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El mar devuelve a San Sebastián su playa más emblemática

Expertos de AZTI constatan que el nivel de la arena ha subido un metro en La Concha en los últimos dos meses

La playa de Ondarreta, en San Sebastián, durante los trabajos para trasportar arena a la zona del Tenis.
La playa de Ondarreta, en San Sebastián, durante los trabajos para trasportar arena a la zona del Tenis.

No ha hecho falta ninguna intervención exógena para que la playa de La Concha vaya asomándose poco a poco y ganando terreno seco tras quedar prácticamente sumergida por efecto de los violentos temporales que azotaron la costa de San Sebastián a comienzos de este año. El elemento turístico más emblemático de la ciudad ha aumentado su altura en un metro en apenas dos meses, según los estudios realizados por la Instituto AZTI, un indicativo de que el mar está devolviendo “poco a poco” lo que se tragó sin piedad durante el duro invierno y mantiene depositado en el centro de la bahía donostiarra.

San Sebastián dará el próximo 1 de junio el pistoletazo de salida a la temporada de playas, bien que estas siempre están libres para el baño durante todo el año, y no hay riesgo de que la ciudad se quede sin la playa de La Concha. Adolfo Uriarte, director de la Unidad de Investigación Marina de AZTI-Tecnalia, desmiente rotundamente que La Concha esté en peligro: “En el centro de la bahía hay muchísima arena que los temporales arrebataron a la playa. Ahora se está dando el fenómeno contrario, y el mar está restituyendo esa arena a la parte alta de la playa. En dos meses ha recuperado un metro de altura”.

El arenal está “reaccionando con normalidad” y “ganando zona seca”, apunta Uriarte: “La gente no se acuerda de que hace 15 años también se perdió playa, e incluso se barajó echar arena, pero la capacidad que tiene el mar de movilizar la arena es terrible y eso no se consigue con dragas y camiones”. La Concha tiene una longitud de 1.350 metros, una anchura de 40 metros y una superficie de 54.000 m2, aunque la imagen de una playa cubierta completamente por el agua durante la pleamar hizo sonar todas las alarmas entre los ciudadanos e incluso en el Ayuntamiento.

Adolfo Uriarte: “El mar está devolviendo arena a la parte alta de la playa”

Frente a quienes proponían bombear la arena acumulada en la bahía, el responsable de AZTI es partidario de “dejar hacer al mar”, tesis a la que se ha sumado la responsable de playas, la edil de Bildu Nora Galparsoro. “Si sacásemos la arena de la bahía para depositarla en la playa”, explica Uriarte, “tendríamos altibajos, con zonas de arenas blandas y otras duras. La gente se pondría de los nervios y diría “esta no es nuestra Concha”. Nuestra Concha es la que quiere el mar, no la que queremos nosotros”. Y un aporte de arena externa haría irreconocible su imagen actual, porque La Concha tiene un material finísimo, de 0,18 milímetros de grosor —0,23 en Ondarreta y 0,4 en Zurriola—, y con una textura distinta al resto. ¿Y el coste de estas operaciones? Superaría con creces el millón de euros, calcula Uriarte.

La problemática de Ondarreta es distinta, aunque también presenta un aspecto diferente de cuando era una enorme pista de piedras. Ahora estas están cubiertas por una capa de medio metro de arena y así estarán durante todo el verano, pronostica el geólogo marino. En Ondarreta (600 metros de largo y 100 de ancho, 60.000 metros cuadrados), la arena bascula hacia el extremo del Tenis en invierno y hacia el lado contrario en verano. Su comportamiento se observa en tiempo real desde unas cámaras instaladas en Igeldo. Captan minuto a minuto cómo es el transporte de arena por parte del mar, y los resultados se conocerán a finales de este mes. Ahora se están trasladando 15.000 metros cúbicos hacia la parte oeste de Ondarreta y perfilando todo el arenal para dejarlo listo para la temporada de baños.

Y en la Zurriola —800 metros de longitud, una anchura de 110 y 88.000 metros cuadrados de superficie— lo que ha ocurrido es que se han necesitado 300.000 metros cúbicos de arena para restaurar lo que el Cantábrico se ha tragado desde que se construyó esta playa hace 20 años (entonces se vertieron 1,7 millones de metros cúbicos de arena traídos de la cala Asbaratza, en Jaizkibel). Una operación, dragado y bombeo mediante, que ha supuesto un coste superior a los dos millones de euros. Las playas van saliendo a flote tras el azote de los últimos temporales. Otra cosa es el efecto provocado por otros factores, como el calentamiento global y el efecto invernadero. Si por cada centímetro que sube el nivel de agua se pierde un metro lineal de playa, “dentro de medio siglo San Sebastián perderá 50 metros de línea de playa”.