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Sant Jordi alancea la crisis

La jornada, que sacó a miles de personas a la calle, mostró un ligero incremento de venta

Almudena Grandes, Jonas Jonasson y Care Santos fueron los triunfadores

Un grupo de personas busca qué libro comprar en una parada de Barcelona.
Un grupo de personas busca qué libro comprar en una parada de Barcelona.

Sant Jordi jugaba ayer al empate: con las ventas del 2013 (18,4 millones de euros) ya le valía. Por eso, la victoria, aunque por la mínima (si bien sin cifras oficiales, podría moverse entre un imperceptible incremento de hasta un 3%, tras unos años de caída y posterior estancamiento) se vivió ayer en el sector como la mayor de las proezas, euforia a la que ayudó un tiempo soleado y con el punto justo de calor que permitió pasear (apretujadamente, eso sí) y saborear los primeros helados.

La jornada empezó calentita y no solo por la temperatura, cuando apenas una veintena de trabajadores fijos de la FNAC-Triangle, mayormente alineados con la CGT (minoritaria en la empresa) lograron boicotear durante todo el día las firmas de autores en la carpa de la cadena en la plaza de Catalunya de Barcelona. Aún así, quizá por la sensación de que un día es un día, los ciudadanos olvidaron ese boicot y el que por la crisis llevan haciendo ante las demás librerías y se animaron un poco más a comprar. El resultado fue, también a la espera de cifras más exactas, que la novela del ausente Jonas Jonasson L’analfabeta que va salvar un país (La analfabeta que era un genio de los números) fue la gran triunfadora: en catalán, fue la más vendida en ficción y en castellano, la segunda. En el primer caso sería el tercer año consecutivo que un título de La Campana, dirigida por Isabel Martí, se alzaría como libro más vendido, tras el primer Jonasson hace dos años (L’avi que es va escapar per la finestra...) y el Victus de Albert Sánchez Piñol. Una joven de Benín afincada en Barcelona desde hace 10 años encarnaba ayer a la protagonista de la novela por entre los tenderetes, llevando por pendientes dos bombas atómicas que la madrugada de la diada había confeccionado la propia editora. A veces, la suerte editorial es el cuidado de los detalles.

Los más vendidos

Ficción catalán: 1. L’analfabeta que va salvar un país (La Campana), de Jonas Jonasson; 2. Desig de xocolata (Proa), de Care Santos; 3. L’altra (La Magrana), de Marta Rojals; 4. Eufòria (Proa), de Xavier Bosch; 5. El primer heroi(Ediciones B), de Martí Gironell.

No ficción catalán: 1. La frontera invisible (Ara Llibres), de Kilian Jornet; 2. Si Beethoven pogués escoltar-me (Ara Llibres), de Ramon Gener; 3. Cuina amb Joan Roca (Planeta), de Joan Roca Fontané; 4. Com ser un bon català (Columna), de Quim Morales; 5. 9N 2014 (Ediciones B), de Jaume Barberà.

Ficción castellano: 1. Las tres bodas de Manolita (Tusquets), de Almudena Grandes; 2. La analfabeta que era un genio de los números (Salamandra), de Jonas Jonasson; 3. El juego de Ripper (Plaza&Janés), de Isabel Allende; 4. Amor contra Roma (Ediciones B), de Víctor Amela; 5. Dispara, yo ya estoy muerto (Plaza&Janés) de Julia Navarro.

No ficción castellano: 1. La gran desmemoria (Planeta), de Pilar Urbano; 2. Yo fui a EGB (Plaza&Janés), de Javier Ikaz/Jorge Díaz; 3. Cocina fácil de los grandes chefs (RBA), de diversos autores; 4. La jungla de los listos (Espasa), de Miguel Ángel Revilla; 5. Después de despedirme. Pepe Rubianes inédito (Alrevés), de Pepe Rubianes.

Una Almudena Grandes pletórica con Las tres bodas de Manolita, cuarta entrega de sus particulares Episodios Nacionales sobre la Guerra Civil española y que pasadas las siete de la tarde seguía generando espectaculares colas de más de un centenar de personas, se alzó como la más adquirida en castellano. “Hay un tufo, la gente sospecha que las cosas fueron así; intento explicar una historia que ha sido tergiversada”, exponía la diminuta y aparentemente frágil Pilar Urbano para explicarse que el libro de ensayo más vendido en castellano fuese su La gran desmemoria (Planeta) sobre el 23-F, donde defiende la polémica tesis de que Suárez sabía que el Rey estaba implicado en el golpe.

La jornada, amén de buenas ventas de las obras de Isabel Allende (El juego de Ripper), Julia Navarro (Dispara yo ya estoy muerto), Joe Dicker (La verdad sobre el caso Harry Queber), Care Santos (que, como guiño, firmaba con tinta color chocolate), entre otros, proporcionó dos vencedores latentes. Por un lado, los libros del recientemente fallecido Gabriel García Márquez: el hecho de que aparecieran de una tacada seis de sus títulos y de que, a pesar de que se tiraran casi 200.000 ejemplares, Penguin Random House los distribuyera con poco margen en el marco de la festividad de Semana Santa, provocaron que, si bien se agotaran en muchas librerías, no alcanzaran la visibilidad de las listas de más vendidos. En ese extremo, por ejemplo, la parada de Casa América Cataluña ofrecía un libro negro de grandes tapas para que los ciudadanos despidieran a Gabo. “Y ahora, Melquíades, ¿quién nos enseñará el hielo?”, apuntó Conxa en un ejemplar en el que a las dos de la tarde habían firmado 72 personas, que permanecerá abierto hasta julio en la entidad y que se depositará en el museo del autor en Aracataca.

Un fenómeno de venta parecido al de Gabo ocurrió con los libros relacionados con el tricentenario de la Guerra de 1714 y con los títulos vinculados al proceso soberanista. En este caso, el alud y diversidad de la oferta, tema recurrente ya el año pasado, difuminaron su presencia mediática, aunque las ventas fueran notables.

Nuevos escenarios. La concentración festiva, en Barcelona, entre las Ramblas, plaza de Catalunya y paseo de Gràcia empieza a ser historia. La Rambla de Catalunya es ya un foco potentísimo, en parte porque la normativa municipal no impone el máximo de ocho metros de las paradas, algo que han empezado a olerse los partidos políticos, que, desplazados este año de la cabeza de la Rambla, han ido poblando la otra. Además, por vez primera, superó la barrera de la calle Mallorca y se extendió hasta tocar la Diagonal. Ayudó a ello la presencia, entre otros, de los 30 metros de la librería La Impossible, que en su primera diada esperaba facturar “quizá un 10% de lo de todo el año”.

El Consistorio, por su parte, empeñado en desmasificar el centro, dinamizó por segundo año la parte inferior del paseo de Sant Joan, entre la ronda de Sant Pere y la plaza de Tetuán. Parece funcionar: por la tarde, las actividades programadas estaban muy concurridas. La nueva apuesta de este año era el Born; parecía segura, pero no lo fue: a media tarde apenas un centenar de personas visitaban el equipamiento. Fuera, una sola parada de libros y rosas en toda la explanada daba a la zona un aspecto desangelado.

Extranjeros como nunca. La jornada consolidó la presencia de autores internacionales, cada vez en mayor número (debuts de Frederick Fosryth, Philip Kerr, del exquisito Mark Z. Danielewski, que firmó ejemplares de su casi esotérico La casa de hojas yendo a las filas de los clientes frustados de la FNAC y estampando una z gigantesca...) que piden venir o se muestran ansiosos por repetir (tercer año de Donna Leon; séptima vez que lo ha hecho Federico Moccia...)

‘Selfies’. Un fenómeno cada vez más al alza: la locura por fotografiarse con el autor. “Estoy pensando en cobrar el año que viene 50 céntimos por foto; seguro que me da para cambiar el coche”, aseguraba Eduardo Mendoza, constantado el incremento de la petición que también ratificaba Sergi Pàmies —que cerraba cada dedicatoria con un Garridis de Mariscal, “recuerdos de cuando de joven reproducía el rollo enmascarado”—. O hacerle firmar al autor “una foto tuya que han sacado de internet”, añadió Enrique Vila-Matas sobre una moda que ya había visto en Praga y como mercado negro. Sant Jordi ya da para todo.