del estallido del conflicto.

“No han cambiado mucho las cosas en 2014”, dice Angela Sitnik, agente inmobiliaria rusa de Innova Dom Invest, en Torrevieja, población de una comarca (La Vega Baja) que colocó a Alicante en el primer puesto de las provincias donde más viviendas se vendieron en 2013. Las amenazas de sanciones no han amedrentado a ese profesional liberal, casado y en sus 40, que disfruta de una cómoda posición en las capitales rusas. “Siguen llamando interesándose por casas, pero nunca se sabe”, dice esta rusa que prefiere medir sus palabras ante una posible escalada en el conflicto de Ucrania, desencadenado después de la anexión de la península de Crimea por Rusia, a la que sancionaron financieramente por ello los países occidentales.

Y es verdad que poco ha cambiado. Al menos numéricamente. Los datos provisionales de los primeros tres meses de 2014 mantienen a la Comunidad Valenciana como la que más casas vende a foráneos (un 39,4% de su parque inmobiliario) junto con Baleares (un 39,7%). En 2013, Alicante, Orihuela, Torrevieja y Valencia estuvieron entre las 10 ciudades elegidas por el comprador foráneo de vivienda. De las 16.619 casas vendidas a extranjeros en suelo valenciano, 13.786 están en la provincia alicantina, donde la tendencia del último año muestra una foto de ingleses vendiendo casas y rusos comprándolas, si bien los británicos siguen siendo los más fieles a la Costa Blanca.

A falta de datos oficiales del segundo trimestre de 2014, la percepción del sector es que desde finales de marzo, cuando comienzan las primeras sanciones económicas de Estados Unidos a la gran federación eslava, no han cambiado las perspectivas. “De momento no hay preocupación, otra cosa es la devaluación del rublo y lo que cada ruso quiera hacer con sus ahorros, pero no hemos notado un descenso por las sanciones”, dicen fuentes oficiales de Solvia, la inmobiliaria del Banco SabadellCAM, que se quedó todo el parque de viviendas de la extinta Caja de Ahorros del Mediterráneo.

“Hay fluctuaciones, pero la línea de venta sigue siendo la misma”, aseguran en un comunicado desde el grupo Marjal, cuya inmobiliaria opera en el sur de la provincia alicantina, donde pueden verse carteles en cirílico (el alfabeto ruso) en muchas rotondas y las recepcionistas hablan la lengua Fedor Dostoievski. “El cliente que compra premium sigue igual. La clase media que compra entre los 250.000 y 350.000 euros se mantiene. Es quizás la clase media-baja la que se ha resentido un poco, la que compra en el segmento de los 150.000-250.000 euros”, explica el comunicado.

“Nosotros hemos abandonado ese sector desde hace más de un año”, precisa Agustín Ramírez de Costa Activa. Solía trabajar en el mercado ruso con esa franja de precios para una clase media no excesivamente pudiente en el que ellos han sufrido “una caída del 40%”. “Estamos vendiendo viviendas en el interior de Alicante”, continúa Ramírez, “y hemos vuelto a dirigirnos a los centroeuropeos y los del norte. Creemos que Rusia ha tocado techo, están comprando también en Asia y los EE UU”.

Hasta ahora el fenómeno ruso consistía, en varios casos, en turismo inmobiliario. Hacían un pequeño desembarco conociendo el clima y las playas de la Costa Blanca para luego volver en otra ocasión y comprarse una segunda vivienda que pagaban al contado. Y este verano ya no vienen tanto como en los últimos años. “El momento no es bueno”, lamenta el presidente de la patronal hotelera de Benidorm y Gandía (HOSBEC), Antoni Mayor. “Cae el rublo y hay incertidumbre en Ucrania”, continúa el veterano hotelero, "la tendencia se ha congelado para nosotros, solo hemos crecido un 3% viniendo de cinco años en los que crecíamos un 30-35%”. “Hay que acabar con esta guerra fría de las sanciones. Es un mercado en el que teníamos muchas esperanzas a corto y medio plazo”, expone Mayor.

 

Preocupación en el campo valenciano

RUBÉN ESQUITINO

Si con la sequía que vive el campo valenciano no bastaba, la decisión del presidente ruso, Vladimir Putin, de restringir o prohibir las importaciones de productos agrícolas de la Unión Europea las pérdidas para la agricultura valenciana podrían ascender a 140 millones de euros.

Con datos del Ivex, Ivace y Cámara Valencia, la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha elaborado un estudio en el que la agricultura valenciana aparece como “una de las más damnificadas”, sobre todo por su liderazgo comercial en sectores como cítricos y caqui, en caso de que el mercado moscovita se cierre a la agricultura europea. Los últimos cinco años venían siendo un idilio entre el campo valenciano y los mercados rusos. Las exportaciones agroalimentarias de la Comunidad Valenciana a Rusia se duplicaron en los últimos cinco años —de 67 a 138 millones de euros en 2012— debido al incremento de la clase media. Con la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2012, la reducción arancelaria también ayudó —bajó del 13,2 al 10,8% de media—.

El presidente de AVA, Cristóbal Aguado, pidió el fomento de las exportaciones alimentarias hacia otros destinos. “Las Administraciones deberían reaccionar de una vez por todas ayudando a los sectores productivos”. También la Unió de Llauradors ha mostrado su preocupación por el veto de Rusia a la importación de productos agrícolas.