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El misterio del cadáver congelado

El narco cuyo cuerpo mutilado fue hallado en un piso de Ponteareas estaba relacionado con Los Pasteleros, absueltos tras la fuga de un arrepentido

Edificio de Ponteareas donde fue hallado el cadáver.
Edificio de Ponteareas donde fue hallado el cadáver.

Los forenses tuvieron que esperar una semana para poder practicar la autopsia al cadáver seccionado por las piernas que apareció el 10 de junio dentro de un arcón congelador en un piso de Ponteareas. Después de hacer varios intentos para comprobar las huellas dactilares e identificar a la víctima, la investigación policial confirmó que se trata de José Jesús Isasis González, de 44 años, con pasaporte venezolano y condenado por narcotráfico, cuya pista se perdió a finales de marzo. Isasis estaba enrolado en el barco cuya captura sentó en el banquillo al poderoso clan de Los Pasteleros. Y fue el único de la tripulación que acudió al juicio.

Fue una hermana de la víctima, que vivía con él en Gondomar, la que alertó a la Guardia Civil de su desaparición. La mujer relató que Isasis iba a pasar unos días con un amigo paraguayo, el inquilino de la vivienda, y que, según su dueño, le debía tres meses de alquiler. Cuando los agentes entraron ya no había rastro de José Antonio Frutos Ayala, sin antecedentes policiales y sobre el que hay orden de detención. El macabro crimen fue descubierto cuando se consiguió abrir un arcón congelador que estaba cerrado con un candado.

La policía judicial mantiene abiertas todas las hipótesis sobre el móvil, incluso el ajuste de cuentas por narcotráfico dados los antecedentes de la víctima. Isasis era el contramaestre del pesquero venezolano San Miguel que fue apresado por el Aduanas con tres toneladas y media de cocaína en junio de 2008, cuando se dirigía a las costas gallegas. Los propios familiares declararon que aquel viaje es el móvil del crimen.

La operación no fue una más en la crónica del narcotráfico, ya que permitió la detención de las tripulaciones de tres embarcaciones que se vieron envueltas en una sucesión de averías técnicas y logísticas y la retirada del mercado del enorme alijo de elevada pureza valorado en 111 millones.

El abordaje del San Miguel abrió un capítulo judicial insólito con la implicación de los presuntos dirigentes del que la policía considera uno de los más poderosos clanes de la cocaína en Galicia, conocido como Los Pasteleros, gracias a las confesiones que hizo uno de los hombres clave en los desembarcos del grupo y que era piloto de planeadoras. Así comenzó una gran ofensiva para llegar a la potente estructura financiera de la organización.

Además de elevadas penas de cárcel y millonarias multas, a Los Pasteleros también se les acusó de blanqueo de dinero con fianzas de responsabilidad civil de 1.000 millones y embargos preventivos de todos sus bienes y empresas. Pero el proceso judicial resultó un fiasco y todo quedó en un intento fallido de culminar una gran operación de la unidad de Greco de la policía. Al tribunal no le quedó otra salida que revocar los embargos tras absolver a la supuesta cúpula del clan.

El testigo de cargo de la fiscalía, José Luis Fernández Tubío, de 51 años, que estuvo más de tres custodiado por la policía en su casa de Escarabote (Boiro), desapareció cuatro días antes del juicio que celebró la Audiencia Nacional en octubre pasado. Se esfumó tras decirles a los escoltas que se iba de copas y que no los iba a necesitar hasta el día siguiente. El arrepentido envió una carta al tribunal en la que desmontaba sus acusaciones y le pedía perdón al que había señalado como jefe de la organización: Óscar Rial Iglesias, de 41 años, un empresario pastelero de Vilagarcía sin antecedentes y uno de los presuntos traficantes más investigados en los últimos años. La Interpol sigue buscando a Fernández Tubío.

Para la policía, el asesinato de Isasis abre nuevas incógnitas en torno a la operación del San Miguel. Sus relaciones con el narcotráfico eran más extensas que las de un simple tripulante de un barco cuya misión era suministrar combustible a la lanzadera que había recogido los fardos que un avión había lanzado al mar. Uno de sus hermanos, identificado en la investigación como Gustavo o Dieguito, formaba parte del cartel sudamericano proveedor de la cocaína al que llamaban Oficina.

La víctima solo estuvo un año en prisión preventiva y no llegó a cumplir la pena impuesta por el tribunal —nueve años de prisión y multa de 110 millones— porque alegó problemas mentales. Isasis fue el único que asistió al juicio de los 15 tripulantes del barco y de la lanzadera, detenidos en alta mar por Aduanas y que están en busca y captura. De los 25 acusados en este proceso solo fueron condenados tres.