La Junta y el Gobierno central detectan un fraude en la sal yodada

La mayoría de marcas no contiene la concentración exigida de este elemento químico

Vista aérea de una zona de salinas.
Vista aérea de una zona de salinas.Julián Rojas

La denuncia de una empresa de Sanlúcar (Cádiz) ha destapado un supuesto fraude en la comercialización de sal yodada en España. Varios análisis realizados han determinado que la mayoría de marcas no cumplen los niveles de yodo exigidos por la normativa. A pesar de ello, dos años después de la primera denuncia, ninguna institución ha evitado que se sigan comercializando.

La denuncia partió de la empresa Albareros SLU, propietaria de la marca Comensal, que, junto a la Universidad de Cádiz, ha patentado un sistema para fabricar sal yodada en unos niveles homogéneos y sin que sus propiedades se pierdan una vez abierto el envase. Dispone de ayudas estatales y autonómicas. Y ha podido abrir una planta con cinco trabajadores. Pero su esperanza de cuadriplicar su producción y plantilla en poco tiempo chocó con la existencia de múltiples competidores que también vendían sal yodada, aunque sin las condiciones que sus responsables se impusieron a sí mismos.

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Por eso la compañía denunció ante la Junta de Andalucía la existencia de varias marcas de sal españolas que se vendían como yodadas cuando no cumplían la concentración de yodo exigida. Denuncia que se llevó a la Consejería de Salud en 2012. Los análisis, a cargo del Centro de Investigación y Control de Calidad del Instituto Nacional de Consumo, determinó que de las diez marcas analizadas ninguna cumplía la exigencia de contener 60 miligramos de yodo por kilo de sal, con una variación permitida del 15%. Es decir, que para cumplir el requisito legal tendría que tener entre 51 o 69 miligramos. Cinco excedían ampliamente el nivel de yodo, dos no llegaban a la mitad y tres tenían menos de un miligramo. De hecho, una de ellas, no tenía ni uno solo

“Comprobamos con esos primeros análisis que estas marcas no cumplían ese requisito y elevamos a los organismos superiores esta denuncia”, explica la jefa provincial de Consumo de la Junta, Angélica González. La Junta abrió expediente sancionador a dos de las marcas, pero solo por fallos en su etiquetado ya que el Servicio Provincial de Consumo de la delegación del Gobierno en Cádiz, según explica González, no tiene más competencias en esta materia. La denuncia ya ha llegado a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que analizó los resultados de los análisis. “No se trata de un problema de seguridad alimentaria sino de un fraude”, contestó este organismo. Según este documento, el exceso o escasez de yodo no es un problema para la salud pero sí puede ser un engaño al cliente, de ahí que trasladara la denuncia al Instituto Nacional de Consumo. En junio de 2013 esa denuncia regresó a la Junta de Andalucía, desde donde había partido todo el expediente un año antes.

La empresa Albareros ha visto que en este tiempo que su denuncia sí ha sido atendida pero, a pesar de ello, ninguna Administración ha tomado medidas. Salud sí se ha comprometido a controlar que el enriquecimiento de la sal se haga de forma homogénea y que se conserve independientemente de las condiciones de almacenamiento. El pasado junio, la compañía sanluqueña reiteró su denuncia ante la Consejería de Salud. “En el mercado sigue habiendo sal yodada que no cumple con la normativa vigente”, reza ese documento. Sin ese control, Albareros cree que, además de perjudicar al consumidor, la administración deja sin efecto la primera patente que homogeneizaba la incorporación y conservación de yodo a la sal en España.

Si se abre expediente, las marcas pueden aportar sus propios análisis. Si no coinciden con los que manejan Junta y Gobierno, se encargan unos terceros. La empresa Albareros lamenta que este trámite ni siquiera se haya iniciado dos años después de haber presentado la primera denuncia formal.

Andalucía es una de las pocas comunidades donde las empresas que sirven sal yodada reciben puntuaciones más altas para adjudicarse los servicios de comedores escolares. La deficiencia de yodo puede provocar problemas en el crecimiento, el desarrollo intelectual o déficit de atención. También los médicos suelen recomendar su consumo a las embarazadas.

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