El precio de la derrota

La debacle de la selección española en el Mundial de Brasil ha hundido las previsiones de ventas de bares, comida a domicilio o camisetas y demás parafernalia en Madrid, gran beneficiada de los éxitos de los últimos seis años

Escasos aficionados siguen el Brasil-Chile en la 'fanzone' junto 
 al Bernabéu. Entre los animadores estaba Fuleco, el armadillo mascota del Mundial de Brasil.
Escasos aficionados siguen el Brasil-Chile en la 'fanzone' junto al Bernabéu. Entre los animadores estaba Fuleco, el armadillo mascota del Mundial de Brasil.KIKE PARA

El sueño del Ayuntamiento de Madrid de convertir los alrededores de La Vaguada en un parque temático del Mundial de fútbol no prosperó. Ningún empresario quiso invertir 101.302,98 euros por el canon de esta aventura. Así que el concurso quedó desierto a pocas semanas del inicio del torneo. Vista la progresión de la selección nacional, en el consistorio dan gracias al cielo. Su intención era dividir en tres el espacio: en la avenida Monforte de Lemos material promocional y regalos, en un máximo de 45 casetas; más oferta frente al estanque; y junto a la calle Betanzos, 20 puestos de hostelería con asientos para 800 personas y una pantalla gigante.

Los galones de la selección eran tantos, que muchos empresarios se frotaron las manos ante el negocio que se avecinaba. Así que, mientras los restaurantes y los cines se relamían las heridas antes de tiempo, muchos bares se inventaron ofertas (ronda de cerveza gratis por cada gol español) e invirtieron en grandes pantallas. La comida a domicilio y la industria del merchandising también aspiraban a hacer el agosto. Ni un día duró su entusiasmo.

El reto de capitalizar el Mundial de baloncesto

“Madrid tiene que capitalizar el turismo cultural y el deportivo”, opina Carmen González, viceconsejera de Cultura y Turismo en la Comunidad de Madrid. “Somos una potencia en artes y teatro. No tanto en música. Tenemos que conseguir que vengan aquí más conciertos internacionales de masas. Y, por otro lado, tenemos que rentabilizar el deporte”, prosigue la política popular. Y en esa labor de sacar rédito del deporte, el baloncesto concentra ahora todos los esfuerzos del Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad. Hay dos grandes eventos por delante: la capital acogerá en septiembre el Mundial y el próximo mayo la Final Four de la Euroliga 2015.

“Los seguidores vienen a ver el baloncesto y ya están aquí, pero hay que conseguir que la prensa se convierta en prescriptora de Madrid. Que hable de nosotros en antena. Que digan: ‘Vengo del museo tal’. Por eso hay que diseñar para ellos tours gastronómicos y culturales”, prosigue González.

El Mundial de baloncesto ocupa el puesto número 20 en audiencias planetarias, justo detrás del Tour de Francia y el tenis de Wimbledon. Además, la Comunidad y el Ayuntamiento están pensando cómo decorar el mobiliario urbano y el merchandising.

Madrid no da datos de número de visitantes, pero se contarán por miles porque en la ciudad se celebrarán partidos desde la fase de octavos a la final del Mundial (como ya hizo en 1986). De guía sirven las cifras que ofrece Bilbao, casa del grupo C, en el que disputará el torneo Estados Unidos con sus estrellas de la NBA. Calculan que acudirán 225.000 hinchas de Estados Unidos, Finlandia, Nueva Zelanda, Ucrania, República Dominicana y Turquía. Así que el Ayuntamiento de Bilbao ha decidido echar el resto y en una explanada de 6.000 metros cuadrados se instalarán cinco carpas en las que tendrán cabida iniciativas gastronómicas y conciertos.

La Comunidad de Madrid invertirá 1,2 millones de euros en la máxima competición europea de baloncesto, que arrastra durante el torneo a 42 millones de seguidores. Según las estimaciones del Gobierno regional, albergar este encuentro de primer nivel dejará en la ciudad

más de 50 millones de euros. Saben de lo que hablan, pues Madrid fue ya la sede de las finales de 1967 y 2008.

El baloncesto es el tercer deporte en la Comunidad de Madrid en número de licencias, tras el fútbol y el golf, con 52.243 federados.

Si España hubiese llegado a la final, el gasto en consumo en el país hubiese crecido 986 millones de euros, según un estudio de la web de ahorro kelisto.es, en el que ha colaborado la Universidad Pablo de Olavide (UPO). Las comunidades más beneficiadas hubiesen sido Andalucía, Cataluña y Madrid. Esta última, según estos cálculos, hubiese hecho acopio de 147,7 millones, el 14,8% del total.

El 42% del consumo se hubiese concentrado en comida y bebida, seguido de televisores y electrónica (37,2%), la ropa y calzado deportivo (16,1%) y souvenirs (4,7%). La Federación Española de Hostelería lo expresa así: Si España juega el martes, es como si esa semana tuviese dos sábados para el negocio. Solo hay que echarle un vistazo a las audiencias: 11 y 13 millones de personas delante de un televisor los dos primeros partidos. En los 121 establecimientos de Telepizza madrileños los pedidos crecen cuando juega España un 30% y hasta la final no confían en nuevas subidas. Y Mahou calcula que ha distribuido un 10% más de cerveza.

En Madrid no son tan optimistas en sus cálculos como los nacionales. La asociación La Viña habla de una subida del 10% en los bares y una bajada de 30% en los restaurantes. “Si los partidos son en abierto es un plan en familia o con amigos”, asegura Juan José Blardony, su portavoz. El gerente de la Asociación de Empresarios de Bares de Copas y Pubs (AEBACOM), Juan Valenzuela, cifra en un 40% el aumento de demanda en su sector. “Hay gente que disfruta viéndolo en masa. Si no puede estar en el campo, comparte con otros el momento como si estuviese allí animando”, razona. Mientras que Rafael Andrés, presidente de la Asociación Madrileña de Empresas de Restauración (AMER), se queda en el medio. “La hostelería de mantel se desploma con los partidos, por encima del 50%. Y en los bares sube la clientela, pero menos de lo que se cree: entre un 20% y un 30%”.

A Andrés, de AMER, le gustaría que en la capital se copiase a otros municipios; “Aquí somos muy señoritos y se supone muchos problemas de papeleo. Pero otros ayuntamientos han puesto una pantalla en una plaza rodeada de terrazas, y la gente se ha ido a ver los partidos con su cervecita y su tapita. Hay que fomentar el consumo. Que la gente se olvide por un momento de sus problemas”. El 29% del gasto en bares —según el estudio de la UPO— se hubiese concentrado el día de la final, ya que con la euforia miles de personas se hubiesen echado a las calles. El desenlace de Sudáfrica lo vieron 15,6 millones de españoles.

Unas apuestas futboleras en el extrarradio más ambiciosas de lo que podría presumir en principio. En Móstoles —la tierra de Iker Casillas— se ha optado por una carpa de mil metros cuadrados con deportes, actuaciones musicales, monólogos… Leganés se inclinó de nuevo por la Plaza Mayor, visto el éxito del anterior torneo. Y Getafe tiró de la pantalla donde proyectan los partidos importantes de su equipo de fútbol, que sigue en primera.

Pero si España hubiese superado fases, la cita de estos vecinos de la periferia se hubiese trasladado probablemente a los aledaños del Santiago Bernabéu, donde la marca de automóviles Hyundai abre desde la Eurocopa de 2008 el Fun Park. “Nosotros no somos patrocinadores de la selección, así que que haya caído España no nos afecta. Nosotros estamos con la FIBA hasta 2022”, cuenta Juan José Martínez, el responsable del parque en el que se puede escuchar a música en directo, beber o subirse a un nuevo modelo de coche. Una experiencia que traspasa el fútbol, que es casi lo de menos.

“Hombre, sabemos que si en un partido de España se concentraban 25.000 personas, nos damos con un canto si el sábado en el Brasil-Chile hay 3.000. Hemos contactado con la Casa do Brasil, a ver si vienen”, contaba Martínez esta semana. “El Fun Park de Madrid es el más grande de Europa junto al de Berlín. Pero el más grande está en una playa de Rio de Janeiro”, relata sin querer desvelar cuánto cuesta un programa de actos tan aparatoso. En la final de Sudáfrica calculan que reunieron a 500.000 personas, el evento privado más tumultuoso celebrado en Madrid. “Era materialmente imposible que todo el mundo viese. Pero la gente quería estar allí. Pusimos otra pantalla en Colón por si había algún despistado ¡y se llenó la plaza!”.

El sector de proyectores también se ha derrumbado. Lo saben bien en Inatica, una empresa online de Girona de reciente creación. Mucha gente se interesó por sus pantallas de LED (entre 6.000 y 9.000 el alquiler), pero visto los resultados se han desanimado. Para el primer partido los bares madrileños les contrataron seis televisores (de 60 a 100 euros) y una pantalla de tres metros por dos (600). En el tercero no tuvieron ningún cliente. Sin embargo, Inatica confía en que los extranjeros alquilen ante la semifinal y la final. Media Markt, por su parte, estima que ha vendido hasta un 50% más de televisores de más de 55 pulgadas,

La baza de los extranjeros la juegan también en el hotel Ritz, que por primera vez ha instalado en el jardín dos pantallas y oferta un menú de tapas y dulces y cócteles brasileños. Una idea del nuevo director, Christian Tavelli, que ha querido rejuvenecer las zonas verdes. La mitad de sus clientes son estadounidenses, y una buena parte británicos, japoneses y rusos, quizá no muy interesados por el fútbol, pero que se contagian con la tensión de los encuentros.

Para la industria del merchandising el Mundial sí que ha acabado. Cuentan en Adidas —autores de la equipación oficial de España— que en ocasiones anteriores vendieron la mitad de las camisetas antes del arranque del campeonato, y el resto a medida que avanzaba España. “Es una compra muy impulsiva, muy emocional, que se incentiva con los resultados”, explican.

Los mercados también ven el fútbol y hasta la Bolsa se hubiese visto afectada por el devenir español. Un informe del Banco Central Europeo analizó el nivel de despiste de los brókers durante los partidos del Mundial de Sudáfrica. Y de 15 parqués escrutados, el madrileño ocupó el puesto 12 en pérdida de trasacciones, pese a ir con el equipo ganador. Los más distraídos fueron los chilenos.

La repercusión económica de la mejora de imagen de un país en el exterior es intangible, pero a nadie se le escapa que el Empire State se ilumine con los colores de España durante dos días consecutivos para celebrar su victoria —como ocurrió en Sudáfrica— no se paga con dinero. Pero como bien recordó The Wall Street Journal a España: “Ganar el Mundial no mejora la capacidad productiva”.

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